Con sus poco más de
30.000 habitantes y sus 61 km cuadrados de superficie -aproximadamente el
tamaño de la isla de Manhattan-, la pequeña república de San Marino bien podría
definirse como un caso de arqueología política: el único ejemplo viviente de
las llamadas ciudades-Estado que dominaron el centro y el norte de la península
itálica entre los siglos X y XV.
Pero mientras que la historia borró las fronteras de
Venecia, Bolonia o Milán, San Marino perduró en el tiempo y se convirtió en un
pequeño país incrustado en la Italia moderna. Un enclave a poco más de 10 km de
la costa adriática y a 150 km al este de Florencia, donde el italiano es la
lengua oficial y que, aunque no pertenece a la Unión Europea, usa el euro como
moneda.
La república más antigua del mundo, dicen los expertos.
Y también, aseguran, la única donde se eligen dos jefes de
Estado -llamados "capitanes regentes"- que comparten el cargo más
alto del país y sus responsabilidades.
En el origen de esta "rareza política" reside,
quizá, parte del secreto de la larga historia de este enclave como estado
independiente.
San Marino se convirtió en un pequeño país incrustado en la
Italia moderna.
"La idea de mantener un control sobre el poder era muy
fuerte. En comunidades tan pequeñas era importante que nadie tomara demasiado
poder. Muchas veces, esas ciudades estaban enfrentadas contra el emperador o el
Papa. De modo que dentro de las ciudades era necesario tener algún tipo de
democracia", dice la profesora Valentina Rossi, doctora en Historia por la
Universidad de San Marino.
"En ese sentido, la idea de tener dos jefes de Estado,
en San Marino fue tomada de la República Romana, del tiempo de los cónsules.
Eran dos para que uno controlara al otro. Era una forma de no concentrar demasiado
poder en una sola persona", agrega en diálogo con BBC Mundo.
Esta forma de gobierno data al menos de 1243, año en el que
se eligieron los primeros "capitanes regentes" de los que se tiene
constancia escrita.
Desde entonces, San Marino renueva a su pareja de jefes de
Estado cada seis meses, un mandato breve que en origen -señala Rossi- también
buscaba evitar que acumulen demasiado poder.
"A veces se critica que seis meses es demasiado poco
tiempo para hacer algo. Pero es muy difícil cambiar esta institución porque es
una cuestión de tradición e identidad, no de si es útil o no", apunta la
profesora de historia sanmarinense.
San Marino renueva a su pareja de jefes de Estado cada seis
meses.
"Es raro porque para nosotros, al ser un país tan
pequeño, nos conocemos los unos a los otros, así que tu hermano, tu primo o tu
amigo podría ser capitán regente", añade.
En la actualidad, los capitanes regentes deben pertenecer y
ser votados por el Parlamento de San Marino, el llamado "Consiglio Grande
e Generale", que consta de 60 miembros y es renovado cada cinco años.
Sin embargo, hasta 1945, esa elección no se realizaba
mediante votación sino a través de un sorteo.
"Se introducían los nombres de parejas posibles en un
recipiente y se extraían al azar. El cambio en la forma de elección hizo que
los capitanes regentes sean siempre representantes de los partidos que tienen
mayoría en el Gran Consejo General. Antes podían pertenecer a cualquier partido",
comenta la experta.
La reforma de 1945 también modificó las funciones de los
capitanes regentes, que a partir de aquel momento dejaron de tener un papel
ejecutivo importante -desempeñado ahora por los secretarios de Estado- y
adoptaron una función más simbólica.
"Son los presidentes de nuestro parlamento y tienen que
firmar todas las leyes, pero no diría que es un poder ejecutivo, sino de
control dentro de San Marino. También tienen la responsabilidad de representar
al país ante otros países", dice la profesora sanmarinense.
Ese es quizá, su aspecto más visible de puertas afuera del
país.
En 1974, se permitió que las mujeres pudieran ser elegidas
en San Marino.
"San Marino está representado en organizaciones
internacionales como la ONU y otras, y a veces tenemos problemas cuando
nuestros jefes de Estado van allí porque normalmente sólo hay un asiento, no
dos. Incluso las sillas son a veces un problema", agrega entre risas.
La presencia de mujeres en el cargo es, sin embargo, mucho
más reciente.
El voto pasivo se instituyó en 1964 y diez años después, en
1974, se permitió que las mujeres pudieran ser elegidas. La primera capitana
regente llegó en 1981. Hasta la fecha, nunca hubo dos capitanes regentes
mujeres.
"Hemos tenido hombre y mujer, pero no dos mujeres. Ese
es nuestro siguiente objetivo, nuestra siguiente renovación", sugiere
Rossi.