En el fútbol, como en la vida, hay encuentros que no necesitan años para volverse eternos y Luis "Pity" Murúa lo sabe bien. El presente lo tiene caminando por la costa de Puerto Madryn, disfrutando de un verano que se estiró más de la cuenta y de un descanso que se debía hace casi dos décadas. Después de andar y andar por las canchas del ascenso, el técnico se tomó un tiempo para reflexionar y recuperar energías, logrando algo que la profesión le había negado sistemáticamente: pasar el cumpleaños con su nieto Santino después de once años de ausencias. Sin embargo, aunque hoy el ruido del mar reemplace al de las tribunas y el relax sea la prioridad tras su último paso por Maronese de Neuquén, el recuerdo de Sportivo Desamparados aparece rápido en la charla como un "amor de verano" explosivo, intenso y con una mística que todavía hoy le genera piel de gallina al repasar cada anécdota en el Barrio Patricias Sanjuaninas. ¿Volverías? "Quiero", afirmó el DT patagónico.
Murúa recuerda su llegada al Puyutano un 23 de diciembre como una aventura vertiginosa, donde el componente humano estuvo por encima de cualquier pizarrón o táctica de último momento. Destaca con emoción aquel grupo que llegó a la final en Pergamino y que, antes de cada partido, se aferraba a la fe rezando el Padre Nuestro en la intimidad del vestuario, un gesto que para el DT define la calidad de personas que integraban ese plantel. Para él, aquella campaña fue una película corta pero buena, marcada por una disciplina de trabajo que lo sorprendió desde el primer día y por ese azar del fútbol que muchas veces es un factor de suerte.
A pesar de estar a kilómetros de distancia y enfocado en su descanso, el afecto del pueblo víbora le sigue llegando a través de amigos y recuerdos de una zona de Cuyo que lo cautivó por su clima, su gente y la pasión con la que se vive el fútbol sanjuanino. Murúa reconoce que aquel vínculo que nació rápido y con magia todavía tiene páginas por escribir, y no oculta que su mirada ya está puesta en mayo o junio para volver al ruedo con las energías renovadas. "Me gustó todo de allá, quedaron muchos amigos y la verdad que uno siempre está dispuesto a volver a un club con esa historia", afirmó a Tiempo de San Juan, con la seguridad de quien conoce el paño y sabe lo que representa y pesa la camiseta de Desamparados en el mapa futbolístico de la región.
Con la mira puesta en el futuro cercano, el técnico dejó la puerta abierta para un segundo capítulo en San Juan, asegurando que si bien hoy apoya a la distancia a su amigo Mauricio Del Cero, su deseo de dirigir nuevamente en la zona es real. Para Murúa, Desamparados tiene una chapa que lo obliga a pelear siempre en lo más alto, a la par de los gigantes de Mendoza, y esa ambición es la que lo mantiene alerta mientras espera el llamado indicado.
No se olvida del Víbora, reconoce que repasa cada tanto el capítulo de Pergamino y que un día quiere volver.