Un feriado para el olvido vivió la familia Paredes. Todo sucedió el domingo último en horario vespertino en la casa del padre de los involucrados. Un humilde hogar ubicado por Calle 4, frente al Cementerio Municipal de 25 de Mayo. Dos de los hermanos Paredes (Cristian y William) se encontraban en el fondo de la casa de su padre charlando con normalidad con algunas copas de vino de por medio.
La novia de William, el menor de los dos (22), había tenido un affaire con su hermano, Cristian Paredes, de 26 años, durante la relación con el menor de ambos. De esta historia estaba enterada toda la familia y por ello, según su amigo, “William se la tenía jurada a su hermano hace tiempo”.
Durante la charla, la novia del asesino se encontraba en el interior de la vivienda. Luego de varios tragos demás, el tema de la charla pasó a ser el romance que tuvo Cristian con la novia de William. Este último se lo echó en cara y luego de una fuerte discusión, la charla pasó a una gran trifulca entre los Paredes.
Al principio, se trenzaron a piñas, el menor cayó al piso y arriba de él se arrojó Cristian a seguirle pegando. William acostumbraba a llevar una punta con él a todos lados a donde fuera. En ese momento, que veía cómo recibía los golpes, recordó el arma blanca que tenía consigo, la sacó y le otorgó un cuchillazo certero en el vaso sanguíneo del mayor de los dos. La puñalada lo dejó tirado en el piso, agonizando y desangrándose.
William, ante el terrible panorama, se levantó sin ayudarlo, fue a buscar a su mujer y le dijo, siguiendo el relato del amigo, “vamos a la casa que apuñalé a mi hermano”. Ambos se subieron a la moto y se fueron a hogar donde viven en el barrio Santa Rosa, 25 de Mayo. Cristian vivía en un ranchito justo al lado de la casa de su padre.
Momentos después, llegó la hermana de ellos y se encontró con el cuerpo de su hermano asesinado, atravesado por la zona abdominal con el elemento corto punzante. Intentó sacarle la punta pero ya era tarde, Cristian había muerto. Fue ahí cuando dio aviso a la policía. Los uniformados, luego de algunas averiguaciones, llegaron a la conclusión de que había sido su hermano menor quien lo había asesinado a sangre fría.
Llegaron hasta la casa de William, en el barrio Santa Rosa, y allí fue donde lo detuvieron y lo trasladaron para alojarlo en la División Homicidios de la Central de Policía. Hasta ese momento, el homicida no estaba enterado de que había matado a su hermano. “Cuando le contaron que lo mató, empezó a gritar, a llorar, a pegarle piñas y patadas a las paredes, estaba desatado, se quería morir”, contaba el amigo al que accedió diario Tiempo de San Juan.
Hasta la noche de este lunes, se estaba llevando a cabo el velorio del joven fallecido. Se realizó en el fondo del ranchito donde vive únicamente el padre con su hija. Cabe recordar que la madre los abandonó cuando eran chicos. El panorama era de total hermetismo, mucho desconcierto de los familiares que aún no podían entender lo que sucedió. Varias fogatas armaron en el fondo de la vivienda para pasar el frío de la noche de este lunes y el velorio del joven asesinado.
Gran cantidad de familiares y amigos se acercaron al lugar a darle el último adiós a Cristian Paredes. Un crimen sin precedentes que se dio en un momento de gran enojo entre los dos hermanos. Si bien William aseguró a sus amistades “tenérsela jurada” por lo que le hizo con su mujer, jamás pensó que ese “tenérsela jurada” terminaría de esta forma, asesinándolo.
La causa quedó alojada en el Cuarto Juzgado de Instrucción, a cargo del juez Martín Heredia Zaldo. El homicida podría pasar el resto de sus días dentro de la cárcel. El dolor más grande quedó para el papá de ambos hermanos: un hijo muerto y el otro en la cárcel, quizás, para siempre.