Tras un matrimonio de apenas un año y una separación en 2021, Marcela Vanina Ramírez, de 34 años, reclama en la Justicia que su estado civil vuelva a ser soltera. Su caso, inédito en la Argentina, ya fue rechazado en dos instancias pero ella insiste: “No quiero cargar de por vida con una palabra que no me representa”.
Marcela Ramírez estuvo casada un solo año después de una relación de una década. En 2021 firmó el divorcio convencida de que así cerraba un ciclo. Pero pronto descubrió que la ruptura legal no terminaba con todo: la palabra divorciada seguía apareciendo en cada trámite, en cada papel, incluso en situaciones sociales que la hacían sentir observada.
“Es absurdo. No tengo nada que ver con esa persona, ¿por qué sigo cargando con ese rótulo?”, dijo. Y agregó: “El divorcio debería ser un punto final, no una marca eterna”. “Es absurdo. No tengo nada que ver con esa persona, ¿por qué sigo cargando con ese rótulo?”, dijo. Y agregó: “El divorcio debería ser un punto final, no una marca eterna”.
El reclamo no es menor: el estado civil aparece en registros oficiales, contratos, créditos, escrituras y hasta en la inscripción escolar de los hijos. Para Marcela, no se trata de burocracia sino de identidad. “El término divorciado significa ‘separado de’. Te deja atado a algo que ya no está en tu vida, como si fueras un ser incompleto”, explica.
Con el acompañamiento de su abogada y amiga, Tamara Altamirano, presentó la demanda en Rosario. En 2023, el juez de primera instancia la rechazó sin abrir el expediente, y en mayo pasado la Cámara de Apelaciones confirmó la decisión. Los magistrados sostuvieron que quien se casa ya no puede volver a ser soltero y que el planteo carece de fundamento jurídico.
Pese a los reveses, Marcela no se detuvo. Junto con Altamirano ahora impulsa el debate en el plano académico y legislativo. “El estado civil es parte de la identidad, como el nombre o el género. No puede ser que la Justicia se limite a decir que ‘siempre fue así’”, señala la abogada.
Su pedido no tiene antecedentes en el país ni en la región, aunque sí en naciones como Estados Unidos e Italia, donde una persona puede volver a figurar como soltera tras un divorcio. “No estamos en contra del divorcio, al contrario, lo defendemos. Pero queremos que sea real, que cierre un ciclo y no que deje una marca de por vida”, sostiene Marcela.
Mientras tanto, continúa visibilizando su historia en busca de eco social y político. “No es un capricho, es una cuestión de dignidad. No quiero cargar con una palabra que no me representa”, afirma. Y confía en que su lucha pueda abrir una puerta: “Los derechos no pueden estar petrificados, tienen que adaptarse a los cambios sociales”.