El dobles de hoy, que antes de la serie parecía un punto destinado a los checos, no sólo se transformó en un punto crucial sino que se plagó de condimentos. Es que el capitán checo Jarol Navratil se vio obligado ayer a decir que había anunciado una dupla ficticia. Berdych y Stepanek formarán la pareja europea.
Y ahora la vara es muy alta, casi imposible para Carlos Berlocq y Eduardo Schwank. Los checos jugaron 11 veces juntos por la Davis y perdieron una sola vez: frente a los españoles Feliciano López y Fernando Verdasco en la final de 2009. Era el punto que parecía definido antes del sorteo. Y volvió a serlo tras la confirmación de Navratil.
Argentina y República Checa terminaron el primer día de la semifinal de la Davis con un triunfo para cada lado. Juan Martín Del Potro le ganó a Radek Stepanek y Tomas Berdych a Juan Mónaco. Esa es la información objetiva, fría, estadística. Pero hay una historia del día subjetiva, como todas, que no deja de tener su correlato lógico en los resultados... Y también en los antecedentes argentinos en la desesperada búsqueda de su primera Ensaladera de Plata, que ya se parece más a un drama cinematográfico que a una competencia deportiva.
El estadio Mary Terán de Weiss ofreció ayer una síntesis casi perfecta de cómo y por qué Argentina nunca pudo festejar habiendo tenido, de 2002 para acá, muchas más variantes y mejores individualidades que la mayoría de sus rivales.
Del Potro lloró tras ganar y exageró su ofrenda sacrificada. No se pone en duda que él lo haya sentido así, sino que fue un acto de catarsis cuanto menos desproporcionado.
Mientras jugaba Mónaco, David Nalbandian, que llegó al estadio en el final del partido de la Torre de Tandil, ofreció una conferencia de prensa en la que puso en duda su continuidad en el tenis después de diciembre. Para llegar a esa respuesta hubo que soportar unos cuatro o cinco centros a la cabeza de periodistas que no se caracterizan por dignificar la profesión, sino más bien por ser los bufones del rey.
Del Potro, que volvió al costado de la cancha principal mientras se desarrollaba el segundo partido, gastó más tiempo enviando mensajes de texto que alentando a su amigo Pico. Cuando las papas quemaban, se fue.
Por supuesto. Lo de siempre. Nalbandian y Del Potro se movieron prolijamente para no cruzarse jamás.
Lo que se narra sucedió. Cada quien sacará su conclusión y hasta se tiene el derecho de opinar que no tiene nada que ver con lo que se está jugando. Tanto derecho y razones como las que tiene este redactor para opinar exactamente lo contrario. Algunas afirmaciones. Ni Del Potro ni Nalbandian tienen la obligación de modificar sus comportamientos. Sólo se sugiere, respetuosamente, que eviten aparentar estados de ánimo que no les pertenecen.
La Copa Davis es muy difícil de ganar con un clima interno en el que los egos y otras yerbas están por encima del equipo. Las pruebas están sobre la mesa: varias finales y ninguna copa.
La enorme jerarquía individual de los singlistas, cada uno en su momento, maquilló la muy precaria convivencia y le permitió a Argentina estar muy cerquita de la gloria. Lo mismo que sucede ahora. Jaite y sus jugadores pueden conseguirlo, pero sólo será si las individualidades, sobre todo Del Potro, rinden en un nivel superlativo.
Hay algo que nunca cambia. Lo más genuino, lo más auténtico y conmovedor es el aliento de la gente a la que le importan un comino los asuntos internos. Son los que más quieren ganar la Copa Davis. Pero de verdad.