De los 26 atletas sanjuaninos que vivieron una experiencia olímpica, 9 participaron en la disciplina deportiva del voleibol indoor. De ellos, 5 compitieron en dos ediciones (Matías Sánchez se sumará a ese grupo en Paris 2024). Y 4 son los únicos de todo el listado que se llevaron una medalla oficial. Federico Pereyra todavía se emociona profundamente cuando trae recuerdos de su participación en Tokio 2020: “Fue una alegría inmensa. Si bien creo que todos teníamos el sueño de ganar una medalla, no imaginábamos que podíamos llegar a estar ahí”.
Además de ser recordado como la edición de los Juegos durante la pandemia, Tokio 2020 ocupa un lugar más que especial en la historia del olimpismo sanjuanino, ya que consiguieron medalla de bronce los tres integrantes del seleccionado masculino de vóley. Pereyra, Bruno Lima y Matías Sánchez llegaban al mismo logro que había conseguido en 1988 Raúl Quiroga.
El camino a la medalla estuvo lleno de desafíos para Pereyra. El opuesto que había debutado en Londres 2012 reconoció como un duro golpe no haber sido convocado para los Juegos Río 2016 y se vio obligado a ’reconfigurar’ su carrera deportiva: “Me pude reconvertir en mejor profesional”, asevera hoy.
En la última parte de la cuenta regresiva a la competencia, la selección se convirtió en una descomunal demanda de tiempo y energía, al punto que los jugadores estuvieron prácticamente dos meses sin ver a sus familiares: “Fueron meses de mucho esfuerzo, esa espera de estar sin familia, sin mi hijo, se hizo más larga, pero después venía la premiación de enterarme que yo era parte de un plantel olímpico, la verdad que bueno, no digo que una cosa tapó a la otra, pero eso sí ayudó mucho a tener más fuerza para encarar ese Juego Olímpico”.
Las similitudes con la campaña del seleccionado que también terminó con la conquista de la medalla de bronce en Seúl 1988 son abundantes. En Tokio, a la Albiceleste también le tocaba un grupo muy exigente en la fase inicial, donde perdió con Rusia (3-1) y Brasil (3-2), y se impuso ante Francia (3-2), Túnez (3-2) y Estados Unidos 3-0. Como en la capital coreana, los 4 semifinalistas salieron de este grupo y Argentina terminó jugando por la medalla de bronce ante Brasil. Al igual que 33 años antes, los de celeste y blanco ganaban 3-2.
“En todos los años que estuve en la selección, nunca me tocó ganarle a Brasil y habíamos perdido 3-2 varias veces. Hoy tengo como una nube que se me metió en la cabeza con ese partido”, reconoce el jugador que no duda en reiterar que hoy se siente “orgulloso, agradecido a Dios de haber sido parte de ese plantel, ojalá que Argentina pueda seguir ganando, obteniendo logros importantes”.
Fuera de lo deportivo, también disfrutó algunos momentos, dentro del contexto atípico de la pandemia. Definió a su primera experiencia olímpica como ‘más flashera’, en el sentido que pudo interactuar con más gente. En Tokio, la mayor parte del tiempo era compartir con el resto de la delegación argentina. Federico se dio el gusto de que también estuviera su hermana menor, Fernanda, que jugó en vóley de playa. “Nos acompañamos, tomamos mucho mate. Ella se fue antes y me dijo, ‘van a ganar una medalla’, jodiendo, y se nos terminó dando”, cuenta.
Así, quien trabajó para un regreso a la selección se dio el gusto enorme que las últimas imágenes de ese proceso fueran festejando con sus compañeros en un podio de celebración.
Cuatro definiciones
Su presente: “Hoy en día estoy disfrutando mucho estar con mi familia, llevar a mi hijo a la escuela, mientras me preparo para encarar la próxima temporada. Llevó más de 20 años en el vóleibol y todavía me siento bien”.
Los ’No’ que marcaron su carrera: “Muchos momentos de mi adolescencia no los pude vivir a causa del vóley, como el viaje de egresado. Me fui a los 17 años a Grecia, muy chico, y después siempre estuve dando vueltas”.
La medalla: “Siempre que vengo a San Juan la veo, después la tengo guardada. Fue el resultado de un camino que realmente demandó un esfuerzo extraordinario”.
Ser atleta olímpico: “Es un orgullo y una responsabilidad. Cuando vine a UPCN, no es que sentí un peso, pero sí que todos me miraban y esperaban que yo diera algo, que antes no sentía que lo pidieran de esa forma”.
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