Ni los jueces, ni la fiscal recuerdan haber lidiado con un caso de éstas características y aseguran que se trata de una historia espeluznante. La condena al karateca Arenas, por abusar sexualmente de cuatro de sus alumnas, es un "bebé de pecho” al lado de los escalofriantes relatos de los 16 niños corrompidos por sus padres. El "show”, "el plato” y "el castigo” son algunos de los aterradores sistemas que un hombre y sus dos mujeres habrían utilizado para corromper a los menores.
Marcelo Rojas; su esposa, Elena González y su amante, Mabel Páez son los acusados de haber corrompido a una nena de 11 años, hija de ésta última. Sin embargo, en la misma casa convivían 15 niños más, producto de las relaciones que Rojas mantenía con sus dos mujeres y es casi un hecho que finalizado éste juicio se abra una nueva investigación por el abuso del resto de los menores a los que "criaban” juntos.
Hacía mucho que a San Juan no le tocaba vivir un juicio por abuso de la magnitud del llevado a cabo contra Rojas, González, y Páez, en la Sala II de la Cámara Penal. El relato de la menor abusada no sólo es contundente sino que los testimonios que surgieron en las audiencias ampliaron la gravedad del caso.
La gente imagina que un abusador es alguien fácilmente identificable, un monstruo que llama la atención entre la gente "normal”, pero no es así. Este fue el caso de la nena de 11 años que habría sido abusada sexualmente por el novio de su mamá, Mabel Páez, que en lugar de protegerla se sumó al círculo de perversión iniciado por su pareja.
Eran en total 19 personas las que convivían en una casita del barrio La Estación, de las cuales tres eran adultos, que en vez de mantener el orden, se dedicaron a alimentar el perverso ambiente de silencio que impedía a los menores de la casa contar lo que sucedía dentro de esas cuatro paredes.
Margarita González quien declaró como testigo en contra de su propia hermana, Elena, y contó los aberrantes episodios a los que eran sometidos sus sobrinos de los cuales ahora está a cargo.
"EL SHOW”
Según la declaración de ésta mujer el momento del "show” era uno de los peores del día. Ese era el nombre que le habían acuñado Rojas, González y Páez, al horario en el que decidían tener relaciones frente a todos los niños presentes. Sin importar edad, ni sexo, los menores eran sentados en círculo para presenciar el "show” en el que el hombre mantenía relaciones con sus dos mujeres.
Estos detalles comenzaron a salir a la luz a medida que se fue desarrollando el juicio en el que los acusados sólo están imputados por la corrupción de una sola niña, la hija de Páez, que hoy tiene 13 años y fue entregada a su padre biológico. Sin embargo, fuentes judiciales aseguraron que a raíz de lo que los niños le contaron a su tía, se podría abrir una nueva investigación que incluya el resto de los menores que vivían en esta familia. Es decir que, una vez condenado el triángulo amoroso, existe la posibilidad de que pasen por un nuevo proceso judicial, en este caso por el abuso y la corrupción de 15 menores más.
"EL PLATO”
Según el relato de la tía de los menores Rojas ejercía una fuerte manipulación sobre los niños y más aún sobre la nena que fue abusada a la que preparaba psicológicamente para tener un bebé de él.
De acuerdo a lo declarado por la testigo clave en el caso, Rojas, con la complicidad de González y Páez, le hacía a la niña que colocara un plato de más en la mesa a la hora de comer. De este modo le explicaba que ese plato y cubiertos de más eran para que se fuera acostumbrando ya que pronto tendrían un bebé juntos.
"EL CASTIGO”
Rojas pretendía hacerles creer a los niños que lo que ocurría dentro del hacinamiento en el que vivían era "completamente normal”, y les aplicaba castigos.
Si se portaban mal los hacía poner en hilera y bajarse los pantalones, luego de esto los obligaba a besarse mutuamente en la cola para reprimirlos por su mala conducta. Esta situación también fue relatada por la tía de los niños en el juicio.
LAS PRUEBAS
La Cámara Gesell realizada a la nena abusada es una de las pruebas más contundentes contra los tres acusados y a esto se le suma el examen médico practicado a la menor donde los profesionales probaron que la víctima tenía desgarrado el himen.
Los testimonios no paran de sucederse en el recinto de la Sala II y cada uno más escalofriante que el anterior. Tal es así que tanto jueces como fiscales aseguraron que nunca en toda su carrera les tocó enfrentar un juicio de estas características. De hecho, en los pasillos de tribunales se rumorea que la fiscal de cámara, Alicia Esquivel, planea pedir la pena máxima para los tres acusados, 50 años.
Casualmente es Esquivel quien también ofició de fiscal en otro de los juicios por abuso más escandalosos que vivió la provincia, el que se le realizó al profesor de karate, Osvaldo Arena. El hombre fue condenado de haber violado a cuatro alumnas entre 2003 y 2010.
En aquel juicio, que se llevó a cabo en 2012, Esquivel pidió 47 años de cárcel ocasionando un gran revuelo ya que la pena máxima que se había dictado en San Juan para delitos de éste tipo era de 30 años.
El karateca abusador
Osvaldo Arenas fue condenado en esa misma Sala II a 40 años de prisión por el delito abuso sexual gravemente ultrajante, agravado, reiterado y con acceso carnal agravado en dos casos. El hombre fue denunciado en febrero de 2010 por los padres de cuatro alumnas que practicaban karate en las distintas dependencias donde Arenas enseñaba.
Según el relato de las chicas, que tenían todas entre 8 y 15 años, el profesor las llevaba a una sala contigua que tenía en el lugar donde entrenaban y con la excusa de darles lecciones de vida las manoseaba y obligaba a masturbarlo. Inclusive dos de ellas aseguraron haber sido forzadas a practicarle sexo oral al instructor.
En el histórico juicio, la querella pidió 50 años para el violador mientras que la fiscal solicitó 47.
Arenas fue condenado por el tribunal integrado por Ernesto Kerman, Juan Carlos Peluc Noguera y Félix Manuel Herrero Martín, a 40 años de prisión por lo que probablemente morirá en la cárcel.