Rafael de la Vega tiene poco más de cuarenta años y mira atento cómo van vaciando el local gris y quedado en el tiempo que guarda toda su historia familiar. Llora. Cuando su abuelo tenía su edad y su padre apenas era un chico, nacía la ferretería Saturno, sobre Avenida Libertador entre Tucumán y General Acha, un negocio de los más antiguos de la provincia que se mantenía en pie. Hasta ahora.
Con las paelleras, mangueras, baldes, campanas metálicas y de todo para el hogar exhibido en la vereda, la ferretería Saturno fue durante casi ocho décadas lugar de atención obligada para todo el que pasara por ese rincón, uno de los más transitados del centro local. Su sello era justamente esa estética vintage que le daba el peso justo de lo que era: un clásico sanjuanino.
Rafael abuelo lo atendía como un tesoro, su hijo siguió la tradición y le puso Saturno II cuando se hizo cargo. Y así estuvo, indeleble, cosechando adeptos agradecidos por encontrar el tornillo exacto a precio accesible.
Ese negocio que ahora iba por la tercera generación trabajando de sol a sol recibió la estocada final con la crisis nacional del último año. Aguantó terremotos, zondas, crisis varias, pero la de los últimos años cacheteó tan fuerte y preciso en ese reducto de clase laburadora, que todo se perdió.
Por eso llora Rafael, abrazado a su prima Taty que le está ayudando a cerrar lo que fue el negocio con el que soñó su abuelo, el que le dio de comer a ellos y a dos o tres familias más que en diferentes épocas trabajaron en la ferretería.
Quizá nazca una Saturno III, pero será en otro lugar, con una impronta más sencilla, se consuela el nieto. Pero nunca más allí.