Una verdadera pesadilla le tocó vivir a una familia luego de que se les perdiera el único hijo, llamado Mateo, de sólo 2 años y 5 meses. Junto a sus padres, habían ido a un cumpleaños a un domicilio del Médano de Oro, en Rawson. Estuvo jugando toda la tarde con sus primitos, hasta que sus padres decidieron salir a comprar, sobre las 18:30 del sábado.
Le dijeron a su abuela que se hiciera cargo. El tema es que Mateo no era el único del cumple. Lamentablemente, en un descuido de la abuela, el pequeño aprovechó para salir a buscar a sus padres por los alrededores de la vivienda. Comenzó a caminar pero, lógico, sin destino alguno.
El chiquito, al ver que no encontraba a sus padres y que se había perdido de su abuela, empezó a llorar a gritos hasta que pasó un remisero y lo alzó. Previo a llevarlo hacia la Policía, el hombre le preguntó a los vecinos si conocían al pequeño, teniendo una respuesta negativa de todos, ya que Mateo no era de allí -vive en el barrio Victorino Ortega, en Rawson-. Ante ello, decidió acercarlo a la subcomisaría de Médano de Oro.
Una vez en la dependencia, el personal policial, al mando del subcomisario Aballay, decidieron llevarlo nuevamente al remisero hacia el lugar donde lo recogió y volver a preguntar en otros alrededores de la zona. Lamentablemente, nadie lo reconocía por lo que lo trasladaron hacia la seccional y publicaron una foto del niño, a la espera de ser hallado por sus padres.
Por otra parte, cuando llegaron los padres de comprar, le preguntaron a la abuela dónde estaba Mateo. Como no andaba por ningún área de la casa, salieron a buscarlo por los alrededores. Lo buscaron por cañaverales, cunetas, zanjones, hasta por una pileta por si se había ahogado y nada, no había rastros del pequeño.
Por último, comenzaron a preguntarles a los vecinos y una le dijo que la Policía había publicado una foto del chiquito, diciendo que estaba en la subcomisaría de Médano de Oro. De manera urgente, los padres se dirigieron hacia la dependencia y se pudieron reencontrar con el pequeño.
Según los efectivos, el remisero lo llevó sobre las 21 a la seccional y sobre las 23 fueron a buscarlo. En ese trajín no paraba de llorar, propio del desconocimiento del pequeño con las personas con las que se encontraba. Los efectivos intentaron tranquilizaron y no podían. Hasta que con un policía cedió y hasta se durmió. Después de casi una hora de cuestiones legales, se lo entregaron a los padres.