Día de la Industria Sanjuanina

Mario Pulenta: el hombre que formó parte de un imperio vitivinícola nacional

Su familia construyó una bodega de adobe que fue el inicio de un gran sueño. Su pasión por el hockey y la perlita: su pasión por escribir.
lunes, 13 de septiembre de 2021 · 07:10

Su familia llegó con el sueño de progresar a Argentina. La primera parada de los Pulenta fue Mendoza pero las casualidades los trajeron a San Juan, lugar en el que se asentaron e hicieron una pequeña bodega de adobe. Mario Pulenta es el nieto de aquel hacedor, su padre y tíos fueron los que impulsaron el despegue hasta convertir a su apellido en sinónimo de vitivinicultura en el país. Mario además de ser un bodeguero reconocido fue también un dirigente del hockey y uno de los hombres que luchó para construir la cancha de Concepción Patín Club. 

Mario conoce en detalle cómo llegó su familia a San Juan y le encanta contarlo. “Mi abuelo llegó de Italia a Mendoza con un solo hijo llamado Quinto. Mi abuelo empezó a hacer trabajo de campo, trabajaba en fincas hasta que se hizo un negocio en donde vendía comidas, alimentos de todo tipo. De ese negocito se surtían los carros que iban a Chile. Su patrón, que era un alemán, dueño de la bodega El Globo en San Juan. Él le ofreció venir a San Juan. Así llegó mi abuelo, se quedó cerca del cerro Pie de Palo”, recordó. El abuelo de Mario tuvo 9 hijos, uno de ellos Augusto, su papá. 

Fueron los hijos de este matrimonio de italianos los que decidieron darle un mayor impulso a la pequeña bodega de adobe que construyó el abuelo de la familia. Los nueve hermanos quedaron huérfanos siendo muy chicos, pero siguieron en las tierras compradas por su padre mejorando el emprendimiento. “Empezaron a vender los primeros vinos con el nombre “Pulenta Hermanos”. Fue en ese tiempo cuando compraron una finca pegada al terreno que tenían, que se la vendieron a pagar en diez años. Uno de los hermanos vendía los vinos en Buenos Aires y otros se establecieron en Mendoza. Ahí surge la posibilidad de hacer una bodega con un crédito hasta que se construyó la bodega de Angaco Sur (hoy San Martín)”, relató Mario sobre la ampliación del negocio. 

Mario y sus compañeros de secundaria, de quienes recuerda sus nombres de memoria. 

El padre de Mario se dedicaba a la bodega y su madre era maestra. Cuando llegó el momento de ir al colegio primero fue a la escuela Larrea y luego sus padres decidieron mandarlo al Don Bosco, donde hizo la primaria y la secundaria. Guarda hermosos recuerdos de su infancia y adolescencia. Se recibió de Bachiller en 1957. Cuando obtuvo el título, decidió aprender Contabilidad en el Instituto Universitario San Buenaventura. Luego fue a Mendoza, de donde se recibió de Contador Público Nacional en 1964. Tiene matrícula hasta la actualidad en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas. 

Ya recibido empezó a participar en distintas entidades de San Juan. Comenzó en la Cámara de Bodegueros de la mano del ingeniero Bustelo. Allí estuvo durante muchísimos años aportando su conocimiento, experiencia y facilidad para el diálogo. Para Pulenta se suele ver al empresario separado del peón y del obrero de las viñas, según su concepto esta idea es errónea porque todos son parte de la gran familia vitivinícola. También participó en la Cámara de Comercio Exterior, en el Club de Leones, en el Club Social. 

Cuando fallecieron todos los hermanos Pulenta, decidieron vender el grupo Peñaflor. De igual modo, su familia nunca se alejó de la vitivinicultura. Se quedaron con una bodega en San Martín en donde producen el vino “Augusto Pulenta”, en homenaje al padre de Mario. Ha cosechado medallas en distintos concursos del país y del mundo. 

Mario en una de las primeras motos que ingresó a la provincia. 

Uno de los momentos que vivió con gran emoción recientemente fue en la conmemoración de su egreso del colegio Don Bosco. En el reencuentro con sus amigos de escuela, abrieron un vino que habían embotellado 50 años atrás. “El vino es la excusa perfecta para juntarse, para compartir entre amigos y con la familia. El vino es un ritual que no se tiene que perder nunca”, opinó el sabio. 

Mario tiene tres hijos y seis nietos. De todos sabe la edad, sus gustos e intereses. Le gusta reunirse periódicamente con sus hijos y nietos y cocinar algunas de las recetas que recopiló en uno de los tres libros que ha escrito. 

Al mirar hacia atrás, Mario hace un buen balance de su vida y aseguró que tiene muchos planes más. Sigue escribiendo, sigue reuniéndose con gente, sigue queriendo hacer. 

 

El bochín y el stick 

El hockey llegó a su vida en su más tierna infancia. No había canchas en aquel entonces pero se armaban partidos en las plazas. Usaba patines con ruedas de aluminio. “Empecé a jugar a los 14, pero como faltaban jugadores entraba a casi todas las divisiones. Mi actividad en el club me llevó a la dirigencia y fui presidente del Concepción Patín Club”, señaló.

Uno de los mayores logros durante su gestión en la entidad fue haber sido miembro de la comisión que construyó la cancha en la que aún hoy el club disputa las competencias deportivas en las que participa. La cancha se hizo gracias al esfuerzo de todos: unos ponían los camiones, otros la fuerza de trabajo. Uno de los mayores desafíos fue colocar el piso ya que era muy caro. Para poder costearlo organizaron bailes y partidos en el interior de la Provincia. En el 75º aniversario del club le regalaron una bandera a Pulenta, que aún hoy ostenta en su oficina. 

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