Cuando sus padres vivían en Caucete, él aún no había nacido. Tenían una sodería en el departamento y parecía que ese sería su lugar para siempre. Pero el terremoto del 77 lo cambió todo: el sismo destruyó su casa y, de un momento a otro, la situación de la familia se volvió insostenible. Sin otra opción, dejaron San Juan en busca de un futuro mejor. El destino los llevó a Tucumán, donde residía un familiar y donde comenzaron de cero. Allí nació Miguel, quien años más tarde se transformaría en el Oficial Gordillo, un verdadero embajador del humor.
Ahora, Miguel Antonio Martín -su nombre real- regresa a la tierra de sus padres con su espectáculo Gordillo 20 + 1, un show que celebra más de dos décadas de carrera. La cita será el jueves 21 de agosto, a las 20 horas, en el Teatro Sarmiento.
Las entradas están disponibles en Hoffmann Instrumentos Musicales, boletería del teatro y en entradaweb.com.ar.
"En realidad son 21 años. Pero le puse ´más uno´ porque sumé a un partner que se llama Zaúl Showman. Él interactúa mucho con la gente y eso me gusta, porque yo cuento los chistes y él se mete con el público. Antes hacía monólogos solo, ahora es un espectáculo con música, videos y esa interacción. Hacemos buena dupla, nos divertimos mucho y creo que el público lo nota. Ya hicimos dos funciones a sala llena y vamos por una más para la gente que se quedó afuera. Eso sí, aviso: es el mismo show, no se claven", dicen entre risas.
oficial gordillo
Miguel, durante su infancia, siendo bañado en la pileta de lavar la ropa por su madre.
El Oficial Gordillo tiene un vínculo especial con San Juan. “Yo tengo la ventaja de que mis padres son sanjuaninos, toda mi familia está acá: primos, tíos, abuelos… Mi hermano mayor vive en San Juan y tengo sobrinos sanjuaninos. Mis viejos se vinieron de Caucete después del terremoto del 77. Yo nací en Tucumán en 1978, pero desde chico veníamos todos los años a San Juan. Conozco Caucete, Pie de Palo, 9 de Julio, Las Chimbas, Pocito… Mi mamá nunca perdió la tonada, y en casa siempre se escuchó música cuyana. El público sanjuanino es alegre, tiene buena onda y le gusta disfrazarse”, asegura.
Y aunque nació en Tucumán, mantiene costumbres bien cuyanas: “Me encanta comer punta de espalda con jarilla. La otra vez comimos semitas y todo lo que había. De chico, en los veranos trabajaba en la panadería de mi tía en Caucete: vendía semitas, tortitas, trincha y marrasqueta. No sé si todavía existen, pero eran parte de mi infancia”.
Yo hablaba normal para mí, pero mis primos y tíos sanjuaninos se tentaban de risa con mi tonada. En las reuniones familiares me pedían que imitara a mis tíos o a mi abuela, y se armaba un show. Yo hablaba normal para mí, pero mis primos y tíos sanjuaninos se tentaban de risa con mi tonada. En las reuniones familiares me pedían que imitara a mis tíos o a mi abuela, y se armaba un show.
Aunque desde chico mostró una fuerte inclinación por el teatro y la actuación, sus padres no lo apoyaban en ese camino. “Nunca habían ido a un teatro, eran gente sencilla y tradicional. Me decían que eso era de vagos, que no era algo serio, y que me iba a morir de hambre si seguía por ese camino”, recuerda Miguel. Por eso, para no generar conflicto, estudió Análisis de Sistemas y consiguió trabajo en esa área. Sin embargo, su verdadera pasión no desapareció; hacía teatro a escondidas, participando en talleres y funciones mientras mantenía su empleo formal.
Pasaron cerca de diez años en esa doble vida: durante el día trabajaba en una oficina y por la noche se subía a un escenario. Pero la vocación fue creciendo hasta que, finalmente, el teatro comenzó a ocupar más tiempo y espacio en su vida que su “trabajo de verdad”. Entonces, con mucho coraje, decidió renunciar a la estabilidad laboral para dedicarse por completo a lo que lo hacía feliz: hacer reír a la gente.
Hoy, con más de veinte años sobre los escenarios y una amplia trayectoria que incluye reconocimientos como el Martín Fierro y varios Premios Carlos de la Gente, el Oficial Gordillo sigue siendo fiel a sus raíces. “Siempre estoy agradecido al público, a la vida y a Dios. Y aunque nací en Tucumán, siempre digo: soy tucumano con sangre sanjuanina”, concluye con orgullo.