Todo tomó un rumbo inesperado solo en 48 horas. Martín Báez
llegó a Buenos Aires pensando que todo sería "un trámite, declarar y volver a
Río Gallegos”. Pero las cosas cambiaron de golpe: ahora su principal atención
está puesta en la salud de su padre, y en acelerar con los abogados los
trámites administrativos que le garanticen un régimen de visitas. Un duro ocaso
para el empresario con mayores vínculos comerciales con Cristina Kirchner.
La preocupación es mutua: Báez busca evitar el peor final
judicial para su hijo, y Martín vela por la salud de su padre y sus noches en
el Penal de Ezeiza. La comunicación con el resto de la familia que está en Río
Gallegos, es constante, pero por orden judicial aún deberá permanecer en Buenos
Aires, aunque quisiera volver al sur "lo antes posible", como
indicaron en su entorno.
En uno de los departamentos que tiene la familia Báez en
Capital Federal, que forma parte de los 79 inmuebles declarados por Lázaro Báez
en el marco de la causa Hotesur, pasó estos dos días Martín, el mayor de los
hijos varones del empresario K y su mano derecha en los negocios. Elige
exponerse lo menos posible, y aunque tiene la libertad de salir de su casa,
prefiere no hacerlo. "No es el mejor momento”, repiten en su círculo íntimo, y
la incertidumbre sobre la situación de su padre, van marcando el paso de estos
días.
La primera noche de Martín fue con consigna policial y con
un custodiado dispositivo para su llegada a los Tribunales de Comodoro Py a la
mañana siguiente. Al finalizar el
miércoles, le generó más tranquilidad, según contaron allegados, que después de
presentar el escrito ante la Justicia, ya no hubo presencia de fuerzas
federales en la puerta de su edificio.
"Parece más tiempo, pero solo pasó un día”, dijo Martín al
referirse a la detención de su padre. Ayer su mayor inquietud era el estado de
salud de su padre con quien no se pudo comunicar por varias horas. Lázaro Báez
sufrió una descompensación producto de su cuadro diabético y tuvo que
permanecer en el hospital penitenciario.
Aunque las comunicaciones telefónicas entre Martín y los
abogados comenzaron temprano, después del mediodía acordaron reunirse, una vez
que Lázaro termine de declararar en la causa que investiga Ricardo Echegaray
por enriquecimiento ilícito. Lo único que buscaban resolver ayer, era conseguir
la autorización necesaria para visitar a Báez en el penal, pero admiten que la
situación otorga "la peor foto, yendo a ver a su padre detenido”, como
describió una persona del entorno familiar.
Pero el trámite no resultaba sencillo, el dueño de Austral
Construcciones que manejó en doce años más de $ 21.000 millones en obra
pública, tiene 24 horas de adaptación en el penitenciario previo a comenzar a
recibir visitas. Su hijo, que sin estar detenido no se siente con mayor
libertad para movilizarse, permanece gran parte del tiempo en el departamento,
aunque reconoce entre los íntimos que cuenta con "la ventaja de no ser
conocido”. Las imágenes más reiteradas de él fueron las de la financiera SGI
contando millones de dólares.
Martín con 35 años reitera cada vez que puede, que se siente
"tranquilo” ante las acusaciones judiciales, pero con el correr de los días
observa que el escenario es cada vez más complejo. "Ellos hicieron todo bien, y
es lo que van a demostrar”, remarcaron desde el entorno del empresario K.
Mientras, el hijo de Báez defiende su patrimonio que creió 1.300% en cinco año
y el de su padre, que supera los $ 66 millones.