Por Gustavo Martínez Puga
A todos impactó por su frialdad. Incluso, a su abogado defensor, quien llegó a visitarlo tres veces en la cárcel para tratar de entender por qué no quería someterse al juicio para defenderse y así evitar la peor de las penas. Es más, los funcionarios judiciales de la Sala III de la Cámara Penal hasta piensan que debe tener algún plan detrás, porque de otra manera no se entiende su actitud desafiante, de arrepentimiento nulo. Se trata de José Castro, el sureño de 26 años que aceptó ir preso de por vida –prisión perpetua- mediante un juicio abreviado entre el fiscal y el defensor, admitiendo así haber violado y ahorcado con un cable de electricidad a su cuñada menor de edad.
De buen aspecto físico, con una sonrisa permanente en su rostro y la frente en alto, demostrando intencionalmente que no se arrepiente de nada, Castro impactó a todos en Tribunales. Y a muchos les llamó poderosamente la atención un detalle físico que, tal vez, lo hace aún más tenebroso: la uña extremadamente larga del dedo meñique de su mano izquierda.
Incluso, él mismo quiso mostrarla públicamente en otro de sus gestos desafiantes: tal vez simulando la forma de un revólver, pegó su mano izquierda contra su pecho y miró sonriente al fotógrafo de Diario de Cuyo, con la clara intención que lo retratara de esa manera.
Éste martes 30 de septiembre se cumplen dos años de que Castro cometiera uno de los peores crímenes de los últimos años en San Juan: violación seguida de muerte en perjuicio de una menor, su propia cuñada, quien terminaba de cumplir los 16 años.
Ocurrió un día domingo, en la Villa Dolores, departamento Caucete, cuando la menor fue en la moto que le habían regalado para su cumpleaños de 15 desde su casa hasta la de su hermana a llevarle unas llaves que se le habían olvidado.
Su hermana no estaba en su casa. Su cuñado, a quien apodan el "Sureño”, aprovechó esa circunstancia y la sometió a la peor de las vejaciones: la abusó sexualmente, la ahorcó con el cable de un velador y la enterró en un parral, frente a la villa.
Con la misma frialdad que demostró en la audiencia del juicio abreviado, se guardó para sí mismo semejante masacre y la intentó ocultar durante dos días. Al tercero hallaron el cadáver. Y ante las evidencias que secuestró la policía en la escena del crimen, a Castro no le quedó otro camino que admitir el crimen.
La madre de la menor asesinada, ex suegra del "Sureño”, siempre sostuvo que el tipo era tenebroso y que siempre habían sospechado de él en su familia.