Historias del Crimen

La fiesta de compromiso en Caucete que acabó en una batahola entre los novios y sus familias

Volaron las trompadas y ladrillazos, hubo destrozos en una casa y dos autos dañados. Y la novia fue agredida por su prometido, que quedó preso. Fue en mayo de 2009. Lo insólito es que después se reconciliaron, pero el muchacho siguió siendo un violento.
domingo, 10 de enero de 2021 · 08:51

Nunca falta el desubicado que, en la borrachera, se acuerda de algún mal momento y empieza con los reproches al pariente. Siempre hay otro que intenta calmarlos, pero no lo consigue. Y el dueño de casa, que molesto con los alborotadores, quiere correrlos.

Exactamente eso sucedió aquella noche de brindis y música en una fiesta de compromiso en Caucete. Es que la discusión se puso caliente. Hubo quienes se hicieron los ofendidos. Los manotazos y empujones comenzaron y en el momento menos pensado se desató la descomunal batahola entre las familias de los futuros esposos. Los gritos se mezclaron con las trompadas y los ladrillazos que volaron en todas las direcciones, incluso contra la propia novia que salió con la frente ensangrentada, en una celebración que era especial e que insólitamente culminó en un escándalo.

Bastante mal la pasó esos días la entonces novia, una joven caucetera a la que sólo se la nombrara como María. Hacía tres años que estaba saliendo con Roberto V., también vecino de una villa de ese departamento. Ambos se convencieron que era hora de formalizar y acordaron sellar su amor con el casamiento, pero antes quisieron hacer el anuncio con una fiesta de compromiso.

La celebración

La reunión fue la noche del sábado 16 de mayo de 2009 en casa de la novia en una villa de Caucete, donde se dieron cita familiares y algunos amigos. Cenaron, corrieron los vinos y las cervezas y bailaron hasta la madrugada del domingo. Todo fue inolvidable mientras duró la cordialidad, pero, a eso de las 6 de la mañana, algunos ya estaban por demás borrachos. Como el hermano y el padre del novio, que en una charla entre ambos sacaron a relucir sus viejos desencuentros y se trenzaron en una fuerte discusión.

El novio. El momento en que el agresor es ingresado a la Seccional 9na. Foto gentileza de Diario de Cuyo.

Parecía que ya se iban a las manos. Fue ahí que se metió Roberto para tranquilizarlos, pero no los pudo parar, y entró también en la disputa. El padrastro de María, que veía que en cualquier instante se agarraban a trompadas, intentó llamarlos a la cordura y nadie cedió. Enojado por la situación, buscó sacar al novio y lo llevó a la rastra hacía la calle.

No sabe qué pensó el hermano de Roberto, pero quizás imaginó que el dueño de casa quería pelear. De la nada se le acercó por detrás y le pegó una trompada en la cara. Obvio que el hombre mayor se enfureció y enfrentó al joven. Para qué. El muchacho, su hermano -el novio-, su padre y dos amigos se fueron encima del padrastro de la novia y se armó el tole tole. Porque en el tumulto, también la ligaron la novia y sus parientes.

Las agresiones

Como dicen la canción de rock: “piñas van, piñas vienen”. La propia novia después contó que “se vinieron todos. Yo les decía: ‘ya está. Ya está. No hagan quilombo´. Pero estaban como locos, no lo podíamos parar y agarraron ladrillos”, en referencia a su novio y sus allegados. Estos estaban tan endemoniados que levantaron los ladrillos apilados en la entrada a la vivienda y repartieron cascotazos a todo lo que tenían adelante, sin importar a quién. Con decir que Roberto le rompió la frente a su novia con un trozo de ladrillo. La madre y el padrastro de ésta también recibieron la lluvia de proyectiles.

Tanta era la rabia de los cinco hombres contra la familia de la novia, que rompieron una puerta y las ventanas de las tres casas de ese lote. Para rematarla, destrozaron a ladrillazos los vidrios del auto VW Gol de la novia y del vehículo del hermano que estaba en la calle.

La fuga

Durante esos eternos minutos de furia, alguien llamó a la Policía. Pero cuando escucharon la sirena del móvil de la Seccional 9na, el novio y los otros agresores escaparon. Esa noche, la novia denunció a su prometido y al resto de la patota que derivó en la apertura de una causa penal en el Quinto Juzgado Correccional por los delitos de lesiones y daños. El que cayó preso fue Roberto y uno de sus amigos, al resto lo siguieron buscando por un par de días, pero finalmente los detuvieron.

“Roberto era una persona de bien… Pero miren cómo me dejó. No lo quiero ni ver”, dijo la novia en una entrevista en ese entonces, dando por sentado que la relación estaba rota y no había compromiso y menos casamiento. No era para menos, tenía un parche en la frente por los puntos de sutura y todo era un desastre en la casa. Sin embargo, después vinieron los lamentos y arrepentimientos.

Apenas recuperó la libertad, Roberto fue a ver a María y a su familia y rogó que lo perdonaran. Le lloró a la joven y volvió a jurarle su amor, así la convenció para que le diera otra oportunidad. Prometió, además, reparar los daños en la casa y dejar como antes a los autos. También fueron a hablar con el juez del caso para pedir que no avanzara con la causa penal. Le dijeron que estaban otra vez juntos, que había sido una inconsciencia de borrachos y que iban enmendar todo.

Falsas promesas

El juez le creyó. De hecho, todo indica que la causa penal no prosiguió. La joven y el muchacho reanudaron el noviazgo. Nunca se casaron, pero con el tiempo se fueron a vivir juntos y tuvieron un hijo. Pero como reza el refrán: “quién mal empieza, mal acaba” y el amor no duró para siempre. Las desavenencias continuaron y Roberto siguió incorregible. A los tres años de convivencia se separaron.

La pesadilla de la chica no paró. En varias ocasiones sufrió agresiones físicas y amenazas de su ex pareja. Hay constancia de esto en la Policía, según fuentes del caso. La situación llegó al límite que el Juzgado de Paz de Caucete impuso al hombre la prohibición de acercamiento a la joven mujer, como medida de protección. Esto tampoco frenó a Roberto, que el 17 de junio de 2018 apareció otra vez por la casa de la víctima. Pateó la puerta y la amenazó a los gritos: “te voy a matar. No te voy a dejar vivir…”, según la denuncia, que consta en la causa judicial. Es más, supuestamente llevaba un arma de fuego. Y se marchó cuando vio que estaban llamando a la Policía.

Lo que cuentan es que, desde aquel último incidente de 2018, no volvieron a tener problemas con Roberto. Afirman que ahora la relación es buena con María, cada uno rehízo su vida y sólo se ven por el hijo que tienen en común. Pero claro, jamás se sabe con un hombre tan impredecible y con esos antecedentes por violencia de género. Lo demás es pasado, como esa frustrada fiesta de compromiso que acabó a puro ladrillazos.

 

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