A 80 años del primer censo agrícola de San Juan

En 1931 había el triple de bodegas que hoy

Fue el pico máximo de establecimientos en la historia del sector vitivinícola. La cifra decayó a partir del terremoto del ´44. La uva había sido parte de una política estatal para diversificar la economía que hasta fines del siglo XIX era ganadera y forrajera.
jueves, 29 de diciembre de 2011 · 17:58

Hace 80 años, en San Juan había menos hectáreas con viñedos, pero casi el triple de bodegas que la cifra actual. Según el primer censo agrícola de la provincia, iniciado en 1930 y terminado en 1931, ese año había 610 bodegas registradas y elaborando, distribuidas en casi toda la provincia, mientras que según el último censo del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), 2010-2011, en San Juan hay 218 bodegas, esta decir tres veces menos que las que había hace 80 años.

La cifra alcanzada en la década del ’30 fue el pico máximo logrado en la historia vitivinícola de la provincia. Entonces se habían registrado 34.047 hectáreas con uvas, mientras que hoy la superficie creció y las hectáreas suman 47.228, casi un 28 % más. Es actualmente la primera explotación agrícola en superficie.

¿Qué pasó en estos años? Son varios los factores que intervinieron en este cambio. El profesor de Historia Económica, de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes, de la Universidad Nacional de San Juan, Lic. Eduardo Carelli, explicó que cuando se realizó el primer censo agrícola de San Juan, se iniciaba la década de oro de las bodegas en la provincia. “Había 610 bodegas; pero esa época se cortó con el terremoto de 1944 que destruyó muchos establecimientos. Después de eso, muchos pequeños propietarios no pudieron resurgir”, explicó. En la década del ’40 comenzó la decadencia post terremoto y una gran crisis de la industria, de la que se buscó salir a partir de la creación de cooperativas, “pero nunca más volvió la industria vitivinícola a tener el auge que tuvo durante la década de oro del ‘30”, subrayó el profesor.

Muy ligado a la destrucción que trajo el terremoto del ’44, estuvo el hecho de que la mayoría de los viñateros eran muy chicos y con bodegas muy pequeñas. El primer censo señalaba: “Llama la atención sobre todo la gran subdivisión de la propiedad agrícola.En San Juan domina el régimen de la pequeña explotación rural. De las 17.150 propiedades censadas 14.545 tienen menos de 10 hectáreas, es decir el 84,81 %”.

Sumado a esto, el censo del ’31 mostraba que de las 610 bodegas, 502 tenían una capacidad menor a los 500.000 litros, una cifra muy pequeña si se compara con una bodega mediana de la actualidad, como por ejemplo La Guarda, que tiene una capacidad de 2.100.000 litros; mucho más si se compara con una bodega grande como Santiago Graffigna, que tiene capacidad para 16.300.000 litros.

Al ser tan pequeños los productores de vino de aquellas décadas, y siendo sus bodegas tan chicas, no tuvieron espalda para levantarlas después del terremoto.

Hoy, la subdivisión de las propiedades cambió bastante: el 40 % de los productores son chicos, hasta 10 hectáreas; el 35 % son medianos, poseen ente 15 y 50 hectáreas; y los grandes productores de más de 50 hectáreas representan el 25 %, según el análisis FODA de los técnicos del Ministerio de Producción y Desarrollo Económico. También los motivos sanitarios conspiraron contra la uva hace 80 años. “En la década del ‘20 y del ’30, la industria vitivinícola pasó por distintos momentos, entre ellos una serie de pestes que azotaron los parrales y disminuyeron mucho la producción. Esto obligó a que se erradicaran muchas hectáreas de vides. Pese a todo, el sistema vitivinícola ya no se iba a detener”, aseguró Carelli.

No podían faltar los motivos políticos. En 1930 la industria vitivinícola era muy fuerte, por eso cuando Federico Cantoni llegó a su segundo gobierno, en 1931, necesitaba dinero para llevar adelante sus pretendidas mejoras sociales y lo sacó de fuertes impuestos aplicados al sistema vitivinícola, tanto a la bodega como al propietario de tierras. “Eran impuestos muy altos para lograr la masa de dinero necesaria para poder armar su programa de reforma social en San Juan, por eso es tan importante la década del ’30 en el sistema bodeguero”, dijo Carelli.

Por estos impuestos, Cantoni estuvo muy enfrentado con los bodegueros y con los productores vitivinícolas. En tres los tres primeros años de haber aplicado estos nuevos gravámenes, la recaudación de la provincia se multiplicó y aumentó más del 200 %. El encono de Cantoni con el sector se personificó en tres hombres: el productor Emilio Maurín Navarro, y los hermanos Tinto, del sector bodeguero.

Este nuevo sistema impositivo terminó arruinando económicamente a los productores más chicos, que con el terremoto del ’44 recibieron la última estocada.

A pesar de todo, en la década del ’30 San Juan ya había logrado una gran diversificación en materia vitivinícola y hasta exportaba vino, pasas y uva en fresco. En el censo se publicó una exportación a Estados Unidos y “otros destinos” de uvas en cajitas “standard” de 10 kilos, por un total de 297.000 cajitas; la exportación de vinos fue de 1.154.396 hectolitros y de pasas de uva, 2.176 toneladas.

El cambio diseñado políticamente

Paradójicamente, a fines del siglo XIX, el impulso de la vid en San Juan respondió a políticas específicas para lograr “diversificar” la economía local, hasta entonces más forrajera y ganadera.

El profesor Carelli explicó que el proceso por el cual se modificó el sistema productivo en la provincia comenzó en 1871, cuando desde el Ejecutivo se promovieron leyes que buscaban el desarrollo del cultivo de la vid, del olivo y los frutales, para no depender de las forrajeras. “Ahí comienza en desarrollo de la vid como política de Estado y se inicia la debacle de otros cultivos como el trigo, maíz y forrajeras que estaban vinculadas con la cría de animales”, señaló el profesor. Y si bien en 1931 las forrajeras aún tenían un poco más de hectáreas que la vid, 35.996 hectáreas contra 34.047 de las uvas, la importancia económica estaba en la industria vitivinícola.

La región más importante para la actividad agrícola con siembra de trigo, maíz y alfalfa, era Jáchal y Calingasta, hasta allá se llevaban los animales para engorde.

La crisis ganadera que afectó a todo el país tenía que ver con cambio de proceso productivo nacional, que se profundizaba a medida que se extendía el ferrocarril. Durante la presidencia de Domingo Sarmiento, entre 1868 y 1874, se planteó de la necesidad del cambio productivo en San Juan, ya que el ferrocarril iba incorporando al sistema económico amplias regiones de la Pampa Húmeda y hacía mucho más barato el engorde de los animales, que se alimentaban solos y no había que sembrar para ello. Esto fue obligando al cambio del modelo productivo local, pero hasta la década del ‘30 hubo una importante producción de animales y de alfalfa en San Juan.

Otra variable que contribuyó al cambio en la estructura económica fue la llegada de los inmigrantes, sobre todo franceses, italianos y españoles, ya que son ellos quienes terminan de modificar el sistema productivo. “Ellos llegaron con la preparación técnica para la producción vitivinícola. Todos aportaron ya sea con mano de obra o convirtiéndose en grandes capitalistas del sector, los que se convirtieron en las principales familias dedicadas a la vitivinicultura. Se quedaron con las mejores tierras que incorporaron al cultivo de vid”, señaló Carelli.

Cómo fue el primer censo
El primer censo agrícola de la provincia de San Juan, fue ordenando por el Acuerdo N° 6, del 6 de diciembre de 1930 y terminado el 15 de marzo de 1931.

Su fundamentación fue: “para formarse un juicio sobre cualquiera de los aspectos relacionados con la producción agrícola y vitícola en particular, en defensa económica, transporte y organización de venta, con el concepto racional que debe regir su desarrollo, resulta indispensable disponer de datos estadísticos verídicos, sin los cuales se seguirá trabajando en medio de una gran desorientación”. Además destaca que una vez examinandos los datos que se obtengan de la producción agrícola local, “relacionándolos con estudios complementarios de las aptitudes de cada zona de la provincia para distintas producciones agrícolas y con la demanda de los mercados del país y posibilidades de exportación, será posible obtener enseñanzas que permitan encauzar por vías más provechosas esa producción y conseguir resultados económicos concordantes con la intensa labor que exige la agricultura establecida a base exclusiva de regadío”. Los datos a censar eran: Vid, ubicación, extensión, conducción, especies y variedades, edad, rendimientos, destino y costo de producción. Arboricultura, ubicación, extensión, números de árboles y sistematización especies y variedades, destino y costo de producción. Lo mismo para la horticultura, forrajeras, cereales, remolacha azucarera y otros cultivos.

Se establecieron multas de 200 pesos o arresto de 30 días para quienes se negaran a suministrar datos o falsearan o tergiversaran los hechos. Lo mismo para el censista que incurriese maliciosamente en faltas y omisiones que perjudiquen los propósitos del presente acuerdo.

Firmaron el acta del censo: Marco Aurelio Avellaneda, Interventor Nacional; Rafael Alberto Palomeque, Secretario de Obras Públicas e Industrias e interino de Hacienda; Ernesto Palacio, Secretario de Gobierno e Instrucción Pública. Hay departamentos que no aparecen con sus nombres actuales ya que en el ’30 no existían aún bajo esa denominación, como: Rawson, creado en 1942, San Martín también en 1942, Zonda creado en 1935 pero con límites efectivos en 1942. Se mencionan a Angaco Norte, Angaco Sud (actual San Martín) Concepción, Trinidad y Desamparados. Los resultados del censo establecen las propiedades censadas por nacionalidad: Argentinos, un 75,29 %; españoles, 16,29 %; italianos, 4,25 %; alemanes 0,15 %; chilenos 1,05 %; rusos 0,13 %; libaneses, 1,56 %; turcos 0,10 %; franceses 0,44 % e ingleses 0,16 %. Había árboles por números de plantas 607.218: almendros, castaños, ciruelos, duraznos, damascos, granados, guindos y cerezos, higueras, kakis, limas, limones, mandarinas, manzanos, membrillos, naranjos, nísperos, nogales, olivos y perales.

Separa el censo las huertas frutales de los montes frutales comerciales, éstos últimos eran los que tenían más de 300 frutales. Define que el total cultivos sumaba las 91.225 hectáreas, de ellas, 35.996 eran forrajeras; 34.047 eran de vid; de cereales sumaban las 15.192 hs.; mientras que la horticultura tenía 4.688; la remolacha azucarera y otros, 248 y los frutales 1.050 hectáreas. La superficie con dotación de agua para regadío permanente era de 161.472 hectáreas; con riego accidental, 1.535 y con otro origen 11.165 hectáreas; haciendo un total de 174.174 hectáreas.

En vitivinicultura aparecen variedades conocidas y otras ya desaparecidas. Uvas para vinos blancos se censaron: Criolla, Torrontés, Pedro Ximenez, Semillón, 2.499.225 quintales (qq). Uvas para vinos tintos: varias 529.527.5 qq. Uvas de mesa: Moscatel, Cereza, Valency, Ferral, Fantasía, Mollar, Ohanes con 4.183,430 qq. Y como otras variedades: Vides Americanas, Productores Directos y Vides Varias, con 4.183.430 qq.

 

Comentarios