Finalista por demolición con un equipo construido con un
material que no abunda: el buen fútbol, el gusto por la pelota, el
entendimiento con el compañero a partir del pase y y un estilo del que nadie
reniega ni parece un intruso venido de otra galaxia. Así se explica y entiende
a este Lanús que arrasa desde los números, con 12 triunfos (siete consecutivos)
en 14 partidos, y cosecha elogios porque es una fuerza colectiva bien
sincronizada, sin marcados desniveles.
A este Lanús hegemónico en la Zona 2 le sobra tiempo para
pensar la final que consagrará al campeón. Le quedan dos partidos, no debe
distraerse ni relajarse. Quizá, si pudiera elegir, le gustaría que la
definición fuera lo más pronto posible para aprovechar este momento tan
promisorio. El fútbol no siempre tiene una dinámica previsible ni inmutable, y
un equipo puede salirse abruptamente de la senda correcta que traía. ¿Quién
hubiera apostado que en unas pocas semanas Barcelona iba a quedar eliminado de
la Liga de Campeones y comprometería seriamente su liderazgo en la Liga de
España?
A favor de Lanús hay que decir que sus virtudes van más allá
de un lapso fugaz, pasajero. Sus bondades están sostenidas en el tiempo. Son
varios los partidos en los que triunfa porque es superior al rival y acumula los
méritos para suficientes para que los resultados le sonrían. Si bien le tocó
una zona que en apariencia era menos competitiva que la otra, Lanús se puso muy
por encima del resto, estableció nítidas diferencias.
En un fútbol mayormente gobernado por los imprevistos, Lanús
ayer cumplió con la lógica de vencer a Aldosivi, cuya campaña de seis partidos
de visitante con cuatro derrotas y dos empates no era lo único negativo. Venía
de quedar eliminado en la semana por la Copa Argentina frente a Deportivo Morón
(primera B).
Este cuadro de situación no significa que Lanús lo tuviera
sencillo el partido, ni que el conjunto de Teté Quiroz ofreciera una tibia
resistencia. Pero el puntero está tan convencido de su propuesta y sus recursos
que puede asimilar un primer tiempo discreto, con errores en los pases, incapaz
de sortear las fricciones que proponía Aldosivi, con poca profundidad. Un
equipo que no está seguro de sí mismo podría alterarse o empezar a dudar, pero
Lanús sabe que 90 minutos es un tiempo suficiente para romper con lo
establecido. Para que las combinaciones precisas en velocidad crearan los
espacios que un rato antes faltaban. Para que Miguel Almirón se despegara de la
marca pegajosa del juvenil Pájaro y Román Martínez le tomara las espaldas al
laborioso Rivero.
Con el segundo tiempo empezó otro partido, decididamente
favorable a Lanús. Lo que parecía intrincado se despejó en menos de 10 minutos
con un gol y la irresponsabilidad del capitán Gastón Díaz, que se hizo expulsar
al insultar al juez asistente Esquivel por la insignificancia de un lateral en
ataque.
Al minuto, Lanús derrumbó el muro defensivo marplatense. Lo
único para objetar es que el ataque se originó en lo que pareció un foul de
Herrera sobre Bandiera. Desde esa acción, el Granate desplegó una jugada típica
de su repertorio: buena circulación de la pelota, amplitud para abrir la
defensa rival y llegada por sorpresa de un volante (Román Martínez) para
definir.
A Jorge Almirón ya no se lo veía en el banco de los
suplentes. Una estricta norma que habría que revisar -la expulsión por ingresar
unos segundos tarde- lo había llevado a la platea, desde donde aparecía cada
tanto reflejado en las imágenes de la pantalla gigante instalada en una de las
cabeceras de la Fortaleza. Cuando se cumplía el primer cuarto de hora de la
segunda etapa, desde las tribunas surgió el canto tributo por primera vez en la
gestión del técnico: "Oioioioi, oioioioi, es el equipo de
Almirón...".
El trabajo del entrenador está dando más frutos y más rápido
de lo que quizá esperaba la dirigencia. El presidente Nicolás Russo, que asumió
a principios de año, admite que la prioridad en enero era achicar el déficit
operativo con un ajuste. Por eso no se viajó para la pretemporada y se utilizó
el polideportivo del club. Se cuidó el presupuesto para los refuerzos y varios
de los que llegaron (José Luis Gómez -ayer ausente por suspensión-, Marcone y
Sand) encajaron enseguida.
También admiten en Lanús que los resultados positivos
llegaron antes que las buenas producciones. Las victorias en las tres primeras
fechas fueron en medio de rendimientos desparejos, pero dieron la confianza
indispensable para afianzar el proyecto y convencerse de un estilo. Ayer le
hubiese alcanzado un empate para ser finalista, pero Lanús es ambicioso hasta
el egoísmo: no le está dejando nada a los demás.