Editorial

Recobrar impulso en medio de la locura de los dos tableros

A nivel político y económico, se reactivan los motores. El gran desafío, en San Juan y en todo el país: como salir de la lógica enloquecedora de los dos tanteadores.
sábado, 7 de noviembre de 2020 · 10:38

Vivimos una diaria signada por dos cifras cotidianas, en rojo o en verde de acuerdo a la tendencia de cada jornada. Un tablero marca el goteo de los casos Covid, discriminado en varias partes: por procedencia nacional o provincial, por nuevos casos o muertes. El otro tablero es el del dólar, también con atención repartido en su variedad de opciones: oficial, CCL, blue (también llamado libre, no sin intención).

Esos tanteadores marcan el microclima en el que hay que moverse. El del Covid, marca hoy un índice más preocupante en la provincia que en la Nación, ante el cambio de tendencia. Tantos meses en la burbuja gaseosa, que los sanjuaninos habíamos perdido la noción de la dura realidad global. Y ahora que nos golpea la puerta, llena de incertidumbre pero sin alcanzar el temor lógico de una escalada como la que se advierte en las cifras cotidianas.

Que bien haría falta: un buen efecto miedo que sacuda la candidez sanjuanina, notable a cada paso de microcentro, bicicleteadas, paseos y especialmente convocatorias a bares y encuentros borders. El peligro más comprobado para una escalada como la que vivimos, las reuniones familiares o de amigos, vector por excelencia de la transmisión y sin encontrar ni siquiera la limitante del miedo al contagio.

Con su reflejo sobre los hechos en la cantidad de camas ocupadas, un ritmo creciente a nivel público y privado que se acerca a la capacidad máxima, como explicó esta semana Mario Penizzotto del Colegio Médico. Danger.

El otro tablero, el del dólar, con un acto reflejo subyacente: los precios cotidianos. El de los alimentos, también las remarcaciones en sectores que no deberían, pero ocurren: el hierro, elementos para la construcción variados, las verduras no estacionales, siguen las firmas.

Bien arriba ambos tableros, siempre que marquen cifras al alza. Ahora que comenzaron a desinflarse los números en rojo, su exhibición cotidiana comenzó proporcionalmente a perder gas. Señal inequívoca de que importan más cuando suben que cuando bajan, se muestran o se quitan a fuerza de interés.

Justamente, también síntoma evidente de que existen numerosos grupos a los que les cabe más el alza que la moderación. Que coquetean con el estallido, cuanto peor mejor. Y habrá de sorprender su integración: muchos con la camiseta argentina y la 10 en el pecho, muchos también sin más interés que ver la situación caer. Bajo esta lógica, volverán a las marquesinas cuando tomen temperatura.

 

 

En medio de esta locura lindera a la insensatez y la autodestrucción es que habrá que ir preparando el terreno de salida de las urgencias. Que ocurriría si la suerte acompaña el año que viene, vacuna mediante. Momento de recobrar algo de la normalidad perdida, con encolumnamientos políticos pendientes y el desafío de reencender los motores económicos. Todas estas, decisiones que ya comienzan a maquinar.

Se dijo y se comienza a ver, el gobierno ha enfocado a la construcción como tracción principal para la reactivación económica post pandemia. Y se largó también el trabajo fino para convertir esas expresiones de deseos en hechos.

Lo primero fue el presupuesto nacional, la norma en la que la Nación apoyará su intención, pero que hay que lubricar cotidianamente con presencia, pedidos, reclamos, cambios de figuritas. Se consiguió una parte importante: conservar el compromiso político de 4.500 millones para viviendas y rutas, nada menor. Y más: un incremento de otros $200 millones, poniendo la cifra en $4.700. No es todo, faltaría que se concrete.

No vaya a ser que ocurra como en la gestión presidencial de Macri, que se descorchaba con la inclusión de obras en el presupuesto, se iniciaban y luego la Nación no mandaba un peso. Lo que obligó a la provincia a mantener el ritmo de las obras con fondos propios para que no se caigan, y acumular una acreencia de más de 3.500 millones, buena parte aún impaga. Insólito.

El dato político de la votación en el Presupuesto fue la votación de los sanjuaninos. Empezando por la bloquista Graciela Caselles, ahora díscola del frente que la vio perdurar cuatro períodos en el Congreso, pero no tanto. Ronda sobre Caselles la duda sobre si romperá con el frente provincial, y si lo hace, si romperá con el nacional. Sobre este último aspecto, no es una buena noticia para ella haber quedado del lado de los opositores a Alberto en la lista interna del bloquismo, empezando con Juan Domingo Bravo. Obvio, le exigen definirse, de qué lado estás. Hubo una confusa carta, pero a la hora de los bifes, votó…… a favor del Presupuesto.

Votación que también deparó diferencias entre los dos diputados nacionales opositores, Marcelo Orrego y Eduardo Cáceres. Ambos votaron en contra, pero en la finita de la particular tuvieron alguna diferencia. Allí sobrevuela el alineamiento de cada uno en los costados de Juntos por al Cambio, sobre el ala soft de Larreta-Vidal o el ala hard de Macri-Bullrich. Se volverá sobre esto y lo de Caselles en futuras semanas.

En la que pasó, se retomó la lógica de los viajes del gobernador Uñac a Buenos Aires a recordar compromisos contraídos con anterioridad y arrancar algunos nuevos. Se traccionan a nivel político, se consuman a nivel económico. Hubo buen retorno, reactivar la caída construcción de la ruta 40 a ambos lados (Norte y Sur de la capital provincial), motivo excluyente de aquella acumulación de deuda de la Nación.

Más viviendas y otras obras, buen saldo para pensar en terminar el año y arrancar el que viene bien pisado. Motivos para ilusionarse, hay. A esta altura del año, la actividad industrial ya empata a la de la misma altura del año pasado (en plena pandemia económica, sin la sanitaria). El tablero dólar aparece por ahora controlado, habrá que mejorar el del Covid provincial. La construcción privada toma ritmo, la pública no decae y promete muchos fondos para el año que viene. El escenario es un paciente que de a poco va tomando color.

En paralelo corre el tablero político, también aplacado en plena crisis sanitaria pero que va ganando intensidad a medida que se descuenta terreno hacia las próximas elecciones. En esa tonalidad se inscribe la bomba lanzada por el gobernador Uñac de suspender las Paso para darle menos chances de propagación al virus y contener el gasto económico.

Motivos incontrastables y lógicos, operan seguramente además los de estrategia. De arranque, será difícil oponerse en público a una iniciativa tan asociada a los padecimientos del momento. Tanto, que nadie lo ha hecho frontalmente, pese a las infinitas especulaciones y movidas de ajedrez.

Luego habrá que verlo por el tamiz de la oportunidad. Del lado utilitario, no queda bien claro a quién podría favorecer. Del lado del oficialismo, zanjar la instancia electoral interna en la provincia y dejar que el acuerdo fluya por escritorio no aparece con un beneficiario directo claro.

Algo más evidente parece ser que a quien no le calza para nada es a Cambiemos, a juzgar por su comunicado tibiamente cuestionador. Ocurre que entre la oposición nacional discurre esa alternativa de duros y blandos, en actitud hacia el gobierno y en señal al electorado. No son diferencias menores, con el agravante de la ausencia de un líder claro que sofoque aspiraciones y ordene la tropa –y las listas-, como sí parece existir en el PJ.

Del lado del gobierno nacional también la moneda está en el aire. Si hubo algún guiño previo o no al batacazo de Uñac, sólo ellos pueden conocer. Por ahora, término medio, veremos. Independientemente de eso, de lo que sí se trató es de una contundente reinserción de Uñac al tablero político nacional, que tiene entre ceja y ceja.

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