Historias del crimen

El pacto de venganza entre dos hermanos y el cruel asesinato de su “amigo”, en Albardón

La víctima era inspector en una empresa de transporte y había descubierto una maniobra ilícita por parte de uno de los choferes. Este último fue cesanteado, pero juró revancha. Así fue que planeó con ayuda de su hermano un plan criminal, el cual ejecutaron una noche de 1971.
domingo, 1 de diciembre de 2019 · 15:01

Era una calurosa noche de octubre. Domingo Pérez no pudo negarse a la invitación de su ex compañero de trabajo Carlos Palacio, que fue a buscarlo para ofrecerle verdura y salir a tomar una cerveza. Al rato, ambos estaban comiendo y bebiendo en una vieja pizzería de calle Mendoza y San Luis, en el centro sanjuanino. Allí también arribó Rodolfo, el hermano de Carlos, que se sumó a la mesa. Parecía un encuentro de amigos y ni el más incrédulo hubiese sospechado que entre la charla y en la mirada cómplice de esos dos hermanos se confabulaba un plan siniestro, una venganza que ejecutaron más tarde cuando partieron en auto rumbo a Albardón. Un camino incierto para Pérez, del cual no salió con vida.

Hacen ya 48 años de ese asesinato, uno de los más conmocionantes en San Juan por la audacia de los hermanos Palacio y por la brutalidad misma del hecho. El cadáver de Domingo Zoé Pérez, de 35 años, fue encontrado la mañana del 25 de octubre de 1971 al costado de la calle Sarmiento, cerca del río Yakin, en la zona albardonera de El Rincón. Tenía destrozado el rostro y la cabeza.

La manera en que lo asesinaron evidenciaba que no se trataba de un crimen ocasional. En su ropa manchada con sangre y tierra conservaba aún su billetera, además tenía puesto su anillo de casamiento y el reloj. Su propio cuñado Pedro Antonio Gómez reconoció su cuerpo en la morgue judicial de Rivadavia. Es que lo estaban buscando desde las primeras horas de ese día lunes.

Domingo Zoé Pérez era un ex oficial de Policía que trabajaba como inspector de la empresa de colectivos 20 de Junio y una de sus funciones era controlar el final de los recorridos nocturnos de los choferes y la partida de los micros al comienzo de la jornada. Curiosamente, no se había presentado la noche del domingo 24 de octubre ni en la mañana siguiente. Eso despertó preocupación.

La víctima. Domingo Zoé Pèrez.

Por otro lado, Pedro Gómez se contactó con su hermana Remedio Gómez y ésta le contó angustiada que su esposo no llegaba desde la noche anterior a su casa en el barrio Belgrano, en Rawson. Eso sí, le dio un dato clave: comentó que la última vez que vió a su marido fue la noche del domingo, cuando Carlos Palacio lo buscó para ofrecerle verdura y un perro que tenía para regalar y que ambos partieron en un auto Fiat 600. Esa fue la pista que luego permitió despuntar toda la trama detrás del crimen ideado, justamente, por ese otro hombre llamado Carlos Hugo Palacio, de 25 años, y ejecutado junto a su hermano Rodolfo, de 30.

El móvil

Se conocían de la empresa 20 de Junio, Carlos Hugo Palacio era chofer de colectivos. En una declaración, éste aseguró que eran “muy amigos” con Domingo Pérez y hasta iban a ser compadres. Lo que no reconoció, o al menos no decía públicamente, era que la relación entre ambos se había roto tiempo atrás y le guardaba un fuerte rencor. Y es que el ex policía e inspector había descubierto que Palacio estafaba a la empresa y a los propios usuarios cobrando  boletos con sobreprecios.

Pérez no pudo hacer la vista gorda e informó de la irregularidad a los directivos de la firma, eso provocó que cesantearan al chofer. Desde entonces Palacio empezó a odiarlo y lo responsabilizó de su desgracia y la de su familia. Ahí también posiblemente comenzó a pergeñar la manera de desquitarse y nació la macabra idea de asesinarlo. No bromeaba y se lo contó a su hermano mayor y confidente, Rodolfo, quizás en uno de sus encuentros en el taller mecánico que tenía Carlos en su casa en calle Centenario, Chimbas.

Ese plan fue madurando y lo pusieron en práctica la noche del 24 de octubre de 1971. El menor de los Palacio sacó el auto Fiat 600 que le dejó un cliente para reparar y fue a buscar a Domingo Zoé Pérez con la excusa de ofrecerle verdura y un perro que quería obsequiarle, pero además lo convenció para que de paso compartieran una cerveza. Así fue que se trasladaron en el auto hasta una pizzería de la esquina de Mendoza y San Luis. Al rato cayó Rodolfo Palacio, que vino de su domicilio en Albardón especialmente para el encuentro.

En esa charla, los Palacio insistieron a Pérez que los acompañara a traer verdura de una chacra de la familia en Albardón. Los tres subieron al Fiat y partieron hacia ese departamento por la ruta 40. El inspector no se percató de lo que sus “amigos” traían en mente. Entraron por la calle Sarmiento en dirección Oeste y cerca del puente sobre el río Yakin, en un lugar desolado y oscuro, Rodolfo pidió que pararan el coche.

El mentor. Carlos Hugo Palacio.

Dijo sentirse mal y que tenía ganas de vomitar. Los tres descendieron del coche. Carlos sacó un bidón y echó agua al radiador como para distraer a Pérez. En ese momento, su hermano Rodolfo manoteó disimuladamente el gato mecánico del auto, caminó por detrás del inspector -que estaba de espalda- y a traición le lanzó un duro golpe en la nuca. Supuestamente, éste se agarró la cabeza y aturdido corrió intentando escapar, pero los Palacio lo persiguieron hasta que lo alcanzaron y lo masacraron. Le pegaron tanto que Pérez no se movió más, quedó muerto y tirado al costado de la calle de tierra.

Los Palacio escaparon creyendo que jamás descubrirían quién lo había matado. A primera hora de la mañana del lunes 25 ya andaban buscado a Domingo Pérez. Su cuñado había radicado la denuncia en la Seccional 1ra de Capital, donde conocían al inspector de colectivos porque éste había trabajado en esa comisaría.

Para entonces, otros policías dieron con el cadáver de un hombre en el distrito El Rincón. La víctima presentaba seis importantes heridas en la zona del rostro y el cráneo. A simple vista se veía que estaban frente a un asesinato. Cerca del cuerpo hallaron una pieza metálica con manchas de sangre, que después se determinó que ese elemento correspondía a la parte de un gato mecánico. Estaba claro, lo habían atacado con ese pesado accesorio de auto.

El dato aportado por Remedio Gómez, quien afirmó que su marido había salido la noche del domingo con Carlos Palacio y que éste andaba en un auto, fue fundamental para los investigadores. Esto puso bajo sospecha al ex chofer de colectivos, que fue apresado esa misma mañana. En su casa secuestraron el Fiat 600 y en el interior del vehículo encontraron un gato mecánico al que le faltaba la pieza que encontraron a metros del cadáver de Pérez. Pero no era todo. Los policías supieron a través de averiguaciones que Carlos no estaba solo esa noche, sino que había andado con su hermano Rodolfo. Éste también cayó preso.

Sin escapatoria

El caso fue resuelto en menos de un día, principalmente por la confesión de los Palacio en la que reconocían que ellos lo llevaron a propósito a Albardón y que allí lo atacaron con ese criquet. Relato que al tiempo cambiaron, aduciendo que dieron esa versión por la tortura que sufrieron en la Policía. Las pruebas y los testimonios igual incriminaron a los hermanos, que fueron sometidos a juicio en febrero de 1974 en la Sala I de la Cámara en lo Penal.

En la primera audiencia, los Palacio volvieron a asegurar que la confesión que dieron octubre de 1971 fue hecha bajo amenaza y golpes por parte de la Policía. Negaron que el crimen fue planeado o que tuvo que ver por ese supuesto resentimiento de Carlos por haberse quedado sin trabajo.

Cómplice. Rodolfo Palacio, hermano de Carlos.

El propio Rodolfo Palacio se atribuyó el asesinato, pero sostuvo que fue algo inesperado y producto de un incidente del momento. En su declaración frente a los jueces Carlos Graffigna Latino, Alejandro Martín y Alejandro Hidalgo, el mayor de los hermanos aseguró que era verdad que detuvieron el vehículo porque él se sentía mal del estómago. En ese relato, dijo que vomitó y sin querer manchó la camisa de Pérez, quien se enojó y lo insultó. Eso desató supuestamente una fuerte discusión entre los dos y todo se desmadró cuando el inspector sacó el gato mecánico del auto y lo persiguió con intenciones de golpearlo. Según su versión, corrió por un trecho, después se trenzaron y él logró hacer caer a Pérez, en ese instante tomó el criquet y lo golpeó repetidas veces como una reacción en defensa propia. En dicha declaración intentó despegar a su hermano menor diciendo que éste no intervino en la pelea y que llegó a querer separarlos, cuando Pérez ya estaba tendido en el piso.

Al tribunal le resultó falaz esa confesión. En cambio, dio por sentado que existió una trama previamente pensada por ambos y que mataron a Pérez en venganza por la denuncia que hizo en el trabajo. Carlos y Rodolfo Palacio fueron condenados por igual a la pena de prisión perpetua por el delito de homicidio calificado por alevosía y quedaron confinados por muchos años en el penal de Chimbas. En el fallo se ordenó, además, que ambos que pagaran la suma de 36.150 pesos a la viuda en concepto de indemnización para cubrir los gastos de sepelio y todo el daño causado.

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