A esas conclusiones, y a otras como que pudo haber
premeditado el crimen y no actuó bajo un estado de emoción violenta, arribaron
los psiquiatras y psicólogos de la Asesoría Pericial de San Isidro que
analizaron durante meses el estado de salud mental de Farré (52) y entregaron sus informes finales en la
Fiscalía Especializada en Violencia de Género de Pilar.
Más allá de que a pedido de la defensa aún se deben ampliar
algunos puntos de estas pericias que lo hacen plenamente imputable para la
causa, la fiscal Carolina Carballido Calatayud ya se puso a trabajar en el
requerimiento de elevación a juicio para que Farré sea juzgado cuanto antes por
el femicidio de Schaefer (44).
"La conducta homicida respondió a una etapa reflexiva
por parte del victimario y reconoce un ánimo preexistente de malestar, ira,
celos o resentimiento que actuó persistentemente sobre su personalidad y que
culminó en la descarga motora delictiva", dice la conclusión del informe
de las psiquiatras oficiales Liliana Varela y Ana María Harlap.
Si bien los estudios tardaron en llegar 230 días desde que
el 21 de agosto pasado Farré asesinó a su esposa, las psiquiatras afirman que
"al momento del hecho, el imputado no padecía insuficiencia de sus
facultades o alteración morbosa de las mismas, o estado de inconsciencia que le
impidiera comprender la criminalidad de sus actos y/o dirigir sus
acciones".
Los expertos además sostienen que "al momento de la
evaluación pericial, el peritado no padece sintomatología psicótica o
psicoorgánica que configuren enfermedad mental".
Los peritos agregan que "el insuficiente e inapropiado
manejo de la agresividad está ligado a los rasgos de su personalidad" y
que por ello "la peligrosidad para sí y para terceros está presente"
en Farré, a quien también describen como "un sujeto razonante y
calculador".
Frente a los hechos que se le imputan, los peritos destacan
que el gerente de marketing muestra "indiferencia", que "no hay
exteriorización de vivencias de angustia ni arrepentimiento" y que
"no presenta empatía".
A la hora de analizar un posible móvil del crimen, las
psiquiatras señalan que "la situación vital por la que atravesaba (Farré),
pérdida laboral y separación conyugal configuraron para él una herida
narcisista que no hizo más que profundizar conductas agresivas de hostigamiento
hacia la víctima".
En la pericia psicológica, las licenciadas Adela Ahuad y
Silvina Alberino también informan algo similar cuando afirman que Farré
"interpretó la denuncia de violencia de la víctima, el establecimiento del
perímetro de exclusión del hogar y el retiro de sus pertenencias del domicilio
conyugal como una vejación y provocación, habiéndolo vivido como una emboscada
y una revancha por parte de su esposa".
Al describir los rasgos principales de la personalidad de
Farré, las psicólogas señalan que es "de estilo narcisista, con rasgos
psicopáticos y paranoides".
Las psiquiatras concuerdan y agregan que Farré "en su
personalidad evidenció un patrón conductual caracterizado por una modalidad de
interacción con los demás del tipo egocéntrico, narcisista, frío y con
tendencias a mantener el control en las relaciones interpersonales".
Respecto a las circunstancias que antecedieron al hecho, los
psiquiatras señalan que no hubo "provocación circunstancial, situación
sorpresiva u otra motivación externa evidenciable".
También sugieren que hubo algún tipo de premeditación en los
actos que antecedieron en lo inmediato al homicidio cuando afirman que
"fueron llevados a cabo guardando lógica, dirección y objeto: quedar a
solas, cerrar la puerta tras de sí, contar con los medios para el ataque".
Los peritos descartan la emoción violenta -una de las
pretensiones del abogado Adrián Tenca-, cuando señalan que esos actos previos
"fueron adecuados para alcanzar un objetivo, lo cual requiere del sujeto
una organización mental a la que no hubiera podido acceder de haber sido presa
de un rapto emocional".