Como cada domingo en su sección gastronómica, Tiempo de San Juan te invita a conocer las innovadoras propuestas culinarias que andan dando vuelta por la provincia y que muchas de ellas surgieron a partir de la pandemia. Así nació el delicioso bombazo de dos formoseñas que descubrieron una nueva forma de ganarse la vida, gracias a la tradición y el sabor de su tierra.
El chipá -también conocido como la chipa- es la especialidad con la que madre e hija, Patricia Medina y Antonella Taruselli, conquistan los paladares sanjuaninos. Se trata de una de las comidas más típicas del Litoral argentino, que resulta un tanto desconocida en los pagos citamos. Una masa salada de fécula de mandioca con queso semi duro que se cocina en el horno es el producto que ofrecen y que, poco a poco, se gana adeptos por estas latitudes.

Con descendencia guaraní, en las provincias del Noroeste del país, es tan consumido como las semitas en San Juan y por ello goza de una versatilidad interesante, ya que se puede comer tanto en el desayuno como en la merienda o en una picada. Con la gran variedad de quesos que existen y con ingredientes como el ciboulette o la panceta, las cocineras aprovecharon su receta familiar para darle vida al emprendimiento que comenzó en mayo.
Al principio de la cuarentena, Patricia se quedó sin trabajo y la necesidad de salir adelante la motivó a comercializar su tradicional comida. Con la ayuda de la joven, las emprendedoras que tienen mano para la cocina crearon 'La Chiperia' y arrancaron con una producción mínima que, con el paso del tiempo, se transformó en una elaboración cercana a los 50 kilos por semana.

El producto que fabrican se ofrece congelado y en bandeja, listo para ir al horno unos 15 minutos. "El secreto de esta comida es comerla calentita, recién horneada. No sirve mucho tenerlo listo porque se pierde la magia, el sabor ya no es el mismo", explica la mujer que hace años que vive en la provincia con su hija (y socia) de 24 años y su hijo de 6.
"Con Anto nos dimos cuenta de que acá nadie vendía ni comía esto que es tan rico y nos representa. Entonces empezamos a hacer y a convidar a los conocidos, a los vecinos. La respuesta fue muy buena y nos empezaron a encargar cada vez más personas", cuenta.

Cómo todo comienzo a pulmón, las embajadoras del chipá fueron de menor a mayor. En la cocina de su casa, con una amasadora de uso doméstico, al igual que el horno, pusieron primera. Las redes sociales fueron sus principales aliados, sobre todo Instagram, que ofició de vidriera virtual para mostrar las variedades que producen. Al poco tiempo, inauguraron un pequeño local situado al costado de su domicilio, en el barrio Bancaria, en Capital.
Los quesos que utilizan para el chipá tradicional son el gouda y el reggianito, mientras que entre sus creaciones más distintivas tienen la variedad de cuatro quesos, con esos dos primeros tipos, muzzarella y roquefort. "Eso es lo nuevo. Fuimos probando hasta que nos salió como queríamos, que ningún sabor invadiera al otro, que todos se pudieran disfrutar al mismo tiempo", señala Patricia.
Otras opciones que tienen son con salame y con queso provenzal, aunque el chipá no es el único producto que elaboran. "Tenemos scones salados y con queso, que se suman al combo. Y por sugerencia de una amiga venezolana, incorporamos los tequeños que son de jamón y queso envueltos en masa", detalla.

Con una dinámica de trabajo bien aceitada, madre e hija se reparten tareas para cumplir con todos los pedidos. "Al principio, yo me encargaba de hacer las entregas a domicilio y ahora que tenemos el local estamos más organizadas", relata Antonella, quien -como buena estudiante de Comunicación- también se ocupa de manejar las redes sociales.
La mujer que admite que su sueño es cerrar su propia franquicia destaca que sin la colaboración de su hija nada hubiera Sido posible. "Somos un buen equipo, esto es de las dos, somos prácticamente socias. Logramos un buen equilibrio, porque yo soy mandada, le doy para adelante y ella me frena para encarar las cosas de manera más organizada", confiesa.
Con sus familiares a cientos de kilómetros de distancia y en tiempos en que se hace complicado viajar, a través de los sabores, las mujeres que unieron esfuerzos para salir adelante consiguieron que un pedacito de su Formosa llegue a la mesa de los sanjuaninos. Amor, tradición y familia también son ingredientes de su propuesta gastronómica que nadie debería dejar de probar.
Los secretos de las embajadoras del chipá