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Historia

Sandra Cabrera, la trabajadora sexual sanjuanina que se convirtió en un ícono de la lucha feminista

La militante social fue asesinada de un tiro en la nuca en el 2004. Le hicieron un homenaje en Santa Fe el 27 de enero. Su crimen aún sigue impune.

Por Natalia Caballero 29 de enero de 2021 - 22:32

A Sandra Cabrera la mataron de un tiro en la nuca, la mataron por la espalda, como lo hacen los cobardes. Esta sanjuanina, que se convirtió en un ícono de la lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales, fue homenajeada por el arco feminista regulacionista el pasado 27 de enero, día en el que se cumplieron 17 años del femicidio que la silenció. Nadie fue preso por el asesinato de Sandra, pero el homicidio se produjo en el medio de una investigación que ella encaró para desarticular las coimas que cobraba la policía a las trabajadoras sexuales que trabajaban en Rosario.

Sandra llegó a Santa Fe en 1994. Quienes la conocieron la recuerdan como una mujer a la que le importaba el otro, que conoció la lucha sindical y decidió involucrarse para mejorar la situación de las trabajadoras sexuales. Soñaba con jubilaciones para sus colegas, con la apertura de una obra social para todas y con ponerle punto final a las coimas que cobraba cierto sector de la Policía para dejarlas trabajar.

Con 31 años recién cumplidos, conoció la lucha sindical en el 2001, año en el que salió a denunciar que sus “compañeras” no tenían para comer por la crisis económica que azotaba al país. Gracias a su pedido valiente logró que Desarrollo Social le diera bolsones de mercadería para repartir. Pronto se convirtió en la secretaria general de la delegación Rosario de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina). El gremio estaba adherido a la CTA y su presencia en dicha central obrera era moneda corriente. Las trabajadoras sexuales confiaban en Sandra y eran tantas las militantes que la seguían que hasta fueron bautizadas como "la banda de la sanjuanina".

En sus inicios con la militancia sindical capacitó a trabajadoras sexuales sobre la prevención del SIDA. Repartía preservativos entre sus colegas y abogaba por hablarle a sus compañeras con un su propio lenguaje. “No es lo mismo que una de nosotras hable con las compañeras, con nuestro lenguaje, explicar cómo cuidarse desde nuestra experiencia, que la palabra de alguien desconocido”, dijo Sandra en los medios de comunicación de Santa Fe.

A la par de su militancia, criaba a su hija. Macarena tenía 9 años cuando le mataron a su mamá. Sandra estaba muy preocupada por la educación que le brindaba a su hija, quien asistía regularmente al teatro y era miembro del movimiento Boy Scout. Quienes la perseguían llegaron a amenazar de muerte a su hija.

En los alrededores de la Terminal de Rosario las trabajadoras sexuales tenían que pagarle a la Policía para que las dejaran trabajar. Si no cumplían con el pago, las mujeres eran golpeadas, agredidas sexualmente y hasta detenidas. Sandra relevó uno a uno los casos, iba en moto y las chicas le contaban sus experiencias.

Sandra señaló con nombre y apellido a varios efectivos policiales por cobrarles coimas a sus colegas para dejarlas trabajar. Tras las denuncias, cambiaron a los jefes de la división Moralidad Pública, que quedó a cargo de Silvia Hamuy.

El último denunciado por coimas fue Sergio Bermejo, un sargento que le cobraba $50 a Stella Maris Longoni. La mujer cayó detenida a pesar de haber pagado la coima, se asoció a AMMAR y radicó la denuncia en Tribunales. Cuatro días después, el cuerpo de Sandra apareció en las cercanías de la Terminal con un tiro en la nuca.

Por el femicidio de Sandra, el único imputado y detenido fue un oficial inspector de la Policía Federal, Diego Parvlusik, que posteriormente fue liberado. Su crimen aún hoy continúa impune. Por miedo, tras el asesinato de la militante social de 33 años, cerró la delegación de AMMAR de Rosario por miedo. Recién en el 2010, se reabrió la sede con militante jóvenes.

 

Como le suele pasar a los hijos del femicidio, la vida de Macarena no fue nada fácil. Sobrevivió la adolescencia gracias a la solidaridad y la ayuda de las compañeras de su madre. La joven ahora no tiene ni techo ni trabajo.
 

El crimen de Sandra Cabrera generó la llegada de Gustavo Beliz, ex ministro de Justicia de Néstor Kirchner a Santa Fe. También fue el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde. Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo e HIJOS marcharon y pidieron Justicia por el caso.

A Sandra la mató la Policía. Ahora una plaza de Rosario lleva su nombre. Pero a Macarena un tiro policial le arrancó a su madre y para siempre. No hay plaza que valga.

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