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El querido "Jefecito"

Javier Mascherano: una vida celeste y blanco

Ante Irán cumplirá 100 partidos en la selección mayor, pero su relación con la camiseta argentina empezó en la Sub 15, para repetirse en todas las categorías.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Afuera el ambiente es distinto del que se puede ver todos los días desde puertas adentro del complejo Cidade do Galo. Flamean las banderas argentinas al sol de un viernes cálido. Humean las parrillas improvisadas en las acequias del morro. La cercanía del partido de hoy ante Irán aumenta la efervescencia. Tanta es la euforia que Javier Mascherano como puede, decide espiar por una de las ventanas del nivel 1, en el que están los dirigentes y los sparrings. "Es increíble no pensar en la selección como parte de mi vida. Estar en mi tercer Mundial y después de haber defendido los colores del seleccionado en todas las categorías y en 100 partidos de la mayor es algo que moviliza hasta lo más profundo". Con 30 años recién cumplidos, el rostro se le ilumina cuando comienza la producción con La Nación por el centenar de partidos en la selección, que cumplirá esta tarde en el estadio Mineirao.

Sus capítulos en la selección están marcados por relatos surgidos de un sueño. El que comenzó en La Plata, en el estadio de Gimnasia, donde Jorge Solari lo llevó después de un par de prácticas en Renato Cesarini para que lo conocieran en los juveniles comandados por José Pekerman y Hugo Tocalli. Al día siguiente de un amistoso de aquel Dream Team olímpico de Riquelme, Aimar y Saviola que se preparaba para el Preolímpico de Londrina, el "Jefecito" tenía que presentarse en una prueba Sub 15 en el predio de Ezeiza. "Como Jorge tenía varias cosas que atender, me dejó en La Plata para que me llevaran en micro a Ezeiza, donde al otro día tenía la prueba. Esa fue mi primera vez con una selección. Vi el partido y nos volvimos, pero en el camino paramos a comer en una parrilla y de repente me sentaron en una mesa con Samuel, Cambiasso y Riquelme. No sabía qué decir. Creo que no dije ni una palabra. En mi vida miré tantas veces la mesa. Tenía mucha vergüenza, mejor dicho me moría de vergüenza. Y cuando volví dormí en el predio con Maxi [Rodríguez]. Nunca olvidaré esa primera noche en el predio. Por eso la selección es mi segunda casa. Estuve más tiempo acá que en cualquier otro lado", confiesa el hombre nacido en San Lorenzo, que todos los días viajaba dos horas hasta Renato Cesarini y arriba del colectivo comía la vianda que le preparaba su mamá, Chiche.

En el contacto con Mascherano se respira emoción, tranquilidad del deber cumplido y el gran deseo anhelado por los mismos argentinos que lo conmueven del otro lado del paredón que da a la autopista MG 424, de Minas Gerias. "Cada recuerdo con la selección es un capítulo valioso en mi vida. Desde los juveniles mamé de chiquito los deseos por estar siempre cuando la selección te necesita. Es un honor. Imaginate que fui sparring en el Mundial de 2002 y ahí vi llorar a tipos que eran campeones de todo en sus clubes. Eso me marcó de por vida", confiesa el hombre poseedor de un recorrido celeste y blanco que impacta.

Tiene asistencia perfecta en todas las categorías del seleccionado. Desde la Sub 15, hasta pasando por el Sub 17 (Sudamericano y Mundial), Sub 20 (Sudamericano y Mundial), Sub 21 (Toulón), Sub 23 (medallas doradas por duplicado), sparring en Corea y Japón 2002 y está disputando su tercera Copa del Mundo en mayores. Con la curiosa particularidad que debutó antes con la camiseta albiceleste que en la primera de River: el 16 de julio de 2003, con Marcelo Bielsa como entrenador, salió como titular en el amistoso igualado 2 a 2 ante Uruguay, en el estadio Ciudad de La Plata.

Se le pide que busque una palabra posible para resumir las etapas superadas en el seleccionado. "Ummm, no quiero decir una palabra, ¿sabés por qué? Porque más importante que las palabras son los hechos. Es lo que a un hombre lo marca de por vida. Dejarlo todo por lo que uno lo apasiona, y a mí vestir esta camiseta me moviliza en lo más íntimo", confiesa quien -después de unas experiencias circunstanciales con Pekerman y Basile- tomó la cinta de capitán por mandato de Maradona y luego con Batista, pero que en el ciclo de Sabella creyó que era conveniente traspasar el legado a su amigo Lionel Messi.

Además de sus virtudes como recuperador, el dueño de la emblemática camiseta N° 14 es el que asume la cuota de equilibrio en esta selección que hoy volverá a jugar con el cuarteto de ataque conformado por Messi, Higuaín, Agüero y Di María. Ha pasado mucho tiempo en la selección, pero la esperanza siempre se renueva. A Mascherano lo avala su historial y su foja de servicios, siempre al pie de la causa argentina. "Pasar los malditos cuartos de final", es el deseo más repetido. "Hacerse fuerte en tierra enemiga", fue otro de sus mensajes más fuertes antes de pisar la tierra colorada de Belo Horizonte. "La Argentina tiene que proponerse estar entre los cuatro mejores", es la autoexigencia planteada. Y "ser campeón del mundo" representa el principal sueño de su carrera

(Fuente: Canchallena)

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