Desde que se sortearon las sedes de los grupos de la Copa
América , Sergio Romero lo tenía en la cabeza. Por eso, ayer convenció a Nahuel
Guzmán y entre los dos le pidieron un permiso especial a Gerardo Martino para
que los dejara salir del hotel de la selección por la tarde. La razón: una foto
en el monumento a Michael Jordan , el basquetbolista que con la 23 en la
espalda se convirtió en una leyenda mundial.
"Siempre estamos concentrados. Esta vez pedimos un
permiso especial para salir del hotel porque es la casa del más grande",
explicó Romero al puñado de periodistas que lo esperaban a las afueras del
United Center, el estadio de Chicago Bulls donde Jordan dejó una marca
imborrable con los seis anillos que consiguió entre 1984 y 1998.
Pero el amor de Chiquito por el básquetbol tiene una
explicación que trasciende la admiración por Jordan. El arquero de la selección
argentina estuvo muy cerca de dedicarse a ese deporte y dejar el fútbol cuando
atajaba en las inferiores de Racing, a los 16 años. Fue durante la temporada
2003/2004 de reclutamiento de la Liga Nacional cuando lo tentaron para jugar en
el plantel profesional de Gimnasia de Comodoro Rivadavia. "Estaba lejos de
la familia y extrañaba. Pero mi viejo me insistió en que tenía futuro en el
fútbol y al final me quedé", le contó Romero hace tiempo a la Revista El
Gráfico.
Los reclutadores de la Liga Nacional tenían buenas referencias
de Romero porque antes de pasar a Racing, había vivido varios años en Comodoro
Rivadavia, donde además de atajar para la CAI, despuntaba el vicio del
básquetbol en el colegio. Y además su hermano Diego, que luego pasó por equipos
universitarios de Estados Unidos y de la Liga Nacional, también se dedicaba de
manera profesional.
Por suerte para la selección, el arquero que más presencias
tiene en la historia con la camiseta de la Argentina (74) decidió jugar al
fútbol. Y buscará que sea Estados Unidos, la meca del básquetbol, el lugar para
darle el primer título a un equipo que hace 23 años, justo 23, que no gana
nada.