El domingo 22 de mayo pasado dos sujetos a bordo de una moto se pararon en frente de la subcomisaría Cipolleti, en Chimbas, y abrieron fuego contra la entrada de la dependencia con una tumbera.
Ese día, en ese horario, estaba de guardia un oficial que dos meses antes sufrió heridas de bala en su cuello durante un procedimiento y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente.
La investigación avanza pero aún desconocen el motivo de la agresión. El jefe de la dependencia, el comisario Andrada, confirmó que el oficial que fue atacado hace dos meses estaba de guardia cuando le dispararon a la subcomisaría pero minimizó el hecho y dijo que "esto es algo que nos pasa todos los días”.
Es que si bien la Cipolleti ya había sufrido todo tipo de daños como pedradas y rotura de móviles en procedimientos, ésta es la primera vez que alguien toma el coraje como para pararse frente a la dependencia y disparar a mansalva corriendo el riesgo de que los tiros sean devueltos. El jefe de la seccional explicó que esto se puede deber a que "en ese momento estaban todos adentro porque cambiamos guardia y se hace limpieza y al no ver a nadie en la puerta no les iban a responder los disparos”.
Según los policías que estuvieron ese día lo único que escucharon fueron los tiros y el sonido de la moto que se alejaba pero afortunadamente todos ninguno fue herido.
La semana anterior los operativos del personal de la Cipolleti se habían incrementado pero, durante estos días, no hubo hechos de violencia hacia el personal. Es por esto que a todos les llamó la atención que en las dos agresiones haya estado en el medio el mismo oficial.
"No podemos descartar ninguna hipótesis pero la realidad es que no sabemos bien qué fue. Podría haber sido alguno que quedó con alguna bronca con el oficial por algún operativo y lo "ficharon” o porque tenían enojo por todas las detenciones de la semana”, dijo Andrada.
Es que, según el comisario, antes esa dependencia no tenía calabozos y desde que se los habilitaron la policía le aguó la fiesta a los delincuentes de la zona porque ahora el personal tiene capacidad para hacer mayor cantidad de procedimientos de prevención y los detenidos quedan alojados en la subocmisaría.
El oficial, estaba de guardia en la balacera y dos meses antes había sido agredido en la calle cuando fue a prestar apoyo a un allanamiento de la Comisaría 30, según informó el jefe policial.
"Ellos nos conocen saben qué auto manejamos, nos ven las caras, pero este trabajo es así”, aseguró Andrada, que no duda que esto también sido una pudo haber "gracia de mal gusto de algún borracho que pasó y le pareció divertido dispararle a la subcomisaría”.
Si bien el oficial estaba de turno el día que le dispararon a la dependencia, en el momento en que todo sucedió había salido con el patrullero a hacer recorridas de prevención, según Andrada.
La investigación es llevada adelante por la Comisaría 30 y el jefe aseguró que "todos los datos que hemos tenido se los hemos aportado”.
Todavía no saben si esta nueva agresión está relacionada con el ataque al oficial pero entre los policías de la seccional sospechan que así podría haber sido y que algún delincuente lo tenía "calado” por alguna detención en la que participó.
En el año 2012, los vecinos de Ariel Tapia apedrearon la comisaría 29 tras la muerte del niño.
Las comisarías, el blanco de la furia vecinal
Tal como lo afirmó Andrada, jefe de la subcomisaría baleada, "se trabaja en estas condiciones siempre” y no es algo raro que la gente apedree o intente quemar las dependencias de algunas zonas consideradas conflictivas.
En 2013 un grupo de vecinos, enfurecidos por la detención de un joven, apedrearon la subcomisaría Ansilta, de Rawson, en intentaron meterse adentro. Se trata de una dependencia que, al igual que la Cipolleti, cuenta con un personal reducido y tiene un espacio físico pequeño lo que la hace blanco fácil para los ataques.
Esa misma dependencia rawsina vivió otro episodio en diciembre de 2015 cuando un vecino intentó robarse un arma del lugar. En esa oportunidad se trató de un sujeto que fue a la subcomisaría a poner una denuncia y como no le daban una solución rápida aprovechó que había una sola policía de guardia e intentó llevarse un arma para hacer "justicia por mano propia”.
Un caso muy conocido fue el que se dio cuando el menor Ariel Tapia apareció muerto adentro de una heladera en 2012. El chico había sido buscado por la policía durante semanas y cuando se conoció la terrible noticia, los vecinos de la Villa Angelita, armaron una batalla campal frente a la comisaría 29.
Enojados por el resultado de la investigación quemaron gomas, apedrearon la dependencia y algunos efectuaron disparos hacia la seccional.
El personal tuvo que pedir ayuda para detener la manifestación y reprimieron con balas de goma.