"MonkeyFest”, este fue el nombre que seis menores de edad eligieron para hacer conocida una seguidilla de fiestas privadas que, la semana pasada, terminó en tragedia. Darío Torres, un adolescente de 15 años, acabó muerto en manos de sus pares a la salida del lugar y, según sus amigos, la pelea comenzó adentro.
Pero esto no aplacó las ganas de los adolescentes de continuar con los eventos y, según los amigos de Darío, no sólo borraron todo de las redes sociales para no dejar rastros, sino que ya están organizando la próxima.
"Era la quinta que hacían y ya han eliminado todo porque salía el nombre de los organizadores”, explicó un amigo de Darío a Tiempo de San Juan.
Todos los adolescentes entrevistados por este semanario coincidieron al afirmar que no era la primera "MonkeyFest” a la que asistían y la describieron como un lugar que "es como una joda cualquiera y se entra vestido como sea. Se vende alcohol y no hay seguridad”
Si bien las fiestas privadas son algo que siempre existió y forma parte de la vida de cualquier adolescente promedio, el uso de las redes sociales potenció su masividad y dentro del lugar pueden meter tanta gente como un boliche cualquiera.
Facebook y Whats App, son dos aplicaciones que han hecho que sea cada vez más difícil para los adultos controlar los lugares a donde sus hijos van. La brecha tecnológica entre adolescentes y adultos, le dio a los primeros la herramienta perfecta para escapar al control parental, que por desconocimiento prefiere no meterse.
"Había un grupo de Whats App de la fiesta y un evento privado que habían creado por Facebook pero ahora eliminaron todo”, explicó uno de los adolescentes.
Y es este el medio que los organizadores utilizan para llevar a cabo los multitudinarios eventos.
"Ahora es como una moda que usan para juntar plata para el viaje de egresados. Cobran una entrada. Las anticipadas salían $40 y allá $80” contaron los amigos del menor asesinado.
Adentro del lugar venden alcohol y la entrada está permitida para todo aquel que pueda pagarlo.
"Es normal que haya peleas en todas hubo piñas pero nunca había pasado algo tan grave como lo de Dario”, dijeron sus amigos.
Además los adolescentes confirmaron que quienes asesinaron al adolescente el fin de semana pasado estaban dentro de la misma fiesta.
LA VERSIÓN OFICIAL
Según el Jefe de Policía de la Provincia, Adolfo Jofré, cada vez se hace más difícil detectar eventos organizados por menores.
"En algunos casos podemos ingresar a su mundo a través de alguien que nos da la data y podemos entrar al grupo que organiza por Whats App o Facebook, lo hemos hecho en varias oportunidades”, explicó.
Aparentemente uno de los secretos del éxito de dichas fiestas es que van cambiando de lugar en cada una de ellas.
"Nunca son en el mismo lugar y ahí es donde nos desconciertan a nosotros. En la mayoría de los casos los agarramos porque los mismos vecinos denuncian”, aseguró el funcionario policial.
Es que además de los boliches que la policía debe controlar todos los fines de semana ahora se suma el peligro de las fiestas privadas, que se incrementan al acercarse el fin de año y los viajes de egresados de los chicos. "Lo utilizan como herramienta para tener recursos para pagar el viaje y obviamente los bolicheros que tienen que cumplir están muy perjudicados con esto porque éstas fiestas infringen todas las leyes”, manifestó Jofré.
CON EL AVAL DE PAPÁ Y MAMÁ
"Los padres saben perfectamente lo que están haciendo los chicos, les facilitan la casa y les compran el alcohol”, detalló molesto Jofé.
Para el Jefe de Policía de San Juan, si no fuera con la ayuda de los padres de los menores, a éstos les sería mucho más complicado llevar a cabo las fiestas. "El problema no son los chicos, son los padres y la falta de límites, es realmente muy preocupante. Son todos menores y cuando uno va a la casa de un particular los padres niegan todo, se ponen del lado de los menores y dicen que es un cumpleaños”, explicó ofuscado el funcionario.
Tras la muerte de Darío Torres, se realizó un allanamiento en la vivienda ubicada en Gendarme Argentino y Callejón Gómez, donde según Jofré se secuestró gran cantidad de alcohol. "Había vodka, cerveza y vino. Además detuvieron a un mayor, que estaría a cargo de la fiesta”, explicó Jofré.
Al ser consultado sobre qué responsabilidad le cabría al mayor detenido en la muerte de Darío el jefe de policía fue contundente: "Nada más que una contravención, porque así lo establece la ley”.
El mayor que estaba a cargo de la casa donde se realizó la fiesta probablemente ya haya sido puesto en libertad y deberá pagar una multa, pero los papás de Darío no lo van a volver a ver nunca más.
La advertencia que nadie escuchó: la menor vejada en Santa Lucía
La muerte de Darío Torres, al salir de una fiesta privada, se da a casi un año de que se conociera otro caso de una menor que terminó mal en un evento organizado por adolescentes.
Se trata de la chica de 16 años que asistió la madrugada del 29 de junio a una fiesta privada en una casa de familia en Santa Lucía y terminó siendo escupida, pateada y orinada por el resto de los asistentes al evento, que la hostigaban a través de las redes sociales, hacía meses.
La adolescente asistió a la fiesta que se organizó bajo el misma modalidad que la "MonkeyFest” donde murió Darío. A través de Whats App y de Facebook se corrió la voz de que en aquella casita de Santa Lucía, un grupo de adolescentes realizaban una fiesta.
El saldo del festejo, que se les fue de las manos, terminó siendo terrible para la chica, que luego de ser humillada por sus pares se vio expuesta en las redes sociales.
Con comentarios haciendo alusión a lo que le habían hecho en esa fiesta, el grupo de adolescentes que la maltrató, se burlaba del estado de borrachera de la chica y contaban lo que le habían hecho.
Hoy, a un año de que el escándalo se desatara, aún no hay culpables por lo que le ocurrió a la adolescente en esa fiesta privada. Como los chicos que lastimaron a la menor, tenían menos de 18 años, no fueron encarcelados y de todos ellos sólo uno cumplió con las medidas socio comunitarias impuestas por la jueza de menores, María Julia Camus.