Este gigoló sí que estafó en grande

Susanne Klatten, heredera de la empresa automovilística BMW, fue extorsionada por un amante que le amenazó con difundir grabaciones íntimas.
lunes, 24 de agosto de 2015 · 21:31

Corría el año 2007 cuando una noticia causó sorpresa en Europa, sobretodo porque tocó a la familia más poderosa de Alemania.

Susanne Klatten, de 46 años y heredera de la empresa automovilística BMW (cuyo patrimonio se estima en 8.000 millones de euros) fue embaucada por un "hombre fascinante de ojos azules, alto y delgado", según sus propias palabras.

La historia comenzó a mediados de 2007, cuando Klatten conoció en la cafetería de un hotel de Innsbruck a Helg Sgarbi, un hombre de nacionalidad suiza de 46 años con el que enseguida conectó. Desde aquel momento sus encuentros fueron cada vez más frecuentes y la multimillonaria se enamoró perdidamente de él. 

Las habitaciones de varios hoteles en Munich y Montecarlo fueron los únicos testigos de su romance, o por lo menos ella pensaba en un primer momento, porque ignoraba que lo que parecía una bonita historia de amor, no era más que el principio del que se convertiría en uno de los chantajes más sonados de Alemania. 


Helg era un gigoló que actuaba bajo las órdenes de su cómplice, el italiano Ernano Barreta, para sacar a la heredera el máximo posible. La primera vez que le pidió dinero, Helg le contó que había tenido un accidente de coche en Estados Unidos en el que había atropellado a un niño, que resultó ser el hijo de un mafioso, y ahora éste le estaba chantajeando y pidiéndole grandes sumas de dinero. La historia inventada por el suizo y su cómplice surtió efecto, ya que Susanne le entregó siete millones y medio de euros.

Pero no tuvieron suficiente con esta cifra. Lo siguiente fue que Barreta grabó algunos de sus encuentros en hoteles desde habitaciones contiguas y Helg amenazó a la alemana con sacarlos a la luz a no ser que recibiera dinero a cambio, según la prensa alemana, cuarenta millones de euros, cifra que iba cada día en aumento y, cansada de continuar adelante con el chantaje, decidió poner fin a la extorsión por la vía legal. 

A pesar de ser muy famosa en su país por su inmensa fortuna, a Susanne siempre la ha gustado pasar desapercibida, no le gusta ir a las fiestas lujosas, ni tener caprichos extravagantes. Pero en esta ocasión, y a pesar de querer mantener en una discreta posición, la terrible situación que estaba viviendo la obligó a ir a la Policía y denunciar a los dos extorsionadores, a sabiendas de que el caso se convertiría en el centro de la atención pública. 

Nada más hacer la denuncia, los dos sospechosos pasaron a disposición policial. Tiempo después Sgarbi fue condenado a seis años de prisión. 

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