El homicidio del abogado Francisco Sirera, en la puerta de su casa y de dos puñaladas remite, según declaraciones policiales, a un asesinato por encargo. En San Juan hay otros crímenes que revisten esa característica, alguno de los cuales está impune.
El hockista Alejandro Rodríguez, yerno del hermano del abogado asesinado anoche Francisco Sirera, aún no tiene resolución judicial.
A Alejandro Rodríguez lo asesinaron delante de su hijo, a quemarropa, el 10 de abril del 2007.
Dos meses antes, también habría sufrido un intento de homicidio, de 6 balazos, que no fue suficientemente investigado.
Sobre la muerte de Rodríguez surgieron varias hipótesis; actividades ilícitas relacionadas al narcotráfico y una relación pasional del deportista con una mujer relacionada al hijo de un policía retirado. Esta última fue la que tomó más fuerza.
Desde aquel ataque de febrero, "el cabezón", como le decía todo el mundo, andaba con custodia policial. La noche que lo mataron, Rodríguez había dejado a su custodia en el camino y volvió solo con su hijo hasta el departamento donde estaba viviendo.
Hasta hoy el crimen de Rodríguez está impune.
Hugo Naranjo
El ataque contra Naranjo fue cometido el sábado 27 de mayo de 2006, en las oficinas que el empresario tenía en la calle Mitre 169 Este. Al menos dos personas entraron a las oficinas y atacaron a balazos a Naranjo, quien recibió cinco tiros, tres de ellos en la cabeza.
Los agresores luego lo rociaron con combustible y le prendieron fuego. A pesar del ataque brutal Naranjo logró salir a la calle para pedir auxilio y fue hospitalizado.
El juez de Instrucción sanjuanino Guillermo Adárvez consideró que el ex comisario Agustín Pereyra intentó sin éxito matar a Naranjo, contratado por su instigador, el empresario Eduardo Fornasari, por lo que les dictó el auto de procesamiento y prisión preventiva.
Al día siguiente quedó detenido el ex comisario Pereyra, mientras que su acompañante, el ex oficial principal Páez, apareció ahorcado en los fondos del estudio de un abogado.
Por el intento de homicidio continúa preso (con prisión domiciliaria) Pereyra, por la autoría material del hecho, en tanto que quien había sido señalado como instigador, Fornasari, fue absuelto por la Corte, y hasta llegó a demandar al Estado por 2.300.000 pesos, por los daños que le ocasionó el proceso penal en su contra.
Antonio González
La violenta muerte del empresario Antonio González, ocurrida la noche del 1 de julio de 2011, también fue sospechada de crimen por encargo.
González murió baleado en su propia casa, en Avenida Libertador, metros al Oeste de España.
Un sujeto ingresó al lugar esgrimiendo un arma de fuego y el hijo del empresario, Emanuel, forcejeó para reducir al agresor. Luego vino la detonación y los tres balazos que terminaron con la vida de González. El asesino huyó con al menos un cómplice (Jorge Quinteros) a bordo de un Ford Escort.
El dueño del Escort era Jorge Rezinovski, un prestamista que hasta el día de hoy permanece detenido junto con el presunto autor del disparo, Roque Escudero. En su declaración ante el juez, Rezinovski habría reconocido una relación comercial con Willy Tejada, ex legislador provincial. Resinovski y Escudero fueron procesados por el homicidio.
La conexión con el ex diputado surgió junto con la hipótesis del crimen por encargo. Tejada le había iniciado dos causas a González, por cheques incobrables que había endosado el empresario luego asesinado. Esta es la línea investigativa que siguió José Atenágoras Vega mientras estuvo al frente del Cuarto Juzgado de Instrucción.
Días atrás el hijo del empresario volvió a acusar a Tejada de autor intelectual del homicidio, aunque no hay pruebas contundentes, según la justicia, que lo determinen.
En los próximos días se realizará el juicio contra Resinovski y Escudero.
Ana Dulcinea Gómez, y Natalí Verdú Gómez
El 5 de septiembre de 2002, por la tarde, apareció muerta de dos tiros (uno en el pecho, otro en la sien derecha), la abogada Ana Dulcínea Gómez (49). Junto a ella, también su hija Natalí Verdú Gómez de 16 años. El caso sorprendió por lo violento y porque, según se dijo entonces, las víctimas fueron ejecutadas con un sello mafioso.
El crimen ocurrió en una vivienda de Avenida Libertador casi Rawson, en Capital. Había sido comprada hacía pocos días por la abogada.El primero en llegar a la casa fue Emanuel, el hijo de Ana Gómez, a quien su madre había quedado de pasar a buscar. Al no llegar, fue a la casa y cuando abrió la puerta, encontró todo revuelto y se fue a buscar a su padre, Jorge Verdú.
Cuando volvieron, entraron a las habitaciones y allí encontraron a las dos mujeres muertas.
En principio, se descartó el móvil del robo,ya que no faltaban joyas, ni siquiera las que Ana y Natalí tenían puestas en ese momento. Sí se advirtió un gran desorden, como si alguien hubiera estado revolviendo papeles. También habían destruido la computadora que había en la casa.
A los pocos días, la Policía reveló que la abogada tenía tres tiros en la cabeza y uno en el costado izquierdo del abdomen, mientras que a Natalí le dispararon cinco veces en la cabeza y una en el pecho.
También se supo que a Ana la encontraron boca arriba en su cama, con una cuellera de tela cubriéndole los ojos. A Natalí la encontraron en la otra habitación, también tendida en la cama, con una bolsa plástica tapándole la cabeza. La madre tenía las manos atadas hacia atrás con un cable, y los pies, con una media fina. La joven también estaba atada, pero el mismo cable que le sujetaba las manos, le envolvía el cuello.
La misma fuente policial confirmó que no faltaban bienes en la casa, que no hubo violencia para ingresar a la casa, que tanto el televisor como el equipo de música estaban encendidos y que la joven murió 40 minutos antes que la madre.
El doble homicidio nunca fue resuelto.