Convertir en rapero a un blondo noruego no está al alcance de cualquiera. Días atrás, Usain Bolt lo hizo. Un par de centenares de periodistas habían sido invitados a un acto promocional de la marca de zapatillas sobre las que corre -¿vuela?-, y en un momento el noruego recibió el micrófono para plantear una pregunta. Si es periodista o no realmente no quedó claro, pero sí se vio que sabe rimar.
"No tengo una pregunta, sólo quiero decir que te amo, man", dijo abriendo los brazos mientras Bolt lo miraba divertido sentado sobre un cajón de madera en un escenario de pretensiones minimalistas. Y entonces el pseudoperiodista rapeó en inglés con acento noruego.
Cosas más raras ha vivido Bolt, pero lo cierto es que en cada ciudad en la que se presenta, el jamaiquino demuestra ser un fenómeno. "Soy antes que nada un atleta, pero también un entertainer", dijo con total seriedad el hombre que a partir del domingo tiene un desafío que no parece afectarlo. No es él, es la historia la que podría quedar mareada si Bolt se despide en Brasil de los Juegos Olímpicos encadenando nueve oros en pruebas de pista: tres en los 100 metros, tres en los 200 y tres en los 4x100. Nadie hizo eso nunca.
Parece irrespetuoso, pero es sólo gráfico: a Michael Fennell, el presidente del Comité Olímpico de Jamaica (JOA), se le cae la baba al hablar de Bolt. Y es lógico, porque desde Bob Marley nadie puso en el mapa a la isla caribeña con la potencia con que lo hizo Bolt en la última década.
"Es un atleta y un ser humano excepcional. Lo es realmente. Y es un entertainer, como él mismo dice", explica a LA NACIÓN el veterano dirigente, que difícilmente pueda arrogarse méritos en el éxito de los atletas de su país. No, no es Fennell, ni siquiera Bolt: el atletismo, la velocidad, está en los genes de los jamaiquinos, que desde su primer podio, en Londres 48, acumularon 67 medallas olímpicas: 66 de ellas fueron en atletismo, el único ser extraño en esa lista fue un ciclista, David Weller, con un bronce en Moscú 80.
Fennell quiere disfrutar la última versión olímpica de Bolt, al que no intentó disuadir de estirar su saga hasta Tokio 2020. "Son sus últimos Juegos Olímpicos y es algo que tenía que llegar, nadie dura para siempre. Lo discutimos, pero fue su decisión, y no nos sorprendió".
Así, quedan dos oportunidades más para disfrutar al hombre más veloz del mundo en un gran escenario: el estadio Nilton Santos de Río de Janeiro -hasta hace pocos meses estadio Joao Havelange- desde este domingo con tres apariciones y los Mundiales de Londres del año próximo. "Probablemente sea su último año, sí", explica Fennell, que sabe que no habrá Bolt en Tokio 2020 ni en Doha 2019.
Mientras esa sensación de despedida que hoy aún no se siente llega, Bolt se toma muy relajadamente los días previos a un acontecimiento que lo tiene mucho más tenso que su paso por el atletismo de Río: su cumpleaños número 30 el 21 de agosto, precisamente el día que se clausuran los Juegos de Río.
"Creo que Usain se está dando cuenta de que esté envejeciendo", comenta con malicia Asafa Powell, el hombre al que Bolt le quitó ese récord mundial de los 100 metros que en 2007 fue suyo, con una fabulosa marca de 9,74 segundos. Después llegaría los 9,69 de Pekín 2008 y los 9,58 de Berlín 2009 para que Bolt convirtiera en insuficiente el adjetivo fabuloso. Lo más sencillo es decir que cuando él corre, corre alguien de otro planeta.
Notablemente relajado, Bolt promete que los cariocas y cientos de millones de personas en todo el mundo no serán defraudadas, pese a que una lesión determinara que corriera mucho menos de lo que le es habitual en la previa de los Juegos. "Es cierto que no fue mi mejor temporada, pero estoy en mucho mejor forma. Llevo buenas semanas de entrenamiento y quiero correr los 200 por debajo de los 19 segundos. Va a ser un poco difícil, pero espero poder hacerlo".
Es decir: Bolt ya no habla de si ganará o no. Lo da por descontado, por eso habla de marcas, por eso piensa en nuevos récords, en bajar los 19,19.
Fennell coincide: "Usain está entrenando muy duro y muy bien. Su entrenador, Glen Mills, está muy cómodo con lo que está viendo. ¿Si lo veo ganando los tres oros? Claro que sí. Sólo digo que mi confianza es con cautela por el hecho de que los demás también corren. Nosotros no somos arrogantes, respetamos a los demás, pero creo en lo que Bolt ha hecho en todos estos años".
Años en los que lo único que frenó a Bolt fue él mismo. Sucedió en los Mundiales de Daegu 2011, cuando fue descalificado por salir antes de tiempo. Nervios por ese talón de Aquiles, su relativa lentitud en la salida, aunque en Río sorprendió al decir que se pone también nervioso en los 200 metros, nunca en los 100: "No sé por qué, pero es así".
En estos días y hasta mañana, cuando dispute las primeras series clasificatorias de los 100 metros, Bolt afrontó sólo dos problemas. El primero lo solucionó: tras pedir a los responsables de la villa de atletas que instalaran un televisor en el departamento que comparte con Powell y otros atletas jamaiquinos -eso sí, su habitación es individual-, el hombre más importante de los Juegos junto con Michael Phelps optó por una solución más expeditiva que apelar al sentido común de la burocracia brasileña. Simplemente, se compró un televisor.
El otro problema no tiene solución, y es en el fondo su culpa. Caminar por la villa, ir a comer. Cualquier actividad que intente en el recinto que este fin de semana albergará más de 15.000 personas implica un fuerte y desgaste para el jamaiquino. Fotos, fotos y más pedidos de fotos. En los años más fotografiados de la historia de la humanidad, verse en una imagen junto a Bolt es el objetivo de las miles de personas que viven allí. Cuatro años atrás, en Londres, Bolt contó con la colaboración de tres compañeros de equipo, entre ellos un fornido lanzador de disco, para "negociar" los términos con los incontables deportistas que se le acercaban.
Fue muy gráfico Raulzinho, armador de la selección brasileña de básquet: "No está siendo fácil para él. Puedo decir que es una locura". Augusto Lima, compañero de Raulzinho, es menos considerado. "Realmente quiero encontrarme a Bolt y tomarme una foto con él. Lo vengo intentando, pero corre mucho", dice riendo. "Lamentablemente, quedo siempre atrás".