Testimonio exclusivo

“Me trataron como a un animal y nadie me pidió disculpas”

Juan Manuel Castro (27) estuvo 23 meses preso acusado de violación. Pero recién en el juicio los magistrados se dieron cuenta de que lo habían detenido ilegalmente y que era inocente de lo que lo acusaban. Por primera vez cuenta su estremecedora historia.
lunes, 07 de mayo de 2012 · 09:13

Por Gustavo Martínez
gmartinezpuga@tiempodesanjuan.com

A las 10 de la mañana del 4 de junio del 2010, dos hombres vestidos de civil rompieron la puerta de la casa ubicada en Benavidez y Paula A. de Sarmiento, sorprendieron al joven de 25 años que dormía y lo redujeron tras un intenso forcejeo que terminó cuando lo golpearon con fuerza en los riñones, lo esposaron y en el auto particular de uno de ellos lo llevaron hasta la Seccional 26. Desde ese momento y hasta el viernes 27 de abril último, la vida de Juan Manuel Castro (27) fue un verdadero infierno: lo acusaron de haber violado a una joven, lo metieron dos años en el Penal de Chimbas en los calabozos de los abusadores sexuales y perdió todos su derechos: “Ahí adentro, evaluar el futuro o el presente se hace muy difícil. Se pierde el sentido de la responsabilidad, se terminan los sueños, las ilusiones, los proyectos. La única meta era demostrar que las cosas no eran como se planteaban. Gracias a Dios, ese momento llegó”. Cuidando cada una de las palabras que pronuncia, con buena dicción, claridad de pensamiento y un relato que estremece, Juan Manuel cuenta por primera vez cómo fue estar 23 meses en prisión ilegalmente por un hecho que, según la misma justicia, no cometió.

Al mediodía del viernes 27 de abril, los jueces Héctor Fili, Eugenio Barbera y Fernando Conte Grand fallaron que Castro había sido detenido ilegalmente, porque nunca hubo una orden de detención, ni un veedor judicial que verificara el proceder policial. Además, también resolvió que era inocente de la violación que le achacaban. Incluso, el tribunal ordenó investigar por falso testimonio a la denunciante, a los tres testigos que ofreció y a los dos policías que fueron a dar su testimonio sobre el procedimiento en el juicio. Ahora falta que estos jueces den a conocer sus fundamentos. Eso será el 14 de mayo próximo. De ahí se desprenderá qué responsabilidad le cabe también al juez Leopoldo Zavalla Pringles, del Primer Juzgado de Instrucción, donde se hizo la investigación del caso y no se corroboró el cumplimiento mínimo de los procedimientos judiciales.

“Me trataron como a un animal y nadie me pidió disculpas. Me sacaron desnudo de mi casa, con el short con el que dormía. Me pasearon así por la Central de Policía, en el patrullero por todo San Juan. Y hasta me dejaron desnudo en el calabozo porque me pidieron que les diera ese short como prueba.”, cuenta el muchacho que, hasta el momento de la detención, se ganaba la vida como promotor de una obra social.

Al atardecer de ese viernes que lo declararon inocente, el padre, la abuela, los tíos, la esposa y el hijito de Castro llegaron hasta el portón gris del Penal de Chimbas y esperaron el momento en que Juan Manuel era puesto en libertad. Y lo llevaron a su casa para cenar ravioles, juntos, en familia.

Sobre lo que pasó con la chica que lo denunció, Juan Manuel se limita a responder que “fue una relación consentida. La conocí en un boliche y aceptó ir a mi casa. Hasta me dejó de su puño y letra el número de celular anotado en un papel. Eso lo ofrecí como prueba en el juicio”. ¿Qué pasó, por qué lo denunció? Al parecer, la chica no se bancó que el joven no le pagara por la noche de placer. Y lo denunció. De todas maneras, no es algo sobre lo que Juan Manuel habla con precisión. Dice que “no le tengo bronca” a la chica. Y que no da más detalles “para no ensuciar a mi mujer”.

Durante el juicio se comprobó que la denunciante dio versiones distintas sobre lo que pasó esa noche, motivo por el cual los jueces piden investigar el falso testimonio.

Al momento de la acusación y la detención, Juan Manuel se había separado de su mujer hacía un mes. Su hijito tenía 1 años y 1 mes de vida. Y su vida era un infierno. Pero al tercer mes de estar preso en el Penal, ella empezó a llevarle a su hijo para que no creciera sin ver a su padre. Tres meses después, Juan Manuel había recuperado la relación con su mujer y ahora la valora más que nunca.

“Ver a tu familia en la cárcel es lo peor que te puede pasar. Despedirlos al terminar la visita es un dolor indescriptible. Muchas veces yo les pedía que no fueran”, relata el muchacho que volvió a comer un asado dos años después de la detención, en la casa de su abuela.

“En mi casa no duermo tranquilo. Escucho pasar un auto y me dan ganas de ir a la ventana a ver si se paró y me vienen a buscar de nuevo. Le tengo miedo a la gente. Se me faltó mucho el respeto en estos dos años. En los calabozos de Tribunales, mientras en el juzgado estaban muy tranquilos tomando café, a mí me metían en el segundo de los tres calabozos, al medio, donde van los detenidos por delitos sexuales, y me hacían de todo. Eso es un zoológico indescriptible. Y no tenía derecho a nada. Lo único que tenía era mi conciencia tranquila, pero legalmente eso no sirve”, dice, con crudeza.

El miércoles último, después del fin de semana largo por los feriados, Juan Manuel salió a la calle son su padre a buscar trabajo. “Recién el jueves –último pasado- salí solo al centro. Cuando estaba en la peatonal quería una brújula, es como si no supiera dónde estoy, qué voy hacer”, cuenta.

Volver a convivir en sociedad es el principal desafío de Juan Manuel. Y eso implica hacerlo con todos sus actores. Incluyendo a la policía que lo metió en este inframundo. ¿Qué pasa si te encontrás de nuevo con los policías que te metieron presos? “Son el diablo en persona. Eso mismo le pregunté a mi abogado: qué hago si me los cruzo. Sólo espero que no ocurra. Si pasa, espero estar con otra persona para que me ayude, sino, me cruzaré de vereda”. Tras la detención, la médica legista constató las lesiones que le provocaron en la comisaría, que lo hicieron orinar sangre, y lo ratificó en el juicio.

A pesar de estar expuesto a estas situaciones, este tiempo privado de su libertad le enseñó a Juan Manuel a valorar las cosas simples: “Yo no vi a mi hijo cuando aprendía a caminar; cuando empezó el jardincito; cuando aprendió a hablar. Esas cosas son las que me motivan a empezar de nuevo”.

Ahora, el Estado deberá responder

Los abogados defensores de Castro están esperando conocer los fundamentos de la Sala III para ver los pasos a seguir. Pero no hay dudas de que se convertirán en querellantes por la causa penal que se iniciará por los falsos testimonios y es inminente la demanda civil contra el Estado Provincial por los daños y perjuicios que le provocaron al muchacho con la detención ilegal.

“La decisión del Tribunal fue unánime. Pero tenemos que esperar a conocer en base a qué deciden absolver lisa y llanamente a Juan Manuel del delito que le imputaban. También habrá que ver qué pasa con el fiscal, si apela o no la decisión de la Sala III, pero es un hecho que no lo harán”, informó el abogado Federico Petrignani.

El caso dejó, hasta ahora, a seis personas sospechadas de falso testimonio: la denunciante, los tres testigos que ofreció y los dos policías (un oficial y un cabo) de la comisaría 26. A esto se agregará la investigación penal por presuntos apremios ilegales.