La sanjuanina creció en el seno de una familia numerosa: unos papás unidos y 8 hermanos. Santa Lucía fueron sus calles y su crianza estuvo rodeada de mucho amor. El cambio de género fue de muy chica y confirma que se siente orgullosa por ser lo que es y haber sido aceptada en la sociedad. Lejos de los prejuicios y enfocada en sus objetivos, Cinthia lleva una vida feliz y todos los domingos se pone los guantes para atajar en Huracán de Angaco, su segunda casa.
De chiquita fui aceptada y apoyada por mis padres y hermanos De chiquita fui aceptada y apoyada por mis padres y hermanos
Cinthia (56) le contó a Tiempo de San Juan que pasó por varios clubes femeninos y que después de algunos entrenamientos se dio cuenta de que el arco era su lugar en el mundo. La elección no llegó porque sí, es que su hermano en ese momento atajaba para un equipo de Angaco y su influencia fue mucha: "Me llamaba mucho la atención verlo atajar, me encantaba y ahora de grande lo pude realizar", dijo.
La sanjuanina recientemente tuvo un paso por Defensores de Los Andes de Chimbas en la B Local femenina y después de eso, decidió empezar a jugar para Huracán de Angaco, en la Liga departamental. "Me gusta mucho el fútbol. Lo disfruto. Ahora también hago Newcom (una disciplina que es técnicamente similar al vóley)", relató Cinthia, quien además es representante de La Glorieta, el primer equipo de fútbol de LGBTIQ+ en San Juan.
Por el día es empleada doméstica y en su casa tiene su tallercito de costura, se la rebusca, emprende y lleva una vida activa en el deporte. "Hace poco empecé en el Newcom, me gusta andar en bici y martes y jueves entreno en Huracán".
Cinthia, la arquera que rompe barreras en Huracán de Angaco y no se pone límites para alcanzar sus metas.