El "Retrato de Elisabeth Lederer" de Gustav Klimt se ha consolidado como la obra de arte moderno más cara jamás vendida en una subasta.
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SUSCRIBITEMirá cuánto se pagó por un cuadro pintado por un artista autríaco fallecido en 1918, y el video de la histórica subasta.
El "Retrato de Elisabeth Lederer" de Gustav Klimt se ha consolidado como la obra de arte moderno más cara jamás vendida en una subasta.
Esta pintura, que es un retrato de cuerpo entero de una heredera de 20 años, alcanzó la asombrosa suma de US$236,4 millones en Nueva York, estableciendo un nuevo récord mundial para una obra de arte moderno. La venta fue llevada a cabo por la firma estadounidense Sotheby's el 18 de noviembre, marcando también un hito como la obra más cara jamás vendida por esa institución.
La subasta del retrato de Klimt fue una velada animada y llena de récords. La obra era la pieza central de la venta de la colección del multimillonario heredero de la fortuna cosmética Estée Lauder, Leonard A. Lauder.
El precio de salida del Klimt se estimó en unos US$130 millones. Lo que siguió fue una "batalla de pujas" o una "guerra de ofertas" entre seis interesados, que se prolongó por un total de 20 minutos. El subastador, Oliver Barker, presidente europeo de Sotheby's, señaló durante la venta que el lote representaba "realmente una de las últimas oportunidades de adquirir un (retrato) de esta importancia del artista".
El precio de US236,4millones pulverizó el récord previo para el autor, que eran los US108 millones conseguidos por la pintura "Dama con abanico" (1917-18) en una subasta en Londres en 2023.
Además de ser el retrato de arte moderno más caro, la obra de Klimt superó a "Shot Sage Blue Marilyn" (1964) de Andy Warhol, que se había vendido por US$195 millones en 2022, para convertirse en la segunda obra de arte más cara jamás subastada.
Solo es superada por el "Salvator Mundi" de Leonardo da Vinci (c1500), vendido en 2017 por US$450,3 millones.
La complejidad provocadora del lienzo de Klimt no se basa en la opulencia manifiesta de su "período dorado" (como en "El beso"), sino en una intensidad psicológicamente más profunda. Creado durante los últimos años de vida del artista, el retrato de Elisabeth Lederer, hija de una de las familias judías más ricas de Viena, está cargado de detalles provocadores y culturalmente complejos.
Klimt incorporó en la vestimenta de Elisabeth una "encantadora conspiración de formas" que yuxtaponen símbolos del poder imperial (como dragones de la dinastía Qing que representan la autoridad cósmica) con insinuaciones de orígenes biológicos. El artista tejió formas ovoides y concéntricas que recuerdan las imágenes microscópicas que obsesionaban a Klimt mientras asistía a clases de anatomía y embriología en Viena.
La historia del lienzo se extiende más allá del marco: el retrato fue incautado por los nazis después de la anexión de Austria en 1938. Años después de la muerte de Klimt, la propia Elisabeth Lederer, en un acto extraordinario de supervivencia, afirmó falsamente que Klimt (un artista no judío) era su padre biológico para obtener protección de las autoridades nazis, lo que fue corroborado por su madre Serena.
La historia de la obra, tanto en su riqueza visual como en su dramática supervivencia, contribuye a su valor incalculable. La venta del retrato de Lederer demuestra que, a pesar de las dificultades recientes en el mercado global de arte, las obras maestras con historias profundas y significado artístico siguen generando triunfos espectaculares.
