Adam Curlykale tenía el 90% de su cuerpo tatuado. El hombre tuvo cáncer de intestino grueso y el tratamiento de quimioterapia le provocó la desaparición parcial del pigmento de su piel, una afección más conocida como albinismo.
Deprimido por el aspecto de su piel, a los 20 años decidió comenzar a tatuarse con tinta negra.
“Los tatuajes me permitieron descubrirme nuevamente. Me convertí en bello”, aseguró Curlykale, quien a los 32 años tiene hasta los globos oculares llenos de tinta.