Si finalmente Dellarossa gana, aunque sea por escaso margen, será un espaldarazo grande a la alianza provincial entre la histórica UCR y el advenedizo Pro. Es que el macrismo tiene candidatos mediáticos, al estilo del cómico Miguel Del Sel en Santa Fe. En Córdoba los tiene al árbitro de fútbol Héctor Baldassi, al golfista Eduardo “Gato” Romero y al dirigente de básquet Felipe Lábaque. Es la reencarnación de la farándula política de los ’90, durante la Segunda Década Infame. Pero ojo, detrás de la aparente indigencia ideológica de estos personajes descansa una ideología bien marcada. Es la misma del viejo y perfumado Partido Demócrata, la misma de la nunca bien ponderada UCeDé de Álvaro Alsogaray y de su multiprocesada hija María Julia, símbolo de la corrupción menemista. Y también es la misma ideología que sostuvo el proyecto económico de la última dictadura cívico-militar. De hecho, no por casualidad, el dirigente de ese gran mundo de la derecha reaccionaria, Carlos Oulton, trajo hace unos días a Vicente Massot, director del ultraderechista diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca y defensor confeso de los genocidas. Vaya si hay ideología detrás de la aparente nada y de la nueva farandulización de la política.
Volviendo adonde estábamos, si este domingo 7 de agosto gana la alianza UCR-Pro, póngale la firma que esa fórmula se reproducirá a nivel provincial. Y eso explica por qué muchos radicales de buena cepa estarán esperando una derrota.
Por otro lado, si gana el peronismo, habrá ganado el delasotismo, y dentro de él, el gran ganador será el ministro de Desarrollo Social, Daniel Passerini, dando un paso importante en la carrera por suceder a José Manuel de la Sota.
El gobernador pareciera decidido a dar el salto a Buenos Aires. Si no le alcanza para ser presidente intentará al menos ser uno de los hombres fuertes de un eventual gobierno del actual peronismo en la oposición. Pero hay que recordar que en 2003 también había dicho que si no llegaba a la Casa Rosada de ninguna manera repetiría en Córdoba, cosa que terminó haciendo. De cualquier manera, la estrategia de De la Sota está clara y es dar algo de aire a sus principales espadas para que vayan jugando, y sobre todo para mantener alambrada su quintita, que es ni más ni menos que el peronismo del segundo distrito electoral del país.
En la grilla, además de Passerini, están el ex gobernador Juan Schiaretti y el ministro de Industria y Comercio Martín Llaryora. A ellos quizás haya que sumar en el futuro al intendente de Villa María Eduardo Accastello, quien suena cada vez con más fuerza con su regreso al peronismo cordobesista. Es que por un lado Accastello quiere participar de eventuales PASO (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias) y para De la Sota es importante que no se fuguen votos peronistas a otras alternativas electorales, para mostrar fortaleza en Córdoba a la hora de reclamar en Buenos Aires a sus socios políticos.
Además, Accastello está en campaña desde hace rato. Y no oculta su pragmatismo, el que lo podría dejar en el kirchnerismo o llevar de vuelta al seno del delasotismo.
Schiaretti es diputado nacional y eso tiene la desventaja de mantenerlo varios días en Buenos Aires. Además no tiene responsabilidad de gestión y no puede mostrar obras, aunque apela a su pasado de gobernador “hacedor”. De todos modos, dos días a la semana recorre el interior de la provincia en campaña.
Quizá la jugada más arriesgada del Gringo haya sido su acercamiento con Olga Riutort, quien aspira a ir por la intendencia de Córdoba. Se las ha visto varias veces juntas a la ex esposa de De la Sota con la actual esposa de Schiaretti, la concejal Alejandra Vigo.
Passerini tampoco oculta que está en carrera, y ocupa quizás el mejor lugar para hacer política, porque desde Desarrollo Social se maneja un presupuesto importante y porque se puede llegar a los sectores más necesitados.
A su gestión, Passerini sumó su actividad política en Marcos Juárez, donde se juega una patriada este domingo. Tiene poco que perder y mucho que ganar, porque su candidato Fragazzini había arrancado muy atrás, y ahora está en carrera. Si llegara a ganar, sería un empujón importante para el ministro.
Y por último Llaryora no oculta en privado su aspiración de ser el sucesor de De la Sota. El ex intendente de San Francisco y actual ministro de Industria y Comercio recorre el interior con distintos planes para reactivar la actividad, que está bastante alicaída. Por un lado, por el parate general, pero además porque en Córdoba se suma una presión impositiva mayor por la tasa vial. Sin embargo, Llaryora se las arregla como para que no aparezca su imagen asociada a la recesión.
El Macri cordobés, pero radical. Alguien que tiene muchos puntos en común con Llaryora es Ércole Felippa, porque es también del departamento San Justo y porque es empresario, titular de la Unión Industrial de Córdoba. Por eso deben sentarse a discutir bastante seguido.
Y podrían llegar a competir por la gobernación el año que viene si ambos superan sus respectivas internas. Es que el empresario devenido en político ya se lanzó dentro del espacio de la Unión Cívica Radical.
Este empresario, bajo la pantalla de la cooperativa Manfrey (de cooperativa tiene sólo la forma y el nombre) ha logrado posicionarse en la crema del empresariado más de derecha de la Argentina, ligado no sólo a la UIC sino a entidades sectoriales como la Fundación Mediterránea.
Si en Marcos Juárez el Pro junto con la UCR se impone, el envión podría aupar a Felippa, que por su perfil uniría al macrismo y al radicalismo. El macrismo, además de lo que ya explicamos de su aparente vacío que oculta una ideología claramente neoliberal, necesita imperiosamente una estructura. Con figuras inventadas como las del Gato Romero, Lábaque, Baldassi, o el mismo Felippa, no se ganan elecciones. Y sólo el radicalismo, junto con el peronismo, pueden ofrecer una estructura provincial que llegue hasta el último pueblito de Córdoba. Además, no se trata sólo de ganar elecciones, sino que después hay que gobernar, y los muchachos de Macri tienen fama, dinero y poco más. Nunca se han puesto a trabajar en serio en un equipo. Por eso Romero no será candidato a intendente de Villa Allende, elección que probablemente ganaría sin despeinarse. En el Pro prefieren que sus figuritas ocupen candidaturas legislativas (donde luego calentarán sillas sin mayores problemas) y que aporten votos a la candidatura nacional de Mauricio. Y en la provincia, aprovecharse de la estructura del radicalismo, que ingenuamente parece seguir caminando hacia el suicidio político.
En ese contexto emerge la figura de Felippa, que terminará por desdibujar la imagen de un radicalismo más político y tradicional, el que con aciertos y errores está tratando de reconstruir Mestre desde la municipalidad. Algunos podrán decir que con más errores que aciertos, pero por lo menos en la forma es el radicalismo más tradicional, no este que se viene de la mano de Aguad y Felippa.
A pesar de que su mandato al frente de la UIC vence en septiembre, y que sus allegados repiten que no quieren mezclar lo político con lo empresarial, Felippa ya debutó como candidato en un acto en Río Primero organizado por el angelocismo.
En ese acto Felipa se dedicó a hablar sin decir nada sobre la pobreza, fiel al estilo macrista, o massista, es lo mismo. Hoy por hoy, no hay que hablar tanto de los pobres, sino hablar un poquito más de los ricos. O lo que es lo mismo, hablar de cuáles son las causas de la pobreza, Felippa.
Después de una seguidilla de frases vacías, el empresario dijo: “Estoy convencido de que podemos tener una Córdoba mejor, pero tenemos que estar preparados para eso. Es tiempo de recuperar la esperanza y el orgullo de ser cordobeses. No podemos seguir resignados a estar como estamos (...) Quiero invitarlos a que pensemos de manera distinta. Soñemos juntos con una Córdoba mejor”. Ni una sola alusión al radicalismo, ni una sola referencia a la política. Siguió con las frases hechas y con alusiones al cordobesismo, sin mencionarlo.
El gran problema de Felippa es que si bien tiene inserción en el mundo empresarial, a nivel general tiene un desconocimiento del 80 por ciento. Es decir que no lo conoce nadie a nivel del pueblo de Córdoba.
Y si las elecciones provinciales son ratificadas finalmente para el mes de junio del año que viene, no habrá consultor ni empresa de marketing político que valga para poder posicionarlo en la consideración de los cordobeses.
Por eso, ya hubo una primera reunión con el consultor Eduardo Fidanza, de la empresa Poliarquía, para ver qué estrategia puede invocarse para lograr rápidamente un rodaje político que lo haga conocer a nivel masivo. Es decir, una solución mágica que haga contrarrestar la falta de militancia política, algo que cae muy mal en el grueso de la militancia radical y también en muchos de los viejos dirigentes, acostumbrados a otro tipo de conductas para llegar a aspirar un cargo de conducción.
Y esa falta de calle, esa falta de comité, también lleva a Felippa a mandar otro mensaje dentro del radicalismo: no sólo que quiere ser el candidato a gobernador del centenario partido, sino que además quiere serlo por aclamación y sin oposición, lo cual despierta sonrisas socarronas por un lado e iras por otro.
Ya dijo que si Mestre, Aguad, Juan Jure o cualquier otro tienen intención de ser, él dará un paso al costado. Es decir, rehúye la posibilidad de una interna, en un acto claramente antidemocrático.
Y encima redobló su apuesta y anunció que tampoco va a aceptar ser candidato a vice, porque no quiere ser segundo de nadie.
De hecho, estuvo a punto de aceptar la postulación en nombre del macrismo. Pero no lo hizo sabiendo que en un eventual acuerdo con el radicalismo, al Pro le tocará el segundo lugar. Por eso decidió ir por todo dentro del radicalismo, apelando a sus supuestas simpatías radicales de siempre.