Frota sus manos que apenas sobresalen del puño de la blanca sotana. La tarde del pasado domingo estuvo muy fresca en San Juan y Albardón no fue la excepción, pero eso no impidió que el padre Daniel Ríos estuviese al frente de la procesión con la que concluyó la Novena a Nuestra Señora de los Desamparados.
Fue la cuarta que disfrutó estando al frente de una parroquia que lo recibió con los brazos abiertos y que lo hace sentir un albardonero más: “Siempre recuerdo cuando llegué acá me encontré con gente muy amable, educada y así lo sigue siendo. Me brindaron una afectuosa bienvenida y me desearon que lo pasara muy bien aquí en Albardón”.
“Fueron palabras corteses, de aliento, de una cálida recepción. Desde el primer momento me he sentido bien. Se puede hablar con la gente, se puede acordar. La gente quiere a su parroquia, entonces también se dispone a organizar, a buscar lo que haga falta para continuar la catequesis o lo que sea. La verdad es que uno no se siente solo nunca aquí”, agregó el sacerdote.
Desde el primer momento me he sentido bien en Albardón. Se puede hablar con la gente, se puede acordar Desde el primer momento me he sentido bien en Albardón. Se puede hablar con la gente, se puede acordar
Resumiendo la celebración de los nueve días que se le hizo a la Santa Patrona de los albardoneros, el padre afirmó: “A pesar del ‘fresquete’ ha estado muy bien. La comunidad ya tiene el hábito de preparar la liturgia, de organizarse. Este año nos ha acompañado el Padre Garcés, que ha predicado los días de novena sobre el tema de la oración. Ha sido muy amable para hacer la misa, la gente está muy contenta, así que también le estamos agradecidos en ese sentido”.
“Después la gente de Cáritas preparó unos pasteles y la gente respondió muy bien colaborando, comprando. Igual que las flores fueron compradas con el dinero que pusieron los devotos. Muchos signos muy lindos, muy alentadores”, comentó.
Por último, el Padre Daniel Ríos, quien ya suma 20 años de párroco y unos 7 previos como vicario, hizo referencia a la actualidad que le toca vivir a la comunidad albardonera y a la del resto del país: “Son tiempos difíciles. Una palabra que yo aliento cuando charlo con la gente o en el confesionario es ‘confianza’. Yo creo que sin confianza en Dios cualquiera tiende a desesperarse. En cambio, que a quien confía en Dios, Dios se manifiesta”.
Una palabra que yo aliento cuando charlo con la gente o en el confesionario es ‘confianza’. Yo creo que sin confianza en Dios cualquiera tiende a desesperarse. En cambio, que a quien confía en Dios, Dios se manifiesta Una palabra que yo aliento cuando charlo con la gente o en el confesionario es ‘confianza’. Yo creo que sin confianza en Dios cualquiera tiende a desesperarse. En cambio, que a quien confía en Dios, Dios se manifiesta
“Así que creo que la palabra ‘confianza’ puede ser buena para estos tiempos. Después hay muchas cosas importantes como estar unidos, ser solidarios entre nosotros, pero la confianza en Dios evita la angustia, la desesperación, la tristeza, la amargura. Esos son sentimientos que se agolpan en las crisis”, concluyó el párroco de Nuestra Señora de los Desamparados de Albardón.