Lo que estaba planeado como una gesta gastronómica para celebrar los 25 años de la parrilla “El Tano” y conmemorar el 25 de mayo, terminó convirtiéndose en un escenario de desorden y tensión en pleno centro de Avellaneda. El objetivo era ambicioso: confeccionar un sándwich de matambre a la pizza de aproximadamente 750 a 771 metros de largo para batir el récord Guinness.
La magnitud del desafío
La logística, que comenzó a las 11 de la mañana, incluyó el despliegue de más de 100 personas, el uso de camiones para trasladar la carne y el armado de una estructura kilométrica sobre tablones a lo largo de la avenida Mitre. Para alcanzar la marca se utilizaron cifras astronómicas: entre 1.500 y 1.800 kilos de matambre, 1.050 panes de gran tamaño y 7.500 huevos, además de jamón, mozzarella y salsa.
El factor de la demora y el inicio del caos
A pesar del despliegue de seguridad municipal y policial, la jornada se vio afectada por fuertes demoras. El protocolo de Guinness exigía que el juez certificara cada detalle antes de permitir el corte. Esto provocó que, para las 16:00, los cocineros aún estuvieran trabajando, lo que elevó el malestar de las aproximadamente 30.000 personas presentes.
Cerca de las 18:00, el clima festivo se rompió. Según relató Fabio Caschetto, dueño del local, el descontrol se inició cuando "dos tontos" saltaron las vallas, provocando un efecto contagio en la multitud. La gente se abalanzó sobre las mesas en las zonas de Chascomús y Mitre, produciéndose empujones, corridas y hasta el robo de elementos del montaje del evento.
Embed - No se logró el récord: Caos en Avellaneda por un sándwich gigante
Un homenaje que trascendió el incidente
Para Caschetto, el evento tenía un peso emocional profundo: era un tributo a su padre, con quien fundó la parrilla en la crisis de 2001 y quien falleció hace cuatro años. A pesar del "sabor amargo" por el comportamiento de algunos asistentes, el dueño prefirió destacar el trabajo realizado "centímetro a centímetro".
Finalmente, el objetivo principal se cumplió: el récord fue certificado por un escribano y los documentos ya fueron enviados a la organización Guinness para su validación oficial. La jornada dejó una lección de perseverancia para la familia Caschetto, quien resumió el sentir de la organización: “Nos equivocamos, es perfecto. Pero seguimos para adelante”.