Héctor, el padre, trabajaba en los ferrocarriles. Un tipo
laburante, "peronista de Perón". Lady Edith Pagliaroli, la madre, era
enfermera en el hospital Eva Perón de Granadero Baigorria, en esos hospitales
inmensos de los años 40. El viejo, un día, fue a pagar la última cuota del
crédito hipotecario para certificar la casa, que abonó durante 20 años, y se
largó a llorar. No fue la única vez: la otra fue cuando murió "el viejo".
El padre jugó hasta la reserva en Central: la familia vivía a seis cuadras de
la ciudad deportiva. No había opciones, no había otras camisetas en casa. Veían
la tercera, la reserva y la primera; la vieja hacía los sandwiches de milanesa,
eran seis horas de fútbol de las de antes. Edgardo ligaba la ropa de Daniel, el
hermano, sobre todo la que no había usado mucho. El tío Adelqui era carpintero
de obras; construía puertas y placares. Entonces, el Patón empezó a lijar
portones y ventanas. Trabajaba de 7 a 13, en el centro de Rosario; se tomaba el
ómnibus hasta Granadero Baigorria ("mi vida es Central"), se
entrenaba en la ciudad deportiva, merendaba a las seis de la tarde y a la noche
iba a la escuela secundaria. No podía dejarla, así lo exigía el mandato familiar.
La terminó en la ENET Nº 10, sobre la calle Vélez Sársfield; es un hijo entre
millones de la escuela pública.
Edgardo Bauza es el nuevo técnico del seleccionado. El sueño
que jamás imaginó: antes, mucho antes, estaba en la nómina de deseos el equipo
nacional de Ecuador, su otro lugar en el mundo. No sólo ganó su primera Copa
Libertadores, con Liga Deportiva Universitaria en 2008, está casado con Martiza
y tiene un pequeño hijo, Nicolás, nacidos en Quito. Patón es un libro abierto
de fútbol y más allá: pocos recuerdan que fue candidato a concejal por el viejo
partido socialista auténtico. Enamorado de Nelson Mandela, siempre fue un
ilusionista. "Lo primero que les digo a los jugadores es que nunca dejen
de soñar", resume su pensamiento. Así, ganó la Libertadores con San
Lorenzo en 2014, por primera vez en su historia, y con Liga de Quito en 2008.
Así, también, alcanzó cuatro semifinales del torneo más amado; la última, con
San Pablo , hace un puñado de días.
El Patón es equilibrado, metódico. El flamante entrenador de
la selección, de 58 años, no se olvida de sus orígenes: de Carlos Griguol, su
maestro. De las enseñanzas de Menotti y de Bilardo . Del Indio Solari y del
Pato Pastoriza. Se levanta muy temprano, tipo 6.30, suele cocinar los lunes por
las noches, no tolera las derrotas. Siempre, pero siempre, sus equipos se
preparan de atrás hacia adelante, se respalda en los excesos de la experiencia
y, si le dan a elegir, se inclina por el 3-5-2 en el arte de las tácticas.
Tiene fama de duro, pero es una coraza: más allá de estilos, todos coinciden es
que es un hombre bonachón.
-¿Qué es lo más importante en el fútbol?
-Transmitir una idea que llegue al jugador. Y lograr
resultados. La planificación siempre apunta a tratar de ganar. La idea que vos
tirás puede tener dos caminos. Una es si conseguís el resultado rápidamente y
el jugador entiende que es el camino mejor, porque tiene un argumento
irrefutable, que es la victoria; la otra es la palabra, que debe llegar hasta
las entrañas.
Se ofende cuando lo acusan de cauteloso. Y juega con sus
propias palabras para. defenderse. "Hay veces que los once jugadores están
atrás. Depende el partido. y el momento del partido. Y sí, ¿por qué no? Si
faltan diez minutos y el equipo va ganando, ¿por qué no puede meterse
atrás?".
Cree Bauza que ganar revalida la idea, la robustece.
Justifica la metodología y la táctica. Fortalece el aspecto anímico. Aún sueña
con una mixtura entre el Flaco y el Narigón. Y no pudo conseguirlo.
"Bilardo es un técnico que tenía muy claro su metodología de trabajo:
repeticiones sobre movimientos preestablecidos, ensayos, compromiso táctico. Y
Menotti tenía la gran posibilidad de una capacidad de palabra muy seductora,
que convencía, que potenciaba". Por eso, cuando años atrás Tata Martino ,
suerte de enemigo íntimo, definió que el equipo nacional debía ser "mitad
Patón, mitad Tata", un modo de provocar el equilibrio exigido por algunos,
el ahora reemplazante lo tomó con naturalidad. Como todo en la vida: sin
excesos, sin volverse loco.
"No somos íntimos con Martino, pero tenemos una muy
buena relación. Yo creo que él lo tomó escuchando todo lo que hablan de mí...
Nosotros necesitamos que la selección gane. Más allá de que mis ideas sean
diferentes, ¡que gane!".
Lo obsesiona el triunfo. No entiende el conformismo
demagógico de muchos por haber llegado. Tres veces en la meta y, sin embargo.
"Ganar es lo más importante, está por sobre todo". A eso llegó a
Ezeiza: a ganar. Sabe el Patón de qué está hecho ese camino.