“Nos salvamos de milagro porque en el asiento donde caían los proyectiles, minutos antes iba sentada ahí con mis hijos y para mayor comodidad, decidí cambiarme de asiento”, explicó la mujer que le tocó vivir, probablemente el peor viaje de su vida.
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SUSCRIBITE“Nos salvamos de milagro porque en el asiento donde caían los proyectiles, minutos antes iba sentada ahí con mis hijos y para mayor comodidad, decidí cambiarme de asiento”, explicó la mujer que le tocó vivir, probablemente el peor viaje de su vida.
Luciana Ontiveros, de 33 años, viajaba con sus dos pequeños hijos (uno de 4 y la chiquita de 8 meses) desde la capital de San Juan hacia su hogar en Jáchal. “Llegando a Albardón, sobre las 20 del domingo, nos empezaron a tirar piedras y aparentemente, también proyectiles de rifles de aire comprimido”.
“Por suerte, el chofer no paró porque si lo hacía nos robaban todo”, relató Luciana. La mujer fue a la capital sanjuanina a realizar unos trámites y la vuelta fue de lo peor. “Kilómetros más adelante, el colectivero tuvo que parar para que nos cambiaran de colectivo porque en ese ya no se podía viajar”, contó la víctima.
Ontiveros, quien además estuvo por Capital para pasear junto a sus hijos, reflexionó sobre el horrible momento que vivió y dijo que “ya no se puede viajar tranquilo, imagínate si le pegaban a mi hijo o a mí, me muero”.
Las imágenes son elocuentes y este tipo de situaciones cada vez se tornan más frecuentes. ¿Cuál es la finalidad? Nada más ni nada menos que el colectivo se frente y así, los ladrones aprovechar la situación para robarle a los pasajeros.
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