Historia

A 50 años de la proeza de Echegaray, el sanjuanino que se formó en un ring de tierra e hizo historia en el Luna Park

El 17 de abril de 1971 Víctor Federico logró su primer campeonato argentino, título que defendió en 20 oportunidades. Una pelea que se celebró en el coliseo del boxeo nacional y un nocaut que cambió su vida. "Esa victoria me abrió las puertas a todo", dice a sus 75 años.
sábado, 17 de abril de 2021 · 09:07

Era de noche, las luces y ojos de los espectadores que habían pagado su ticket para ingresar al Luna Park posaban en el cuadrilátero. Era una pelea atractiva que en un rincón tenía al mendocino Juan Domingo Corradi, que en la previa había prometido a sus fanáticos una victoria por nocaut y en el tercer round, vaya casualidad, y del otro, a un pibe sanjuanino de 25 años que había dejado el ring de tierra de su querido club Huazihul para probar suerte en la gran ciudad, cuna de grandes boxeadores. En el medio, un título argentino de los livianos que en menos de diez minutos quedó en manos de Víctor Federico Echegaray. 

Fue un sábado 17 de abril de 1971. El sanjuanino ya llevaba un año viviendo junto a su familia en Buenos Aires. Ya entrenaba en el coliseo del boxeo argentino, el Luna Park, y hasta guanteaba con grandes de la época como Monzón, Bonavena y Nicolino. Aquella pelea era su primera presentación "grande". "La chance surgió porque yo iba ganando posiciones y peleas, estaba primero en el ranking argentino y lógicamente la federación debía darme un lugar. Yo me había ganado ese lugar. Entonces apareció Corradi, que me dio esa oportunidad, la que hoy agradezco", cuenta el ex boxeador. 

Echegaray hacía rato estaba preparado para dar ese gran salto. Cuenta que salía a correr todos los días por el Parque Provincial Pereyra Iraola, sin importar si hacía frío o calor, si llovía o corría viento. Además pasaba horas en el gimnasio del Luna, donde guanteaba hasta con cuatro boxeadores distintos por día. "Siempre fui muy responsable con el entrenamiento. El que me conoce sabe que no miento. Debido a esto estaba listo para cualquier pelea", agrega. 

Hasta que llegó la noche de subir al ring y mostrar lo que por años había aprendido en la precaria sede de Huazihul, donde con 13 años lo recibió don Pepe Martín. Víctor cuenta que subió al cuadrilátero confiado, pese a que en la previa su rival había asegurado que iba a ganar por paliza. Paliza fue la que le propinó el sanjuanino en los únicos tres rounds. Una derecha formidable al mentón que no pudo resistir el mendocino, quien cayó al suelo tres veces y se vio derrotado. 

"La pelea fue muy favorable a mí. Corradi le había vaticinado a la gente que no iba a demorar, que la pelea no iba a pasar del tercer round, y tenía razón, solo que gané yo. Me pareció chistoso lo que dijo porque yo me tenía fe, sabía que mi pegada le podía llegar y lo podía noquear. Por eso entré confiado a la pelea", manifiesta. 

El sanjuanino recuerda que en su rincón lo acompañaban Juan Pablo Pradero y don Pepe Martín, quien era sanjuanino y falleció hace un tiempo. En las tribunas había familiares y amigos que ovacionaban cada golpe al rostro del mendocino. Después, el festejo en Florencio Varela, donde se había radicado con su esposa e hijos y supo ganarse el cariño de todos los vecinos, incluido el intendente de la comuna. Era un ídolo en tierra ajena. 

Ese triunfo fue el despegue de Echegaray. Después llegaron los títulos sudamericanos y la chance de pelear dos veces por un cinturón mundial, uno de ellos considerados uno de los robos más grandes de la historia del boxeo mundial. "El título argentino significó todo para mí. Me abrió las puertas al boxeo grande. La verdad es que es un hermoso recuerdo porque gané en el Luna Park, ante mucha gente que me apoyó emocionalmente. Tuve la suerte de embocar unas piñas y que cayera", explica

Del "potrero" al Luna Park

Víctor Hugo Echegaray creció en la calle Colón, a metros del estadio del "Merengue". Su papá era albañil y su mamá, ama de casa. Siempre jugó a la pelota hasta que a los 13 años le hablaron de una escuelita de boxeo que funcionaba en la precaria sede de Huazihul. Ya era fanático de los guantes y los golpes. Escuchaba por una pequeña radio peleas de José María Gatica y Luis Federico Thompson, entre otros. Sin embargo, cuando en una escapada con sus amigos fue hasta el gimnasio rivadaviense, se convenció realmente que lo suyo era un ring y no una cancha de fútbol. 

"Cuando llegué me encontré con un lugar humilde, humilde por cómo se entrenaba. Me quede pasmado. Observé todo el entrenamiento. Todo. Ahí dije ´esto es lo mío. Al otro día empecé y no me sacaron más del gimnasio", cuenta el sanjuanino. 

Sus primeros pasos en el box fueron en un cuadrilátero de piso de tierra. La cuerda, porque había solo una, estaba sostenida por los troncos de dos damascos. A veces entrenaba descalzo para no arruinar las alpargatas que con tanto esfuerzo le había comprado su papá, cuenta el protagonista. ¿Y los baños? No había. Apenas contaban con una manguera con la que se daban una pequeña ducha pos entrenamiento, si la temperatura lo permitía. 

Ya llevaba casi doce años en San Juan y su técnico, José "Pepe" Martín, le recomendó armar las valijas y emigrar a Buenos Aires. "Me dijo ´San Juan a usted le está quedando muy chico´ y me fui. Allá Héctor Pache, que ya había sido campeón de los livianos, me ayudó mucho. Después tenía boxeadores para elegir. Haber ido a Buenos Aires fue importante y clave en mi carrera", dice.

Allá en Florencio Varela lo esperó su hermana. Junto a su esposa e hijos estuvo viviendo unos meses en su domicilio, hasta que pudo comprarse un terreno y construir su propia casa. Siempre se dedicó al boxeo. Dice que no ganaba mucho, pero podía subsistir y vivir por y para el deporte. 

El Luna Park también se transformó en una especie de hogar. Allí pasó muchas horas y pudo prepararse a la par de los mejores de la época. Carlos Monzón, Ringo Bonavena y Nicolino Locche fueron algunos de los boxeadores con los que se cruzó en los gimnasios y guanteó.

Echegaray vivió en Buenos Aires hasta el ´82, cuando colgó los guantes y regresó a su tierra. En 2001 se jubiló y se dedicó a su familia, a sus nietos e hijos (el año pasado fue papá de una beba). Actualmente dedica su tiempo al gimnasio del Club Colón Junior, donde enseña y transmite su experiencia a decenas de pibes. "Yo tuve una carrera bastante extensa y tuve la suerte de retirarme siendo campeón, doble campeón. El boxeo es todo, y me dio todo", cierra. 
 

Fotos y video: Gabriel Iturrieta

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