La causa se originó hace 40 meses. En un principio
avanzó rápido, pero luego se frenó abruptamente: desde hace 27 meses la causa
penal está estancada en la Sala Primera de la Cámara Penal. Mientras que la
civil lleva 32 meses esperando una resolución. Detrás de esas demandas hay
3.000 familias de profesionales que esperan una respuesta de la Justicia por la
estafa del millón de dólares a la Caja de los Médicos, Odontólogos y
Bioquímicos (MOB).
La estafa fue sencilla. Y eso es lo que la
convirtió en un escándalo: los ex integrantes de la Comisión Directiva, en
complicidad con personas ajenas a la Caja, compraron en octubre de 2011 una
finca de 27 hectáreas ubicada en Santa Lucía por 260.000 dólares y a la Caja
MOB se la facturaron en 1.040.000 millones de dólares. En el camino alguien se
quedó con el millón de dólares.
La primera etapa de la causa penal fue rápida. A
los siete meses de la denuncia en la Fiscalía de Instrucción N° 4 por parte de
quienes eran las autoridades de la Caja MOB, el entonces juez del Cuarto de
Instrucción, Maximiliano Blejman, procesó por el delito de estafa al odontólogo
Luis Minin, a la escribana María Isabel Carchano (en ese momento presidenta del
Colegio de Escribanos) y al comisionista Walter Orellano. Mientras que el ex
tesorero de la entidad, el médico Oberdank Fernández, fue procesado como
partícipe principal.
En el auto de procesamiento el juez Blejman también
ordenó seguir investigando a otros ocho integrantes de la ex Junta de Administración de la Caja
MOB y de la Comisión de Terreno: Pedro Terentí, Marta Casavega, Julio Romero,
Jorge Sekulín, Izasa, Emilia Bustos, Pedro Fasoli y Afredo Camenforte, a
quienes les dictó falta de mérito. La misma figura legal le cupo a Juan Pablo
Quattropani, quien estaba a cargo de Planeamiento de la Provincia.
El envión del juez Blejman que recibió el escándalo
con la compra del terreno para la supuesta construcción de un barrio no alcanzó
para que la causa penal evolucionara. Cuando los abogados defensores de los
procesados por estafa apelaron, el fallo se estancó en la Sala Primera de la
Cámara Penal.
Según el expediente, la causa está en estudio por
ante el tribunal desde el 14 de marzo de 2014.
En Tribunales confirmaron que la demora estuvo dada
en el primer voto, el cual estuvo a cargo del juez Raúl José Iglesia. Y
trascendió que luego se agilizó cuando fue el turno de los jueces Caballero
Vidal (h.) y Silvia Peña. Sería inminente la decisión de ese tribunal.
Tal vez frutos de las gestiones de las abogadas
querellantes que representan a la Caja MOB, Victoria Cabral y Violeta Correa, quienes en abril último presentaron un
escrito en la Sala Primera pidiendo "prioridad de tratamiento” en la apelación
por "el gran sector de la sociedad afectado” a la estafa. Allí dejaron
advertidos que el paso siguiente era un "pronto despacho”, lo que iba a obligar
a los jueces a priorizar la causa.
Apretadas por la falta de respuestas de la
Justicia, las dos abogadas querellantes fueron convocadas a una reunión en la
Sala Z ante decenas de socios de la Caja MOB para que dieran explicaciones de por
qué no avanzaban con las causas.
Las abogadas no supieron dar mayores precisiones
del por qué de las demoras excesivas del tribunal de la Sala Primera, en
particular del primer voto del juez Iglesia, ya que esa es una cuestión interna
que sólo el magistrado sabe por qué lo demoró.
Cabe recordar que la resolución del tribunal de la
Sala Primera es una instancia más para llegar al juicio, la parte legal que más
debiera interesarle a todas las partes involucradas, tanto los damnificados
como los procesados, ya que allí se dirá si hubo o no delito.
Una vez que la Sala Primera resuelva, la causa
penal bajará nuevamente al Cuarto Juzgado de Instrucción, se hará el cierre de
la investigación y recién ahí irá a juicio. Todo ese trámite le lleva meses a
la Justicia.
¿Y LA CIVIL?
Por el principio de la "prejudicialidad”, en los
delitos de administración fraudulenta (entre ellos la estafa) en el fuero civil
los jueces esperan el resultado de la causa penal para tomar una resolución.
Básicamente, porque no es lo mismo para ellos resolver una demanda con un caso
de estafa probado que cuando el delito no existe.
Por ese motivo es que hay tanto interés en la
resolución de la causa penal, para que la civil no tenga trabajas.
La demanda civil de las abogadas Cabral y Correa
fue por daños y perjuicios a la Caja MOB y es contra 10 personas. Está desde
octubre de 2013 en el Primer Juzgado Civil, a cargo del juez Héctor Rollán.
Siete de ellas integraron la ex Junta de
Administración y consideran que fueron "negligentes”. Las otras tres son el
odontólogo Minin, la escribana Carchano y el comisionista Orellano y consideran
que cometieron actos presuntamente dolosos, ya que están procesados por estafa.
Esa demanda incluyó el pedido de embargo de bienes
para todos ellos.
Pero eso no se concretó. Justo en esa instancia
arrancaron las trabas judiciales: antes de que ese embargo llegara al Registro
Inmobiliario, Terentí y Fraifer le cedieron a sus hijos los bienes por un
"adelanto de herencia”. Pero no cedieron del todo, ya que se dejaron para ellos
el "usufructo hasta la muerte”.
Mientras que otro de los demandados, Mallorana,
habría simulado una venta al poner a nombre de la novia de su hijo un lote muy
costoso que podía llegar a ser embargado.
Para las querellantes de la Caja MOB, esas
maniobras fueron ilegales. Y a los tres demandados les iniciaron un "juicio de
simulación” en octubre de 2014.
En el caso de Fraifer, el juez Rollán ordenó
archivar la demanda. "Esa decisión está apelada ante la Cámara Civil porque esa
decisión va contra toda jurisprudencia y doctrina que hacen a esa materia”,
explicaron las abogadas querellantes.
Los otros dos "juicios de simulación”, de Terentí y
Mallorana, están a la espera de una resolución del juez Rollán.
Mientras tanto, la causa civil principal está
trabada a la espera de pericias ordenadas por el juez Rollán. Una de ellas es
la pedida a la Universidad Nacional de San Juan para conocer el valor de la
finca de las 27 hectáreas, tanto el actual como el que tenía al momento de la
compra polémica.
El mismo pedido fue hecho al Tribunal de Tasaciones
de la Provincia.
Cabe recordar que, al momento de la denuncia, tres
inmobiliarias consultadas por la Caja MOB cotizaron cifras muy inferiores a las
pagadas por los ahora procesados por estafa.
Tal vez por eso los hermanos Consentino no dudaron
en agarrar los 260.000 dólares que les dieron en ese momento por una finca con
problemas de revenición y sin urbanizar, donde construir un barrio iba a
encarecer sensiblemente la obra.