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Personaje

El sanjuanino de las 1.000 batallas

Fernando Baggio pateó el tablero en sus veinte: dejó la carrera y empezó a militar la causa LGBTQ+. Hoy, le hace frente al cáncer, estudia y sueña con un país más justo.

Por Natalia Caballero

Pidió un café con leche, espera sentado con la columna bien derechita, vestido con una camisa blanca y negra. De alguna forma ambos colores conectan perfectamente con la idea del yin y el yang, ese intento humano de equilibrar todo lo que existe. Fernando Baggio es un hombre conocido en San Juan, uno de los primeros que militó por la causa LGBTQ+. La vida de Fer siguió un camino que tuvo bifurcaciones, en las que encontró una forma de resignificar y en las que experimentó la gracia de sentirse vivo y feliz con él mismo. Luego de dejar una carrera a punto de terminar, de salir del closet, arrancó con la militancia que posteriormente lo llevó al INADI. Hoy, le da pelea al cáncer, enfermedad que le generó miedos e incertidumbre, pero de la que aprende día a día. Es un samurái, un samurái cuyano con acento raro. 

Niñez, militancia y vida

Fer nació en San Juan pero vivió seis años en Santa Rosa, La Pampa. Tiene un hermano, con quien tiene una relación que definió como preciosa. Mientras que de chico su hermano prefería ver dibujos animados, él quería ver noticieros. Terminó la secundaria y se vino a San Juan a estudiar ingeniería. Durante su paso en la universidad, fue presidente del centro de estudiantes, consejero directivo y consejero superior. Militó en Franja Morada, era la época del menemismo y el peronismo liberal de Menem lo impulsó a militar en el radicalismo. 

Todo venía como debía ser en la vida de Fernando, nunca reprobó una materia. Cuando sólo le quedaba un año para ser ingeniero civil, decidió patear el tablero. Ya no sentía feliz, no quería ser ingeniero. “No me veía trabajando como ingeniero más allá que tengo facilidades. Me metí porque era bueno en eso, pero me arrepentí. Fue animarse a deconstruir, a romper con determinados proyectos, a romper el imaginario, escaparse del deber ser. ¿Por qué tenía que ser ingeniero si me gustaban otras cosas? No tenía por qué seguir un mandato. Fue duro, fue un camino en el que al principio no sabía que quería ser”, contó. 

Ahí arrancó trabajar, su padre quedó sin laburo. Fue socio-fundador de dos empresas, vendió las partes de ambas. No estaba sintiéndose pleno, “estaba buscando”. Pero el 2010 fue un año bisagra en su vida. “Me animé a hacer otras cosas, salí del closet, empecé a trabajar en el INADI, empecé a ayudar a los otres”, recordó.

Un año antes de la salida del closet, fundó “San Juan Despierta” juntos a varios compañeros. Luego siguió en La Glorieta, donde permaneció dos años. Su militancia por la comunidad LGBTQ+ tuvo su eclosión con el debate por la aprobación del matrimonio igualitario y en el 2012, por la identidad de género. 

-¿Qué sentiste cuando saliste del closet? “Sentí una libertad hermosa, perdí mucho, gran parte de la familia dejó de hablarme, con algunos nunca más volvimos a comunicarnos. Tenía mucho vínculo con mis primos, con mi padrino, de vernos todos los días y de golpe por manifestar mis preferencias sexuales dejé de ser invitado, los primos me eliminaron de las redes sociales. De a poco, me fueron agregando y hoy tengo relación con todos. Cuando se enteraron que tenía cáncer me súper acompañaron”, respondió. 

Uno de los momentos clave para Fernando fue cuando ingresó a trabajar en el INADI. Tal es así, que aún recuerda el día exacto en el que lo llamaron. Luego de dejar las empresas, Fer atravesaba graves problemas económicos. En eso, el 21 de julio del 2010, mientras estaba en Casa Rosada asistiendo a la promulgación de la ley del matrimonio igualitario recibió una llamada de María Rachid. Tuvo una reunión y le ofreció trabajar en el organismo que lucha contra la discriminación. Su designación fue veloz: el primero de agosto arrancó su carrera. 

Casi a diario, Fernando escucha desde cosas bonitas a experiencias humanas muy difíciles. Una de las historias que más lo marcó tuvo como protagonista a un adolescente. “Me acuerdo de un chico, de 15 años, me llama y me pide que vaya al centro a charlar. Me junto en la plaza 25, el padre le había  pegado en la cara con un caño y le sacó cinco dientes cuando le contó que era gay. Ese mismo padre apareció por mi casa en la noche, no sabía cómo actuar, me asusté, pero pudimos dialogar mucho. El señor se puso a llorar y me pidió ayuda. Ahí creamos un grupo para padres y madres en La Glorieta. Finalmente el chico pudo salir del closet, hoy la familia lo acompaña, tiene su pareja. Fue fuerte”, detalló el militante. 

Fernando pudo ejercer su derecho a casarse. Si bien está en pareja desde hace nueve años con Fran, se casó hace tres. A partir del 2010 la comunidad gay pudo empezar a soñar con casarse. “No era el matrimonio algo que necesitara, me importa el amor que nos sentimos, el vínculo que construimos con Fran, que es más romántico. Nos casamos también por dejar más ordenada las cuestiones de la obra social, más burocráticas”, dijo.

Corazón valiente

“Hay cosas que no se pueden elegir, como tener cáncer”. Con esta frase Fernando arranca a contar su lucha diaria contra esta enfermedad con la que viene luchando diariamente, a la que le va ganando la batalla. 

El día que se enteró, Fer lloró durante cuatro días seguidos. No podía comer, tiritó y sufrió. Pero el día cinco, se levantó, decidió cambiar de actitud y enfrentarse al problema. 

“Tuve un leve dolor de cabeza durante ocho días, ni siquiera tomé un paracetamol, estaba trabajando muchísimo y mi psicóloga me dice por qué no te hacés un chequeo. El neurólogo me pidió una resonancia, casi no me la hice porque a los dos días de tomar el miorelajante se me pasó el dolor de cabeza, pero como la obra social me autorizó el estudio decidí ir. Con la resonancia me encuentro con un tremendo tumor. Solo no hubiera podido, sin mi esposo, mi familia, mis amigos, mi psicóloga Lita Bracco, fue de golpe encontrarme con la finitud. Siempre disfruté mucho de mi trabajo, de leer, estudiar. Es muy duro, te patean el tablero y no sabés para dónde agarrar”, recordó.

Se operó, en el medio tuvo que interponer un recurso de amparo en la Justicia Federal para que la obra social le financiera el mejor tratamiento, lo que finalmente sucedió. Hubo una movida grande en las redes sociales para difundir el drama burocrático con el que tenía que luchar. 

Cada cuatro meses se hace chequeos médicos para ir evaluando la evolución del cuadro. En el camino de la pelea contra el cáncer, dejaron de importarle cosas que hoy considera banales. “Más allá del miedo a la incertidumbre, adquirí una libertad muy fuerte. Hubiera preferido adquirirla con proceso de laburo interno y más introspectivo”, expresó. Hoy disfruta el proceso, el durante. 

-¿Querés ser padre? “Me gustaría tener hijos, lo hemos conversado miles de veces con mi esposo. Me gustaría adoptar, pero bueno, ahora asumir la responsabilidad de acompañar a un nene o a   una nena cuando no me puedo acompañarme a mí mismo hoy en día es complicado. Siempre lo soñé adoptando. Yo tengo que cuidar a ese hijo, si no tuviese cáncer sin dudas adoptaría”, respondió en el medio de una charla profunda, que genera admiración. 

Dicen que animarse a ser libre tiene sus consecuencias. Fernando enfrentó cada una de esas consecuencias. Lo hace diariamente. Se anima a ser, a revolucionar su yo con desafíos, sueños y con la otredad, ese otro que lo moviliza y lo llevó a patear el tablero varias veces a lo largo de su vida. Hoy continúa buscando, es un alquimista. Se absorbe la vida de tanto buscar. Y encuentra desde la simpleza de su propia humanidad. 

FRASES
“Soy del Frente Todos, no activo en las líneas internas, en algún momento sí lo hice, después que se aprobó el matrimonio igualitario empecé a trabajar con Ruperto Godoy, incluso fui asesor un tiempo”. 
“Dejé de lado algunos prejuicios con algunas instituciones, como con la iglesia católica. En el 2010 organicé la primera y única apostatía. Tenía cierta resistencia a dialogar con autoridades, sin embargo después fui alumno de la UCC, y a sabiendas de las fuertes diferencias, puedo sentarme y charlar despojado de broncas, respetando esas diferencias. Hasta hace algunos años era inconcebible que la iglesia trabajara con personas trans y hoy en día lo hace. El límite es el dolor ajeno”. 
“Sueño con un San Juan en el que se respete a la otredad”.  
 
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