Los lazos formales entre China y la Argentina llevan varias décadas, pero en el último lustro el intercambio se aceleró al ritmo de las necesidades mutuas. Para la Argentina, divisas para enfrentar tensiones cambiarias autoinfligidas y respaldo político en el escenario internacional. Para China, alimentos, recursos naturales y energía. Por esas características, el intercambio agita fantasmas: ¿No implica un retroceso a la "Argentina granero del mundo”, de producción primaria y desindustrializada? ¿Las explotaciones en hidrocarburos y minería recrean el modelo extractivo de la colonia? ¿La dependencia financiera de una superpotencia nos pone a su merced? Es natural que un país lacerado por extensos períodos de intervencionismo extranjero tenga reacciones alérgicas frente al despliegue de un "socio” gigantesco. El secreto, sin embargo, radica en considerar que ese gigante necesita proteína para sobrevivir y combustible para crecer lo suficiente para alimentar a 1.500 millones de habitantes. Pero hay algo más: no existen condicionamientos históricos –culturales, políticos ni comerciales– para gestar de cero acuerdos de beneficio mutuo, el célebre "win-win” que la diplomacia china repite como mantra para establecer que no pretende imponerse sobre sus socios, sino complementarse. La oferta corre también para el plano político. A contramano de los criterios de dominación económica, política y militar que caracterizaron al modelo imperialista perpetrado por los Estados Unidos luego de la Guerra Fría, China promete no interferir en los asuntos domésticos de sus socios, del mismo modo que exige reciprocidad, es decir que Occidente no se entrometa en el sistema político chino, donde rige un tipo de democracia con partido único que resulta intolerable para la mirada de los demócratas burgueses occidentales.
Ese es uno de los flancos por donde suelen atacar los opositores a la alianza estratégica sino-latinoamericana. En países que aún sufren las consecuencias de dictaduras criminales, referirse a la "dictadura del Partido Comunista Chino” puede afectar sensibilidades, sobre todo si se omiten dos detalles: las dictaduras que asolaron a América latina fueron auspiciadas por Estados Unidos con el objetivo de instalar una matriz ideológico-económica afín a sus intereses. Superada la fase criminal, la intervención continuó con el Consenso de Washington que instaló el saqueo de los Estados nacionales y la doctrina neoliberal. China, en cambio, se propone como un socio pragmático y amistoso, firme en la defensa de sus objetivos e intereses, pero desinteresado de imponer su cosmovisión al resto del mundo.
El respeto chino por la "autodeterminación de los pueblos”, un principio que se esparció en América latina con la llegada de gobiernos progresistas durante la última década, es una novedad geopolítica que la región puede aprovechar si acelera su proceso de integración. Al gigante asiático, está claro, le conviene negociar por separado con cada país –y así lo viene haciendo–, pero hasta acá no puso opuso trabas contundentes para frenar la consolidación del bloque regional. La demora, en tal caso, responde a históricas asimetrías, rencillas y recelos comerciales que en el pasado fueron aprovechados por las potencias que minaron las relaciones continentales para reinar en la división. Aunque la consolidación de la Unasur y, en especial, de la CELAC insinúa un futuro distinto, por ahora los vínculos de los países de la región con China siguen siendo bilaterales. La Argentina, por caso, acaba de firmar una veintena de convenios que incluyen proyectos de infraestructura, hidrocarburos, agronegocios, energía y un swap de monedas que en los próximos meses entrará en acción.
El Banco Central y su similar chino firmaron, el 18 de julio pasado, un acuerdo de intercambio de divisas por el equivalente a 11.000 millones de dólares, a tres años de plazo. Según el comunicado 50421 del organismo, ese contrato "impulsará la relación bilateral”, ya que "el BCRA podrá solicitar al Banco Central de China desembolsos por hasta 70.000 millones de renminbi y depositar el equivalente en pesos, con un plazo de reintegro de hasta doce meses. El intercambio tendrá como usos principales facilitar las inversiones en la moneda del país proveedor de fondos y fortalecer el nivel de reservas internacionales de la parte que solicite el desembolso”.
La comunicación del Central surgió como una respuesta a cuestionamientos que, con más o menos rigurosidad, se habían esparcido en los medios opositores desde que se conoció la firma del convenio. Una de las críticas hacía referencia a que ambos países ya habían suscripto un intercambio de divisas que no prosperó por las supuestas condiciones desventajosas que China había impuesto en el contrato. Al respecto, el BCRA aclaró: "A diferencia del swap anterior, en este se han mejorado significativamente las condiciones de uso, flexibilizando plazos, reduciendo costos y autorizando usos adicionales a los que previamente habían sido acordados”. Un ejemplo: en la permuta anterior, el uso de los fondos sólo era posible si las reservas llegaban a un "nivel crítico”. Ahora, en cambio, se aflojaron las condiciones para un eventual acceso al crédito. Según el BCRA, eso avances se dan "en el proceso de internacionalización del yuan alcanzado en los últimos años, tendiente a convertirlo en una de las principales monedas de reserva mundial. Su volumen de pagos ya ha desplazado a otras monedas de reserva tradicionales, como el franco suizo”.
En medio de la disputa con los fondos buitre, y de un escenario doméstico dominado por una nueva tensión cambiaria, el swap con China permite sostener el intercambio con el segundo socio comercial de la Argentina sin distraer dólares de las reservas del BCRA. Y a un costo financiero menor de lo que se hubiese obtenido por las vías habituales: la tasa a pagar por el préstamo de reserva será del 6 por ciento anual y el plazo de devolución es de al menos un año. Las condiciones implican mejoras respecto de otras de las opciones que tiene la Argentina, como los intercambios con el Banco de Francia o los Repo –pactos de recompra– con el Banco de Basilea. Allí el costo es menor, pero obliga a devolverlo en menos de un año y se contabiliza contra reservas que el BCRA ya posee en Suiza.
Luego del acuerdo firmado en julio por los presidentes Cristina Fernández y Xi Jinping, dos misiones con funcionarios argentinos viajaron a Beijing para poner en marcha convenios clave como la construcción de las represas Kirchner-Cepernic y un primer desembolso del swap. De la primera misión participaron los ministros Julio De Vido y Axel Kicillof. Esta semana, los funcionarios chinos recibieron al titular del BCRA, Juan Carlos Fábrega. Signo de los tiempos que vienen: a medida que siga creciendo el intercambio con el gigante asiático, los funcionarios de ambos países deberán acostumbrarse a convivir con el jet lag.
Según estimaciones privadas, las inversiones de China en suelo argentino ya superan los 23 mil millones de dólares, sumando fusiones, compras de empresas ya establecidas y nuevas compañías. Sólo a modo de referencia, algunas de esas inversiones son:
- Hidrocarburos: la estatal China National Offshore Oil Company (Cnocc) se posicionó como la segunda empresa más importante en el rubro luego de comprar el 50 por ciento de Bridas que, luego, adquirió Panamerican Energy, controlante a su vez de la compañía Esso. Esas dos firmas cuentan con reservas petroleras en el Golfo de San Jorge y Cerro Dragón, y ya manifestaron su voluntad de invertir en el yacimiento de gas y petróleo no convencional Vaca Muerta. Por su parte, Sinopec, la petrolera más grande de China y la séptima a nivel mundial, adquirió OXI, otro gigante de los hidrocarburos que actúa en el país y que se encontraba asociada con Repsol Brasil.
- Minería: los capitales chinos se posaron también en yacimientos de Río Negro y Jujuy, de donde extraen hierro y bauxita.
- Industria automotriz: capitales chinos invirtieron en la empresa BYD (baterías y autos eléctricos), mientras proyectan la instalación de una planta para el ensamblaje de automóviles marca Chery en el Chaco.
- Electrodomésticos: en Tierra del Fuego se afincó la electrónica Huawei y otras ensambladoras.
- Sector financiero: firmas chinas controlan el ICBC (Industrial and Commercial Bank of China), que se diseminó en la Argentina tras la compra del Standard Bank.
- Alimentos: este año la firma Cofco compró el 51 por ciento de Nidera, una de las tres mayores firmas de agronegocios que opera en el país. Por su parte, la constructora estatal China State Construction Engineering negoció con el gobierno de Entre Ríos un canal de riego para el cultivo de arroz, con una inversión de 200 millones de dólares.
El repaso de los rubros es una muestra de la trascendencia que tiene para China la planificación. En 2008, el Partido Comunista dio a conocer el "Libro blanco sobre América latina y el Caribe”, donde el gobierno manifestaba, entre otras cuestiones, su interés por fomentar la cooperación de sus organismos y empresas con los países latinoamericanos productores de materias primas. En uno de los párrafos de ese documento se puede leer textualmente: "El gobierno chino estimula y apoya a las diversas empresas chinas con capacidad y buena reputación para desplegar la cooperación en inversión en América latina y el Caribe en materia de manufactura, agricultura, silvicultura, pesquería y energía”. Hace tiempo que las necesidades y objetivos de China no son un secreto. Es responsabilidad de los gobiernos –y los pueblos– de América latina que esos deseos se conviertan en una oportunidad. O en una nueva maldición.
Alianzas
- Los acuerdos con China incluyen: U$S 2.099 millones para revitalizar el Belgrano Cargas (el Estado nacional aportará otros U$S 370 millones); y U$S 4.714 millones para la construcción de las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic en Santa Cruz. Además del aporte chino para la compra de 11 buques de dragado, por 423 millones de dólares.
- Acuerdo para la provisión de equipamiento y servicios, por un total de U$S 2.000 millones, para la construcción de Atucha III, la cuarta central nuclear argentina.
- Autoridades de la empresa China Satelite Launch and Tracking Control General (CLTC) confirmaron que la estación de monitoreo espacial neuquina estará operativa en 2016.
- Se busca acordar un swap de 11.000 millones de dólares para fortalecer reservas a 6 por ciento anual.