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Historia

Cuarentena entre guantes

Alejados del Club Mocoroa, en la vivienda de la familia Fernández se vive y respira boxeo. A los entrenamientos de los grandes se suma la curiosidad y vocación de los más pequeños.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Encerrados, pero no quietos. Ese es el lema de los Fernández en medio del aislamiento social, preventivo y obligatorio por el coronavirus. Refugiados en el barrio San Francisco, departamento Chimbas, una de las familias más arraigadas al boxeo sanjuanino transita la cuarentena entre bolsas y guantes. “Extrañamos el club, pero hay que cuidarse y quedarse en casa”, cuenta Fito Fernández, quien aprendió el oficio de enseñar de su padre.

Es la primera vez que los Fernández pasan tanto tiempo sin ir al Club Julio Mocoroa, su casa desde hace muchos años. El artífice de este amor por el box, Eduardo Fernández, fallecido en septiembre de 2017, llegó a la construcción de calle Mendoza en 1985 para no irse más. Allí prácticamente crecieron todos sus hijos, entre ellos Fito y Ezequiel, este último boxeador en actividad.

“Desde que tengo uso de razón voy al Mocoroa de enero a enero. Desde que mi papá y mi tío Pedro Fernández me llevaron con un año al club no dejé de ir jamás. Es nuestra segunda casa, es parte de nuestra vida, y es raro estar sin ir. Se extraña también al equipo con el que trabajamos, a Juan Acosta, Guillermo Adzegal y Ángel Soria”, agrega Fito.

Para no echar de menos la actividad, la familia trasladó los entrenamientos al fondo de su casa. Ezequiel realiza, por ejemplo, trabajos físicos y guanteos en compañía de su hermano mayor. El conocido púgil, ex campeón de los superplumas, viene de pelear nada menos que en Estados Unidos. Allí perdió por puntos ante el yanqui Henry Lundi pero, tras una buena presentación, le dejaron abierta las puertas a futuros combates en suelo norteamericano.

A las tardes de box se suman los más chiquitos del clan: Tobías, hijo de Ezequiel, y los mellizos Germán y Julián, hijos de Mercedes. “Con Ezequiel trabajamos lo físico y con los chicos la parte de aprendizaje. Ellos ya traen incorporado el boxeo, lo llevan en la sangre. Lo asimilan con más rapidez que otros niños que uno también trata de enseñarles. Me gustaría que boxeen en un futuro, pero la verdad es que se sufre mucho cuando alguien de tu familia sube a boxear”, dice Fito.

El resto de la jornada es disfrutar de la familia y colaborar con los quehaceres domésticos. El único que sale de casa es Ezequiel, quien además de hacer las compras acompaña a su madre Ángela a diálisis.

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