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Mariano Cornejo, a la selección de gimnasia artística: "Aprendí a competir con miedo, pero sin dejar que el miedo decida por mí"

El gimnasta sanjuanino de 22 años abrió su mundo íntimo en Almateur: contó cómo convivió con lesiones, golpes y nervios para sostener un año decisivo en su carrera. Su ingreso a la selección argentina no lo define tanto como la sensación de seguir eligiendo un deporte que le exige cuerpo, tiempo y cabeza.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Mariano Cornejo tiene 22 años y una certeza que, según confiesa, le llevó años construir: en la gimnasia, el miedo no desaparece; se administra. Lo aprendió entre acrobacias, caídas, golpes y competencias donde la cabeza pesa casi tanto como los músculos.

El sanjuanino dialogó con Almateur tras su gran actuación en el Nacional de Rosario —torneo en el que obtuvo cuatro medallas de bronce y volvió a meterse en la selección argentina—, pero en esta charla eligió enfocarse menos en los logros y más en las sensaciones que lo atraviesan cuando se sube al aparato.

Este es un deporte donde tu salud está en juego. Tenés que aprender a convivir con eso”, admite. Y lo dice después de un año complejo, en el que lidió con un desgarro abdominal y un golpe durísimo en barra que lo dejó con dolor de espalda y piernas a dos semanas de una importante competencia en le primera mitad del año. Entre reposo, kinesiología y resonancias, tuvo que reconstruirse rápido. “Por suerte me recuperé, pero mentalmente fue pesado”, reconoce.

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Competir con miedo, competir igual

Cornejo se define como “muy nervioso” antes de entrar a la serie. “Soy lo que hoy en día se diría un pecho frío, bromea. Sin embargo, aclara que en la gimnasia esa etiqueta no encaja del todo. Lo importante, dice, es saber cuándo apagar la cabeza.

Mi método es decir: listo, automático. Cabeza en blanco y que pase lo que tenga que pasar”, explica. En la previa, solo se enfoca en la respiración, memoria muscular y la convicción de haber entrenado lo suficiente.

Su relación con los nervios también viene de experiencias duras. Recuerda un torneo en Río Negro donde se cayó en su primer aparato —el suelo, justamente su favorito— y quedó mentalmente apagado para el resto de la competencia. “Viví todo el torneo frustrado. Tuve siete u ocho caídas. En gimnasia eso es muchísimo”, admite.

La gimnasia como elección distinta

Mariano no eligió un deporte masivo. Y le gusta que así sea. Su vínculo nació casi por casualidad, acompañando a su mamá al gimnasio donde entrenaba y daba clases. A los seis años empezó a probar; a los once, ya entrenaba con Nahuel y Ricardo Martínez.

Me gusta que sea algo distinto. No ves todos los días a alguien haciendo una mortal o una vertical”, dice. El contraste le fascina: no quiere llamar la atención, pero le gusta destacar en algo que pocos hacen. Y lo sostiene con una rutina que casi no le deja margen: seis horas de entrenamiento diario, trabajo en el gimnasio, organización estricta para comer, dormir y rendir. “Estoy más en el gimnasio que en mi casa”, reconoce.

Sueños, viajes y el espejo de los grandes

Cuando habla de futuro, lo hace sin buscar grandes rótulos. Su sueño principal hoy es viajar. Competir en Europa, entrenar en escenarios enormes, vivir experiencias que en Argentina parecen lejanas. Admira lo que logró su compañero Nahuel, que compitió en París ante 65.000 personas: “Es un sueño ir desde San Juan, donde nos ven diez personas, a un estadio así”.

También se anima a poner a Argentina en contexto: top 3 en Sudamérica y con escalones más difíciles en Panamericano, donde compiten Brasil, Chile, Estados Unidos y Canadá.

Entre aparatos y preferencias

Cuando llega el momento de elegir, no duda: suelo es su aparato favorito, “donde más horas meto y más satisfecho me siento”. Las anillas son el opuesto: “Si no lo entrenaste desde los seis años, es durísimo. Requiere una preparación física brutal”.

La medalla que más valora, justamente, es la de suelo. Y la que más lo sorprendió fue la de paralelas: “Es un aparato muy técnico y me cuesta un montón”.

“Mi método es simple: cabeza en blanco y automático. El miedo está, pero no tiene por qué decidir por mí”. “Mi método es simple: cabeza en blanco y automático. El miedo está, pero no tiene por qué decidir por mí”.

Una invitación para que San Juan se anime

Sobre el cierre, Cornejo deja un mensaje que no es para él, sino para quienes miran la gimnasia desde afuera:

En San Juan somos dos gimnastas de alto rendimiento. Sería hermoso que más gente se anime. Es un deporte difícil, pero es muy lindo”.

Entre sensaciones, miedos, deseo de viajar y una rutina que no perdona, Mariano sigue eligiendo cada día la gimnasia artística. Y aprendió, como él mismo dice, a competir con miedo, pero sin permitir que el miedo decida por él.

La entrevista completa para ALMATEUR:

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