Cuando la defensa de Pampín apeló su condena alegó que el testimonio de Paula carecía de “lógica y sentido común”. Y cuestionó que “una alumna brillante”, como era ella, pudiera ser una prostituta. El empresario siempre negó que hubieran tenido sexo y dijo que, de haber sabido su edad, no lo hubiera hecho. Sus abogados argumentaron además que, como el empresario es “una persona conocida, que trabaja en los medios y que su foto puede hallarse en Internet”, la víctima “pudo equivocarse y pensar” que tuvo sexo con él, guiada por “los cheques de su empresa” incautados a los explotadores. En relación a esos documentos, que los proxenetas usaban para pagar alquileres, la defensa adujo que por la “crisis que se vivía en el país (en 2001), eran pasados de mano en mano”.