Antes de hacer efectiva su renuncia y de que comience el llamado periodo de “sede vacante” a las 19.00 horas GMT del próximo día 28, Benedicto XVI empezó a decir adiós a los fieles con este acto, previo a la audiencia general del miércoles, considerada como la despedida oficial.
"Dios me pidió dedicarme a la oración y a la meditación", aseguró ante miles de personas congregadas en la plaza de San Pedro para su último Ángelus como pontífice, pero precisó que no "abandonará" a la Iglesia.
Con la voz entrecortada por la emoción e interrumpido por los aplausos, el Papa aseguró: "En este momento de mi vida siento que la palabra de Dios está dirigida a mí. El Señor me llama a 'subir al monte', a dedicarme aún más a la oración y a la meditación".
El Papa, que fue interrumpido varias veces por los aplausos y gritos de "gracias, gracias", estaba visiblemente emocionado. "Si Dios me pide esto es justamente para que pueda seguir sirviendo a la Iglesia con la misma dedicación y amor con el que lo he hecho hasta ahora, pero de una manera más adecuada a mi edad y a mis fuerzas", explicó.
En un gesto inédito en la historia reciente de la Iglesia, recibió alabanzas de la muchedumbre congregada en la explanada, que izaba numerosos carteles y banderas, entre ellos uno inmenso que rezaba en italiano: "Querido Papa, nos vas a hacer falta".
El ángelus fue pronunciado desde la ventana de su estudio privado en el palacio apostólico. Según el vocero del Vaticano, padre Federico Lombardi, más de 100.000 personas asistieron.
Como es habitual durante el saludo dominical, el Papa se dirigió en varios idiomas a los peregrinos, entre ellos en español y concluyó con un sentido: "Estaremos siempre cerca".
Un dispositivo de seguridad especial vigiló San Pedro, en la que cuatro pantallas gigantes permitirán que las decenas de miles de fieles que se espera que llenen este domingo la plaza puedan seguir todos los movimientos del papa.





