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LA MIRADA DEL LIBERALISMO DE IZQUIERDA FRANCÉS

Críticas a las "Lecciones argentinas" según Le Monde

Una muestra más de "esa permanente tarea de engrandecer todo lo pequeño y empequeñecer todo lo grande que se hace en la Argentina".

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Eric Calcagno

El liberalismo actual es de lejos la forma menos elaborada de ese pensamiento otrora fecundo. Hoy carece de argumentos políticos, de ejemplos económicos, de realizaciones sociales que fundamenten en los hechos su prédica; de allí la  práctica de la repetición: "¡Sublime y perpetua recapitulación!", tal decía Jorge de Burgos en su polémica sobre el conocimiento,
mantenida con Guillermo de Baskerville en las páginas de El Nombre de la Rosa.

Tal repetición, tal recapitulación, la transmisión permanente del mismo mensaje por todos los medios a disposición, por cualquier formato que se preste, ya sea gráfico, radial, televisivo o por Internet, ha tenido en la historia argentina efectos concretos. Y gravosos. Pensemos sólo en aquello de "los argentinos somos derechos y humanos" durante la dictadura, bálsamo para escamotear lo que se cometía en política, como aquel "achicar el Estado es agrandar la Nación" que servía para ornamentar el prolijo desguace del patrimonio acumulado de los argentinos.

Más cerca de este tiempo, la mítica "Doña Rosa" habilitaba las trapisondas noventistas. Un peso, se llegó a decir, valía un dólar. Primero la tragedia, luego la comedia, dicen. Podría agregar: por último, el grotesco.

Así, más allá de las circunstancias reales de la política, de lo que está en juego en concreto en la economía, de los planteos permanentes que hace la sociedad, la repetición de las generalidades del liberalismo realmente existente esconde la defensa de los intereses del establishment nacional e internacional.

En esa permanente tarea de engrandecer todo lo pequeño y empequeñecer todo lo grande que se hace en la Argentina, le ha tocado el turno al diario Le Monde. "Lecciones argentinas", se llama la nota publicada. Por cierto, no brilla por la originalidad del planteo: la Argentina estaría en decadencia, pero no cualquier decadencia: un "descenso al infierno" que dura 70 años. ¿Desde 1945, quizá? El culpable designado de tal decadencia no es ni más ni menos que el peronismo. Semejante hallazgo no parece merecer un hito en la epistemología del pensamiento humano, a menos que algún día entren al Panteón los conceptos más gorilas, como expresión del prejuicio político que impide pensar (según Horacio González). Quizá, en un desprecio importante a la percepción, experiencia, sentimiento y pensamiento del conjunto de los ciudadanos.

Las falsedades expuestas son múltiples. Veamos algunas.

El artículo afirma "que si hubiera que mencionar una única causa de la decadencia argentina señalaríamos al peronismo". Los datos sobre el crecimiento del PIB argentino que surgen de la OCDE (Angus Maddison, L'économie mondiale y de la UNCTAD), muestran que el PIB por habitante, que en 1976 era de 8000 dólares internacionales, se redujo a 7200 dólares en 2002; es decir, después del cuarto de siglo neoliberal, los argentinos tenían 800 dólares menos por habitante que 26 años atrás. Esta fue la época del oro del neoliberalismo, tan ensalzado por Le Monde. En cambio, en 2013 el PIB por habitante era de 13 mil dólares, es decir, casi se duplicó entre 2002 y 2013.  Además, en ese lapso la desocupación cayó el 21,5% al 7,3%; la tasa de inversión se elevó del 11% al 21% del PIB y las exportaciones se elevaron de 25 mil millones de dólares a 84 mil millones. Estos son los verdaderos resultados del "infierno peronista" en la última década.

Después, afirma que la Argentina está en default. No es así: la Argentina frente a la demanda de los fondos buitre no declaró ningún default, sino que pagó el capital e intereses en tiempo y forma; lo que existió fue una prohibición de cobro al 92,4% de los bonistas (que no son parte del juicio), por parte del juez de distrito de Nueva York. Una cosa es un default declarado por el país (que es el procedimiento normal) y otra la prohibición judicial de cobro para bonistas de una suma que pagó el supuesto "defaulteador".

Luego, el artículo se refiere a "la expoliación de los acreedores a intervalos regulados", que habría cometido la Argentina. Pues bien, en 2004, a poco de asumir el actual gobierno, la deuda pública con residentes en el exterior (sector privado, organismos multilaterales o agencias de gobiernos extranjeros) era del 61,2% del Producto Interno Bruto; en 2013, se había reducido al 11,6% del PIB. El neoliberalismo vivió del endeudamiento externo y se derrumbó cuando los acreedores no prestaron más. La política peronista es de desendeudamiento, que ha practicado durante toda su historia.  

Asimismo, este artículo teoriza sobre la realidad argentina, repite los eslóganes del establishment y da por comprobado lo que debería demostrar. No ofrece una sola prueba de sus afirmaciones, asentadas que están sobre los prejuicios dominantes. Además, incurre en gruesos errores; por ejemplo, denigra la expropiación de la mayoría accionaria de la petrolera Repsol y la nacionalización de los fondos de jubilación privada.

Con respecto a Repsol fue notorio el incumplimiento de la concesión que se le otorgó, porque no exploró nuevas áreas petroleras y pasó de ser exportador a importador neto de combustibles. Fue la consecuencia de la política liberal en materia de hidrocarburos, resumida en explorar poco, extraer mucho y exportar todo lo posible. Revertir esa situación implicó abandonar la visión liberal para adoptar una política nacional que privilegia las necesidades de la sociedad argentina en su conjunto. Por desgracia, no se recomponen los desastres liberales en poco tiempo: hay que hacer política, construir poder, conseguir los consensos e instrumentar las acciones.

En cuanto a los fondos de pensiones era un negocio financiero pero no un procedimiento para pagar a los futuros jubilados. El 36% de los aportes que debían realizar los futuros jubilados durante su vida activa, era captado por los fondos de pensiones como comisiones por la administración de los fondos. Nadie parecía quejarse demasiado, ni las AFJP ni los medios que recibían publicidad, ni los evasores de capital a gran escala. Sólo sufrían los trabajadores argentinos, los jubilados de entonces y los que iba a jubilar con ese régimen. Pero pareceque el infierno populista destruyó ese paraíso liberal. ¡Peronismo!

Tales conceptos parecen más destinados a ennegrecer las páginas de Le Monde, que avanzar alguna teoría explicativa. En efecto, no es necesario viajar, sino basta frecuentar algún cenáculo conservador, compuesto por "señoras gordas" o engordados empresarios, engolados referentes diz-que-políticos para encontrar las mismas ¿ideas?. Peor aún: el oligopolio mediático local ha repetido en coro el artículo de marras.

No hay que sorprenderse pues, de este artículo de Le Monde, llamado "lecciones argentinas". Emplean un viejo método: como los liberales no tienen razón –ni funciona la confusión entre su interés sectorial y el interés nacional– tratan de demostrar que los demás están equivocados. Se completa así un mecanismo de acción psicológica, donde los medios oligopólicos locales largan operaciones de prensa sin fundamento, que son validadas por expertos (el "economista" de cabecera, o el "constitucionalista", o el "analista"), luego retomadas por medios internacionales que propagan a nivel global ese mismo mensaje, que es replicado esta vez a nivel local por los mismos medios que lo lanzaron, y que toman la opinión extranjera como prueba válida.

Por último, no deja de ser equivocado decir que el diario Le Monde representa la izquierda francesa; antes, sin duda, en los tiempos de Hubert Beuve-Méry, Jacques Fauvet y Claude Julien (ese espíritu sobrevive hoy en Le Monde Diplomatique, que es mensual y sí, de izquierda). Hoy Le Monde es más vocero del liberalismo de izquierda, que es donde decayó una social-democracia europea que supo encarnar en otra época los valores de justicia social que aquí, en Nuestra América, levantan los movimientos populares. Como el peronismo.

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