Pasaron muchas cosas entre Juegos Olímpicos
para Alberto Melián. La más importante es que fue padre: Thaiel, rumbo a los 3
años, es una de su grandes debilidades, aunque no pueda disfrutar de él aquí.
"No pude arreglar una cuestión de papeles con la madre para que venga,
pero lo tengo siempre presente", aclara el cordobés. fugaz. Bien de chico,
al año, la familia dejó Villa Dolores y viajó a Buenos Aires. El papá, Jorge,
fue campeón argentino y sudamericano de los semimedianos juniors. "Aprendí
mucho de él. Imaginate que llegó a pelear con Julio César Chávez", acota.
Verborrágico, inquieto, remarca que en realidad la persona clave de su vida fue
su mamá, Stella Maris. "La vieja. No sería nada si no fuera por ella. Fue
la primera que me salvó. Después me salvó el boxeo. ¡Pobre, la volvía loca!
Dejé el colegio, dejé el fútbol. Todos los días me agarraba a las piñas a la
salida de la escuela. Y me metió en el gimnasio de la Federación Argentina de
Box, a los 15. Ahí empecé a cambiar. El gimnasio también me alejó de las malas
yuntas. Podía haber terminado por el mal camino. Hoy soy feliz con la decisión
que tomé. Boxeo, viajé por el mundo y llegué a los Juegos Olímpicos",
aclara tan rápido como acaba de moverse sobre el ring del Riocentro para derrotar
en su debut en los 56kg al ghanés Abdul Omar por un triple 29-28, avanzando a
los octavos de final.
Melián padre no le tenía mucha fe a Alberto. Cuentan que una
vez le dijo: "Vos no te podés dedicar a esto, sos muy inocente, la vas a
pasar mal". Escuchó, sí, pero no le hizo mucho caso. Estaba convencido de
que era el deporte en el que iba a sobresalir. El tiempo del fútbol en Ferro,
Argentinos Juniors y All Boys había pasado. "¡Menos mal que me retiré
antes de que me echaran! Con el boxeo vengo zafando. ¿De qué jugaba? Soy zurdo
para patear. Era 6, 3 u 11. Cuando me quería divertir, me iba para adelante.
Todo siempre por esa banda", reconoce.
Con 26 años, protagoniza su segundo capítulo olímpico. En
Londres 2012 fue eliminado en el debut. "Desde que me bajé del ring ese
día me propuse tener una nueva oportunidad. Y aquí estamos. Esto es una locura.
Son 20 días nomás, pero es muy intenso. Estás en la Villa y te vienen a saludar
Del Potro , Manu Ginóbili , Scola . ¡Me vuelvo loco! Son los mejores deportistas
del país. Es un mundo que no tiene comparación", afirma con pasión.
Todavía se recuerda su anécdota en la Villa de Londres, cuando una tarde estaba
jugando a la Play Station con el pesado Yamil Peralta, tirados en un sillón, y
de pronto por detrás apareció David Nalbandian y cantó "A ganador".
Melián casi se muere. "¡Má qué a ganador: yo quería un autógrafo!".
Volverá al ring el domingo, ante el tunecino Bihlel Mhamdi.
Superar al ghanés le costó. "Un rival alto. Me pidieron que achicara las
distancias, pegara y saliera con velocidad. Creo que lo hice bien. Pero no hay
tiempo para festejar, ya estoy pensando en lo que viene. No hay tiempo para
nada en realidad. Tengo a mi familia en Río y no la veo. Me entreno, como y
duermo. Y ahora peleo. Es lo que vine a hacer. Ya habrá tiempo para los
gustos", dice enigmático. Luego se supo de lo que hablaba. Con muchos
cuidados por el peso, le hizo un pedido especial a su actual pareja una vez que
concluyera su actuación. "Si es con medalla, mejor. Pero quiero sí o sí
una chocotorta". La otra debilidad y el lado simple de alguien que se faja
arriba del ring.
cc