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A pura fe, la casa del Gaucho Bueno crece

Lento pero sostenido, el santuario del gaucho José Dolores adquirió terrenos aledaños y se expande de a poco, con la única ayuda de los promesantes. Por Gustavo Martínez Puga.

Por Redacción Tiempo de San Juan
54 años. Ese es el tiempo que pasó desde que se puso la primera placa para recordar la memoria de José Dolores, llamado el Gaucho Bueno por los “hombres de acaballo” de la provincia, hasta el día de hoy. Y en todos estos años el santuario pasó de ser una placa en un pequeño terreno ubicado frente al árbol en el que fue ajusticiado el gaucho, hasta los tres lotes que ocupa hoy en día, donde se proyecta hasta un quincho para los fieles que llegan desde largas distancias a cumplir con sus promesas.

Los primeros registros del lugar datan de noviembre de 1958. Una placa colocada sobre las rejas de entrada de la casa reza que el primer promesante, Francisco Borjas Leiva, la instaló para el centenario de la muerte de José Dolores, en 1958.

Hoy el Santuario del Gaucho José Dolores tiene una capilla, una sala de reunión, un espacio para los obsequios de los promesantes, un salón para que le enciendan una vela al Gaucho Bueno y, recientemente, la Unión Promesantes de José Dolores adquirió el terreno del costado Este del predio, el cual suele usarse para que los gauchos puedan dejar sus caballos.

En el fondo, entre parrilleros y un viejo horno de barro, empieza a levantarse lentamente los cimientos de lo que pretende ser el quincho para albergar a los promesantes.

“Todo se hace con la fe de la gente. Moneda a moneda. Acá no se recibe ayuda oficial ni nada de eso. Todo el dinero que ingresa es por la ayuda de los promesantes, de la fe que se tiene en el Gauchito”, explicó XX, la casera que cuida el lugar y que hace que las instalaciones estén perfectamente limpias.

Esto ocurre sobre todo los días lunes, el día de las ánimas, que es cuando más gente visita el santuario José Dolores. Muchos de ellos aún conservan la tradición de encender una vela para darle lumbre a José Dolores Córdoba, tal como lo hizo la mujer por la que perdió su vida, Lorenza Calazán.

Cuenta la leyenda que José Dolores, nacido para el Día de San José, el 19 de marzo de 1805, era muy enamoradizo y muy solidario. Nunca le negó un favor a nadie. Tal vez porque desde niño necesitó de los demás para enfrentar la vida, después de que su madre, Salona de Baginay, falleciera después del parto. Ella y su marido, Lucas Baginay, eran cordobeses y había llegado a la provincia a trabajar en la finca de Bonero Correa, en Angaco. Tras el nacimiento de José, don Lucas se alistó en el ejército para la guerra del Paraguay y el pequeño José quedó al cuidado de la sobrina de patrón, Saturnina Arce.

José Dolores se crió cuidando animales y en su adolescencia sus servicios eran muy requeridos por los puesteros, debido a su gran habilidad para los rastros. También le gustaban las guitarreadas y las fiestas. Así fue como encontró la muerte, un 14 de febrero de 1858. Fue después de asistir a la fiesta que lo había invitado su enamorada, quien también era pretendida por el sargento Eustaquio Calazán. En realidad, éste le había tendido una trampa: invitó a José Dolores a salir a la calle y allí lo esperaban varios hombres armados, quienes abrieron fuego ante la resistencia del gaucho que muchas veces supo sacarle a los más ricos para darle a los más pobres.

Herido, José Dolores escapó hacia el Este y se paró a descansar en el árbol que aún hoy atestigua el momento en que la policía lo alcanzó y lo fusiló por la espalda. Ése árbol es una Glicina Lenciana de más de 200 años, cuyo tronco aún hoy está sobre la vereda de la calle José Dolores, al oeste de General Acha. En ese tronco, su enamorada la encendía una luz en una vasija de barro para mantener viva su memoria. Y desde entonces al gaucho José Dolores se le atribuyen milagrosas ayudas pedidas por los hombres y las mujeres de fe que pasaban por el lugar.

Esa fe fue creciendo y, de a poco, convirtieron el lugar en un santuario emblemático de la provincia de San Juan, en memoria de un Gaucho Bueno que hoy en día es recordado hasta por el cancionero popular en la voz de León Gieco en el tema Bandidos Rurales.
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