economía y finanzas

La sobreabundancia de abogados y el monto en litigio: ¿más que el PBG?

Abogados, escribanos, mercados, crisis cíclicas y el dólar, entre otros, son los temas que trata Ricardo Olivera en su columna de Tiempo de San Juan de esta semana.
lunes, 4 de junio de 2012 · 07:38
Por Ricardo Olivera

-Gran preocupación ha causado entre las escribanías el incremento de las matrículas autorizadas. Haciendo la cuenta total se llegará a un total de 90 contra las 60 previas. Lo que está ocurriendo – dicen- no es otra cosa que consecuencia de la sobreoferta de abogados. Cuando se creó la carrera en la Universidad Nacional, comenzaron a extenderse títulos en una cantidad excesiva para las necesidades de una sociedad ya de por sí conflictiva. Tan conflictiva que este periodista, tiempo atrás, se tomó el trabajo de calcular los montos en litigio proyectando desde la tasa judicial pagada, que es un porcentaje del monto reclamado. Resultado, la cifra total en litigio superaba el PBG de la provincia, es decir, se reclamaba más dinero que el que toda la provincia puede acumular en un año de creación de riqueza.
-Absurdo, pero consecuencia del incremento de juicios en los que el único que cobra seguro es el abogado. Los noveles doctores quieren vivir y, en lugar de contribuir con la justicia y la sociedad en reducir conflictos, lo que hacen es promoverlos. El foro suspendió recientemente a un abogado por lo que en la jerga se conoce como “carancho”, el que busca el pleito donde no lo hay. Los escribanos temen que pase lo mismo con una profesión hasta no hace mucho restringida a pocos nombres con mucho prestigio. Entienden que los controles puedan relajarse y que el conjunto se afecte por un eventual descrédito.
-Algún escribano reconoce haberse corrido a la escribanía huyendo de una abogacía sin renta. En definitiva, lo que ocurrió es que siguieron  trabajando los mismos bufetes con el agregado de algún nuevo profesional que debía ser muy brillante para abrirse camino por su cuenta. El resto, a buscar otros horizontes, en el Estado –la gran mayoría- u obligados a adaptar su formación para ejercer otras funciones en la actividad privada. Con la extensión de los registros de escribanías ven, como decía el título de aquella vieja película, “recuerdos del futuro”.
-Tiempo atrás estuvo de visita por aquí el analista de mercados Roberto Ruarte, colega de gran prestigio internacional, sobre todo en Latinoamérica Tiene publicado un reciente libro sobre funcionamiento de los mercados, sus ciclos y ciclotimias. Mientras disfrutábamos de una excelente comida sanjuanina en un restaurant de la Av. Libertador con el Director de la Sociedad de Bolsa Cohen y otros invitados, desarrolló una interesante teoría que bien puede resultar útil en estos momentos de tanta ansiedad bursátil. La Argentina tiene ciclos perfectamente definidos desde los últimos 65 años, que es la fecha en que comenzó su investigación. Su teoría desafía la regla que supone que la política prevalece sobre los ciclos de la economía y se refugia más en series numéricas extraídas de la naturaleza, como la secuencia de Fibonacci. Lleva registrados varios aciertos importantes bien certificados por la historia, pudo predecir con mucha anticipación fenómenos en varios países.
-Para no entrar en más detalles técnicos, la secuencia de Fibonacci se extrajo por su autor de ciclos de la naturaleza. Comenzó con la reproducción de los conejos y siguió con la forma en que crecen las hojas en las ramas de los árboles para comprobar que todo sigue el mismo patrón. Aplicado al funcionamiento de la bolsa y a la Argentina, comenzando desde el techo del mejor momento del primer gobierno de Perón – año 46-, surgen consecuencias interesantísimas. Sumando 55, uno de los números de la secuencia se llega a 2001. Aplicando el 34, otro de la serie, desde el siguiente techo bueno del 67 se llega también a 2001. Aplicando el 21, otro de la serie al techo de 1980 también se llega a 2001, momento éste de la gran caída y gran crisis.
-Si se recorre los años de las grandes crisis recientes se observa que fueron en los años 2002, luego de la caída de de la Rúa, 1989, la caída de Alfonsín y 1976, la caída de Isabel de Perón. 76+13= 89; 89+13=2002. El 13 es otro de los números de la serie de Fibonacci. Si proyectamos ese número hacia adelante llegamos a 2015, momento de recambio presidencial. De cumplirse esta suerte de profecía, se supone que en ese año ocurriría algo importante. Sirve para que los inversores estén atentos y vayan analizando las tendencias previas para saber si será una caída o un fuerte repunte. Asombra, pero Ruarte ya acertó en algo que predijo: la Bolsa alcanzaría un nivel máximo de 3 600 puntos para luego caer fuerte. El vaticinio indica que luego alcanzará los 10 000 puntos en los próximos años (él dijo 2013). Indicó en qué invertir en la baja, pero yo no les contaré a los lectores.
-¿Contradicción? Aníbal Fernández ha dicho esta semana que tenemos que acostumbrarnos a pensar en pesos, por la dolarización del ahorrista medio argentino. Pero, justamente en estos días, la Comisión Nacional de Valores autorizó la compra de títulos públicos con dólares billete, operación que no existía. Se entiende que el gobierno quiere hacerse de todos los verdes que están en el colchón pero no coincide el hecho con el dicho. El Estado habilita operaciones en dólares que intenta prohibir entre particulares. También el Banco Nación termina de habilitar plazos fijos en dólares.
-En apariencia, la nueva operatoria no ofrece muchas ventajas. ¿Para qué desprenderse de billetes físicos para quedarse con un papel en la mano? Hay respuesta. Primero, una tasa de interés modesta, 3% anual, pero en moneda constante (los plazos fijos en pesos son todos negativos); segundo, y esto para los miedosos, los papeles resguardados en las sociedades de bolsa fue lo único que se salvó de los corrales de 2001-2002. Aparentemente el BCRA aspira a tentar a aquellos ahorristas medios que vendieron una casa y tienen dólares en una caja de seguridad o en un plazo fijo y que, vuelvo a decir, tienen algo de miedo a los plazos fijos o cuentas de ahorro abundantes.

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