Animado por ser el
único de los ocho que se iba en libertad inmediatamente, gracias a una condena
a 3 años de prisión (como llevaba más de 2 años, ya salió del Penal), el
calingastino Francisco Javier Tello no tuvo problema en contar cómo fue que se
vio involucrado en la banda narco que terminó condenada en un juicio abreviado
por el mayor cargamento de droga en la historia provincial: 86 kilos (70,6
kilos de marihuana y 15,9 kilos de cocaína).
El secuestro lo
hizo la Policía de San Juan el 6 de abril de 2013 en la Quebrada de las Burras.
Una pieza clave fueron las escuchas telefónicas.
El lunes 2 de noviembre, los abogados
defensores Eduardo Caeiro (defensor oficial), Jorge Olivera Legleu, César Jofré
y Javier Cámpora Sinn, llegaron a un acuerdo con el fiscal federal Francisco
Maldonado y concretaron una propuesta de juicio abreviado que fue aceptada por
el Tribunal Oral Federal.
Así, la Justicia Federal logró condenar a
toda la banda y, a cambio, el pedido de penas del fiscal fueron las menores en
las estipuladas para los delitos que finalmente quedaron firmes después de un
cambio de calificación: se pasó de tenencia de estupefacientes con fines
de comercialización a contrabando de estupefacientes, en grado de tentativa.
"A mí me traen por una escucha telefónica
en donde me nombran”, dijo Francisco Javier Tello, de 27 años, quien ocupaba el
rol de uno de los arrieros en el rompecabezas que armó la Justicia.
El muchacho conoce la Cordillera de los
Andes como la palma de su mano. Desde los dos años que sabe montar. Y desde los
7 años que corría carreras de caballos como jockey, donde ganó carreras en
Mendoza, La Rioja y San Luis.
Sobre su rol en la banda, Tello dice que "no
sabía que iban a pasar droga a Chile. A mí no me contrata nadie. Conversan
entre ellos –los otros imputados- y me nombran por mi apodo porque yo era
conocido baquiano de la zona. Yo trabajaba de changarín y vivía de los
animales, trabajé de baquiano en el Cruce de los Andes con una comisión de
animales. En el 2011 y el 2013”.
Para la Justicia Federal, Tello era uno de
los arrieros que los Castillo (padre e hijo) habían contratado para pasar el
cargamento de droga a Chile, usando mulas y aprovechando los pasos
clandestinos.
Sobre esa relación, Tello dijo que "a los
Castillo, padre e hijo, los conozco por un vínculo familiar lejano por la madre
de mis hijos. Los ubico de simple vista. Castillo hijo siempre andaba en una
motito vendiendo ropa, cocho, era fotógrafo y vivía de eso. No sé yo si él hizo
o no algo. Nunca trabajé con ellos ni nunca me contrataron para nada”.
Al aceptar el juicio abreviado, Tello
admitió su responsabilidad penal y fue condenado. Sin embargo, él da una
versión de por qué lo hizo: "Yo acepté la responsabilidad porque sé que gran
parte de la curación de mi papá es verme a mí afuera. No me incumbe irme así
porque lo que más quiero es estar al lado de él y de mis hijos, porque hace más
de un año que no los veo. Prefiero irme así e irme rápido y no el año que viene”.
De todas maneras, el joven arriero vio el
lado bueno de haber pasado más de dos años en la cárcel de Chimbas: "La
experiencia en el Penal me sirvió para
valorar más las cosas. Llegar al Penal tiene dos caminos: o el camino del bien
o el del mal. Gracias a Dios tomé el camino del bien. Aprendí a rezar y muchas
otras cosas. Hoy –por el día del juicio- me levanté, tomé un librito de la
Virgen María y me adelantó que hoy me iba a ir libre”.
Finalmente, Tello dice que, si lo hubieran
querido contratar para pasar el cargamento de droga a Chile, no lo habría
hecho: "Conozco muy bien la cordillera. Ando en caballo desde los 2 años. No es
fácil cruzar la cordillera. Yo nunca crucé a Chile. En el Cruce de los Andes
siempre llegué hasta el límite, donde está la estatua de San Martín”.
Uno a uno
Estos son los otros siete condenados en el
juicio abreviado por el mayor cargamento de droga secuestrado en la provincia.
Los
mendocinos Rubén Alfredo Serra (54) y su pareja Silvia Berlanga (51); Antonio
Álvarez (59) y la chilena María Eugenia Espinoza Jara (54), eran quienes
llevaban los 86 kilos de droga y fueron condenados a 5 años y 10 meses de
prisión.
Mientras
que Bruno Álvarez (arriero) y
los dos Castillo, Roberto Feliciano (77) y su hijo Héctor Eduardo (45), todos
calingastinos, fueron condenados a 5 años de prisión.